Mercado social y moral individual
el 8 feb En: POLITICA Y DEMOCRACIA ECONOMIA Y SOCIEDAD HISTORIA SOCIEDAD Y CULTURA POLITICA Y DESARROLLO articulos de ARMANDO MENDEZ - sin comentarios
Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)
Por: Armando Mendez Morales (*)
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Mi buen amigo y colega Alberto Bonadona escribió un artículo titulado: “Ciencia económica y moral”, siendo el elemento central de su reflexión el mercado. Aprecio que él ingrese al debate sobre lo que es una economía de mercado. Los economistas y Bolivia requieren que se discuta ya que el país, nos guste o no, es una economía de mercado.
El mercado no es punto de partida de la sociedad humana ni la vida misma. La producción lo es. El hombre desde que es hombre se ha enfrentado al reto de tener que conseguir sus alimentos para sobrevivir. En las primeras etapas el hombre producía por sí mismo lo que necesitaba o lo obtenía violentamente de algún otro quitándole o expropiándole. La civilización -la modernidad- se caracteriza porque la única manera de obtener algo que se necesita privadamente es por medio del intercambio voluntario, lo cual se conoce como economía de mercado.
En una economía de mercado la gente no piensa todo el día en “hacer dinero”. Lo que la gente hace todo el día es trabajar, porque es la manera dominante mediante la cual se obtienen ingresos para intercambiarlos en los mercados y de esa manera satisfacer sus necesidades.
En la medida en que los mercados de trabajo se desarrollan se observa la inmensa variedad de la calidad del factor trabajo y las grandes diferencias salariales. Los trabajadores en las empresas son como los equipos de fútbol, colaboran y compiten. Ambos requieren reglas y que se cumplan. La competencia y la colaboración son inexorables. Todos ganan pero unos ganan más que otros. Esto está bien si es consecuencia de la competencia.
La acumulación de capital, que fue una condición para el éxito de la revolución industrial, es sin duda un valor para toda aquella persona que quiere ser empresario. Sin capital no se va a ninguna parte. Y de seguro que este personaje “piensa desde la mañana cómo hacer dinero, al medio día cómo hacerlo crecer y por la noche cómo acumularlo”.
En la actividad económica, vale decir en el intercambio, todas las personas queremos obtener el máximo ingreso de lo que hacemos con el menor costo posible. Y aquí entra la moral y los valores. Individuos sin moral son los que se dedican al intercambio delincuencial, como es el de los mercenarios, tráfico de órganos, trata de blancas, de niños, etc., pero éstos no son los más, son los menos como todo lo delincuencial. Este nefasto tipo de intercambio se elimina con la educación moral de la gente o por el acuerdo social de su prohibición, que se expresa en una ley.
Es también cierto que la gente no sólo busca ingresos en su vida, también busca otras miras. Se observa, en la medida que la gente se enriquece, comportamientos altruistas. Fortunas que son donadas a universidades o para actividades benéficas en favor de los pobres.
Hace poco los 40 más grandes ricos del mundo han decidido donar la mitad de sus fortunas, entre ellos Bill Gates.
Mientras la conducta de los empresarios exitosos los lleva a la acumulación de capital, hay otras personas que ante todo buscan “el reconocimiento de su propio valor, de su intrínseca dignidad”. Entre éstos se destacan quienes buscan la gloria, están los héroes de guerra, los auténticos revolucionarios de todos los tiempos que se alzan en armas con el propósito de construir la utopía en la tierra, pero mientras sobreviven también matan a muchos inocentes, escudados en su doble moral.
Por tanto, la moral y el mercado son ámbitos diferentes de la vida del hombre, pero que se encuentran.
El mercado es el orden social por excelencia que se desarrolla desde lo simple a lo complejo, desde el intercambio esporádico hasta el generalizado. Es un sistema económico que responde a sus propias leyes, una de ellas es la competencia cuyo éxito está en su eficiencia, históricamente demostrado como el mejor sistema económico creador de la riqueza porque se asienta en el principio más importante del hombre que es la libertad, lo que le lleva a desarrollar sus iniciativas y creatividad. A los oferentes no siempre les gusta competir, sean empresarios o sean trabajadores, prefieren ingresos seguros que les pueden otorgar la intervención gubernamental, que los inseguros que otorga el mercado, o alternativamente actúan de manera monopólica, sin serlo, porque tienen el amparo del Estado, y que es la forma de concentrar el ingreso.
La moral corresponde al mundo de la ética. Mientras el mercado enseña a la gente a ser eficiente, la moral le enseña a desarrollar su actividad económica eligiendo el bien y no el mal. Hombres morales y eficientes dieron el salto histórico en la Inglaterra del siglo XVIII amparados en la religión protestante. Hoy, a esto se llama educación.
(*) Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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