Líder campesino dejó a sus bases en hechos de Porvenir
Publicado por: La Razón (La Paz - Bolivia)
Antonio Moreno, ejecutivo de la Federación de Campesinos, organizó la marcha a Cobija, pero dejó solas a las bases luego de que fue alertado y llevado al Batallón de Ingeniería Riosinho. Hace un año, 11 personas murieron en Porvenir.
Nicole Bisbal Brito
Enviada a Pando
11 de septiembre del 2008. Tres de la tarde. La Federación Sindical de Trabajadores Campesinos de Pando vive un torbellino. No paran de llegar los comunarios heridos en los enfrentamientos con gente afín al movimiento autonómico. Llantos, gritos y desesperación se apoderan del lugar.
Antonio Moreno, secretario ejecutivo de la Federación y máximo dirigente campesino de Pando, recuerda que "escuchaba sobre los compañeros muertos, habían otros que venían aquí a llorar, a revuelcos, mujeres que lloraban sobre mí y no hallaba qué hacer".
Pese a la agitación, Moreno se da tiempo para contestar una llamada a su teléfono celular. "Salite Antonio, porque ahorita te van a coger a vos y te van a descuartizar (los proautonomistas) ", recuerda que le advirtió una voz masculina al otro lado de la línea. Minutos después, otra llamada: "Salite, estoy afuera en mi auto".
El dirigente se abre espacio entre la muchedumbre y abandona su sede y a su gente. A una cuadra, un sargento del Batallón de Ingeniería Riosinho, en Cobija, lo espera en un auto con vidrios oscuros para ponerlo a salvo.
"El auto estaba allá (señala con su mano hacia una cuadra detrás de su oficina), tenía vidrios raibanizados, entré y (un hombre) me tendió en el asiento, ‘échate' me dijo. De ese modo salí de la Federación, era un sargento, había venido del (Batallón de Ingeniería) Riosinho y allá me encerraron", para protegerlo. En el regimiento, Moreno no está como detenido y por eso puede transitar por algunos sitios del cuartel.
"Ahí los militares estaban armados porque decían que (los proautonomistas) iban a atacar al Riosinho. Estuve toda la tarde hasta las 11 de la noche", cuando se marcha, sin antes escuchar recomendaciones por su seguridad.
La revelación de Moreno muestra que los militares sí actuaron antes del estado de sitio del 13 de septiembre, aspecto que hasta hoy era desconocido. Fuentes del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas dijeron por teléfono a La Razón no conocer la acción para precautelar la vida del líder campesino.
El dirigente fue el encargado de convocar a las federaciones campesinas de Pando al ampliado que debía realizarse el 11 de septiembre del 2008 en Cobija. El Ejecutivo indicó que en la reunión se adoptarían medidas para recuperar las instituciones que fueron tomadas por autonomistas en días previos.
Algunos comunarios, sin embargo, indicaron en ese entonces que fueron llamados no para acordar medidas, sino para de una vez retomar las instituciones y pedir que Leopoldo Fernández renunciara a la Prefectura de Pando.
Pese a que era el encargado de organizar el ampliado, Moreno no sabía dónde instalaría a las 1.200 personas que venían desde Filadelfia (a 18 kilómetros de Cobija), Puerto Rico (a 60 kilómetros) y Riberalta (Beni, a 450 kilómetros). Lo que sí sabía era que la posibilidad de un enfrentamiento entre cívicos y campesinos cada minuto se hacía más real. Pese a esto, no alertó a sus compañeros.
"(Una noche antes) trabajé hasta las 23.00 recogiendo víveres, agua, ollas para cocinar y estaba agotado, quería descansar. Los compañeros (sus colaboradores) me dijeron que no los iban a dejar llegar a Cobija, que los que tomaron las instituciones iban a esperarlos con armas en Porvenir, que los iban a matar".
Cuando La Razón le preguntó por qué no alertó a sus compañeros, el dirigente dijo: "¿Será que (los autonomistas) iban a ser capaces de eso? Yo no lo creía... Me fui a descansar". En Porvenir murieron 11 personas, nueve eran comunarios y dos, autonomistas. Dos fallecieron a causa de los golpes y otros nueve, por heridas de bala.
El dirigente, sin embargo, sí alerta a su familia en la mañana del 11 de septiembre, luego de recibir los primeros informes de los otros campesinos. "La mandé a otro lugar".
"No pude ir a Porvenir porque no tenía la camioneta y en la tranca no me iban a dejar pasar. Me llamaban los compañeros para que haga algo por ellos, pero ninguna autoridad me respondía", recuerda. El conflicto se inició antes, a eso de las dos de la madrugada, cuando un grupo de 800 campesinos proveniente de Filadelfia se dirigía, a pie y en camiones, hacia Porvenir.
