Publicado por: El Mundo (Santa Cruz - Bolivia)
Sólo en las películas la gente tiene una sexualidad maravillosamente espontánea, con un deseo común y una excitación que podríamos clasificar de "mágica y explosiva". De hecho, ante nuestra atenta mirada se percibe como cualquier estímulo, aunque sea incluso ridículo, se convierte en una fuente de pasión y placer.
En nuestra cotidianidad, esta realidad utópica no se desarrolla de la misma manera. Es bastante más habitual que los deseos sexuales de los miembros de una pareja no coincidan con esa exactitud matemática. Por el contrario, nuestra experiencia demuestra que es bastante más habitual de lo que nos pensamos que los miembros de una misma pareja no se sientan dispuestos, no sólo a mantener una relación sexual, sino a que la vivan de la misma manera.
De hecho, tendríamos que empezar por distinguir entre lo que es una pareja en la cual uno de sus miembros manifiesta un deseo sexual bajo o inhibido ante cualquier situación sexual, de lo que es una pareja con dos deseos sexuales adecuados pero desequilibrados entre sí. Por que, aunque las dos situaciones se dan con cierta frecuencia y conllevan situaciones problemáticas, sus características pueden diferir.
En la primera situación se encuentran todas aquellas parejas en las que uno de sus miembros no desea mantener relaciones sexuales, no siente deseo, le da pereza tener sexo, le incomoda y lo evita.
En la otra, se encuentran aquellas parejas que, aún teniendo un deseo sexual adecuado, uno de ellos manifiesta una necesidad por mantener relaciones sexuales mucho más alta que su compañero afectivo. Los dos desean mantener relaciones sexuales, pero discrepan en la cantidad y en la frecuencia. En esta situación, uno vive la sexualidad como una renuncia (porque no puede tener todo el sexo que desea) y el otro como una obligación (ya que tiene que esforzarse por tener más sexo del que desea). Tanto una cosa como la otra, crean desasosiego y frustración a los dos miembros de la pareja.
Tender al equilibrio implica que los dos miembros de la pareja entiendan que cada uno puede tener un ritmo diferente y que el respeto por el otro es fundamental para que la sexualidad surja con fuerza y sin agobios.
Será tremendamente importante que el miembro de la pareja que manifiesta un mayor deseo por practicar sexo, amplíe sus conductas sexuales personales (la automasturbación es una buena práctica en esta situación) y entender que la sexualidad no puede convertirse nunca en una obligación, ya que si presiona demasiado conseguirá de su pareja la negación de la práctica sexual.
La disfunción sexual se da cuando, durante el coito, alguno de los participantes no logra la satisfacción o sus órganos sexuales no responden como deberían. Puede deberse a factores emocionales, psicológicos o biológicos. Lo importante es saber reconocer la razón de la disfunción.
De acá nace la posibilidad de que una mujer finja la excitación o que un hombre sufra de eyaculación precoz o no logre una erección. A veces sucede cuando jóvenes, por razones de ansiedad, falta de deseo sexual o por algún trauma psicológico. Pero tales problemas parecen acentuarse con el paso de los años, acostumbrándose a hablar de "después de los cuarenta", la menopausia y la andropausia.
Disfunción sexual femenina
La disfunción sexual femenina precisa de una planificación multidisciplinar en la que hay que tener en cuenta los trastornos del suelo de la pelvis, los prolapsos genitales, la incontinencia urinaria y la menopausia que tienen un importante impacto en la respuesta sexual.
Es crucial para el disfrute sexual la contracción rítmica incontrolada de los músculos del suelo de la pelvis, especialmente el elevador del ano y la membrana perineal que intensifican la excitación sexual y el orgasmo. Estos expertos comentan que antes de la actuación médica o quirúrgica es imprescindible evaluar la función sexual incluyendo la presencia de dolor vaginal, dificultades en la excitación o el orgasmo, alteraciones en la sensibilidad genital y libido, medicamentos como los contraceptivos orales, hipertensión, diabetes, cardiopatías, alteraciones endocrinas, menopausia, histerectomía, traumas psicológicos, la edad, el alcohol, infecciones vaginales, disminución de estrógenos, relaciones sexuales negativas, depresión,.. que pueden originar escaso deseo, malestar físico y emocional y alterar la calidad de vida.
La actividad sexual mejora la autoestima, beneficia la salud cardiovascular, permite quemar de 200 a 600 calorías, proporciona más años de vida, reduce el estrés y el riesgo de cáncer de mama y de próstata. Es excelente antidepresivo y analgésico gracias a la liberación de endorfinas.
Con la edad, los cambios físicos y psicológicos no tienen que afectar a las relaciones sexuales pues cuanto más se practican, más se desean. No olvidemos que las fantasías, la excitación y la satisfacción sexual se estimulan o se evitan desde el cerebro. No renuncie a la actividad sexual para mantener una buena calidad de vida.
http://www.elmundo.com.bo/socialesnewII.asp?codsol=16570&edicion=06/09/2009
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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