Publicado por: El Deber (Santa Cruz - Bolivia)

Fue un show visual con mucho color, brillo y mujeres bellas en el escenario. La duodécima edición de Las Magníficas de Pablo Manzoni se recordará como la primera en la que se recurrió a la tecnología para montar la escenografía, pero también por los desajustes organizativos que fueron más evidentes que en años anteriores.

Esta vez los gigantescos decorados con  vistosos elementos no estuvieron. Fueron reemplazados por pantallas de led, en las que se proyectaban escenas, desde agua y fuego hasta multicolores figuras geométricas. Hubo modernidad, pero faltó espectacularidad.
Lo que causó grata impresión fue el vestuario de las magníficas. Los diseñadores se sacaron nota máxima por su creatividad; Keny Gutiérrez ratificó que es una de las mejores. El primer cuadro del show tuvo un vestuario de lujo, tal vez el mejor, con prendas elaboradas en tonos rosados, con bordados plateados y plumas como detalle. Los atuendos de los bailarines, obra de Keny, Marlene Flambury y Almanza, también fueron exquisitos.

Y entrando al tema de las protagonistas, hubo de todo un poco. Las bellas de siempre fueron Éricka Cuéllar, Davinia Fernández, Vania Sánchez, María René Antelo, Eliane Cuéllar, Pietrine Wazilewski y Nicole Pulino. Sandra Manrique y Fabiana Villarroel volvieron a conquistar con su carisma, aunque la segunda fue ayudada por su busto descubierto. También hubo otras bonitas, sin experiencia en modelaje, y algunas que no debieron estar en el show que se precia por tener a las mejores modelos del país, por ejemplo: Tatiana Valdés, Claudia Canelas, Rosario Helguero, Verónica Saba y Victoria Rico Toro. 

A algunas personas del público les sorprendió ver a las magníficas realizando coreografías de baile. No todas lo hicieron bien, pero se aplaudió su esfuerzo. 

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