Una zanja en el camino de tierra abierta por funcionarios de la Prefectura y del Servicio Departamental de Caminos (Sedcam), para impedir el paso de la muchedumbre, detiene a la caravana a la altura de Tres Barracas (a cuatro kilómetros de Porvenir). En el sitio, proautonomistas piden a la multitud volver hacia la localidad de Filadelfia. Los campesinos deciden quedarse en el sitio hasta que amanezca.
"Una compañera me pedía que llame a la Policía, al Comando Conjunto, al Gobierno porque ahí esta gente había hecho zanjas y estaba armada", indica Moreno.
Dos horas y media más tarde, a la altura del puente Cachuelita (a menos de un kilómetro de Porvenir, por la ruta que une a esta localidad con Puerto Rico), el personal del Sedcam se dispone a retornar a Cobija tras cavar otra zanja. De pronto, dos funcionarios prefecturales caen heridos tras recibir balazos provenientes de campesinos, según declaraciones hechas el año pasado por gente afín a los cívicos y por algunos campesinos.
Cerca de las seis de la mañana, en la zona de Tres Barracas, los proautonomistas retornan al sitio y tienen una acalorada discusión con los marchistas.
De acuerdo con testimonios de ese momento, los comunarios son insultados por los funcionarios de la Prefectura. La multitud retorna ocho kilómetros, pero luego decide seguir adelante y enfrentarse con los cívicos y funcionarios. Algunos comunarios llevan armas de fuego, según testigos y los propios campesinos. El Gobierno dice que este dato no es real.
Uno de los doctores del hospital San Martín de Porres de Porvenir, quien atendió a los heridos, señala que los comunarios estaban identificados con cintas rojas, amarillas y verdes en sus muñecas. "Las rojas las llevaban quienes estaban armados y la cláusula era que durante el enfrentamiento debían levantar el puño para identificarse".
Estalla el primer enfrentamiento. Ocho proautonomistas son tomados de rehenes y golpeados, y otros dos mueren baleados: el ingeniero Pedro Oshiro, funcionario de la Prefectura que huía en una camioneta, y Alfredo Céspedes.
En Porvenir, 57 policías forman una barricada en la cancha San Jorge para frenar el avance de los bandos que se acercan al pueblo. Son las nueve de la mañana. Un número no conocido de proautonomistas con armas de fuego se ubica detrás de los agentes. Llegan los comunarios.
Delegados de ambos bandos se reúnen, con mediación del comandante departamental de ese entonces, Silvio Magarzo, y negocian la suerte de los ocho rehenes. Los campesinos deciden liberarlos, pero cuando el último de éstos queda lejos de sus captores, se desata la balacera. Un efectivo cae herido y la Policía se retira del lugar
"Escuchaba los disparos. Allá en la canchita había un camión donde tenían presos a tres campesinos. A uno de ellos lo botaron en la puerta de mi vecino y ya estaba muerto", relató a La Razón una lugareña de Porvenir que pidió no ser identificada. "Se disparaban, iban y venían de la canchita hacia el río", contó otro testigo.
Las Fuerzas Armadas dicen que no intervinieron por una supuesta "falta de material y de autorización". Sin embargo, se ocuparon de proteger la vida de Moreno, según las declaraciones de este dirigente.
"No teníamos más material. Cuando la Policía es rebasada, hace un informe para decir que no tienen la capacidad para continuar haciendo frente. Se eleva al Presidente una solicitud para que puedan intervenir las Fuerzas Armadas con armamento letal. No salimos sin esa orden", dijo en octubre del 2008 el entonces comandante, general Luis Trigo.
Superados en número, los comunarios escapan. Algunos se lanzan al río Tahuamanu, mientras las balas pasan cerca, según el Ministerio Público.
El sol impacta con fuerza al mediodía de Porvenir. Ya no se oyen disparos y la gente se desmoviliza. El conflicto dejó al menos 50 personas heridas. Pero mientras la calma llega a esta localidad, la violencia se apodera de Cobija, donde dos días después mueren dos personas durante la retoma del aeropuerto, cuando militares dispersan a los cívicos.
La Organización de las Naciones Unidas, la Unasur y el Defensor del Pueblo, entre otras instituciones, realizaron las investigaciones y bautizaron al hecho como una "masacre" y reprocharon la pasividad policial.
A un año de los hechos que enlutaron al país, las indagaciones siguen, al igual que las heridas que aún no cicatrizan.
"Escuchaba de los compañeros muertos, otros venían a llorar a revuelcos y las mujeres lloraban sobre mí".
Antonio Moreno, líder campesino.
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