Roxana Pinelo *

Al principio, los radiotaxis más que servicio fueron una bendición del cielo a la hora de desplazarse con pena y sin gloria a las horas pico, recogiendo críos o mandando a recoger...

"¡Bájese, y si me sigue haciendo problemas, lo pongo en la lista negra!". Contundente, torpe, violento, amenazador fue el cierre de un aparentemente inofensivo "ajuste de cuentas" entre un joven usuario de radiotaxis y el chofer de uno de esos servicios que crecieron como hongos. Al parecer, ya sin control y sin ley que nos ampare.

El muchacho, envalentonado, quiso enfrentar el pleito, pero los gritos y las amenazas del conductor dieron la "alerta temprana" a su acompañante, quien decidió cortar las cosas de la mejor manera: tragando sapos bien "machos" y culebras harto venenosas. La cobardía no se hizo sentir ni se dio por aludida. Era cuestión de prioridades.

Lo que quedó flotando en un clima urbano cada vez más cumpa de la agresividad y de la violencia fue la supuesta lista negra con las preguntas de rigor. ¿Hay alguna posibilidad de que exista? ¿Funciona como cruel vendetta? ¿Con direcciones incluidas? ¿Descripciones personales? ¿Observaciones in situ? Algo así como: el hombre es bajo y lleva lunar en el ala izquierda o la mujer parece estar bien buena, pero ojo, "sigue siendo mujer". Verdad o mentira, lo que sí es cierto es que horas más tarde el vehículo que se encontraba "paparuleando" parqueado en la puerta de calle apareció sin ojos. Le habían quitado los guiñadores y estaban a punto de seguir con las "sustracciones", de no ser por un cuasi "peskotis" a tiempo.

Al principio, los radiotaxis, más que servicio fueron una bendición del cielo a la hora de desplazarse con pena y sin gloria a las horas pico, recogiendo críos o mandando a recoger adolescentes, llevando encargos de todo tipo, entre remedios, sobres, comida y hasta platita. Fue remedio eficaz para preservar la vida en carretera de quienes gustan de molerse el hígado y "libar" más de la cuenta o por evadirla. Evitó accidentes, incumplimiento de horarios y hasta peleas conyugales. Las solas y los "soles" hacían gala de feroz independencia, apareciendo y desapareciendo como por arte de magia de escenas y escenarios con sólo una llamadita que inclusive se podía hacer "subrepticiamente" bien encerrados en un baño de visitas o en un ófrico depósito. Así, hombres y mujeres, sin discriminación de ningún tipo, podían estar en uno y otro lado, casi sin llamar la atención y sin perder oportunidad alguna. Que si el cumpleaños de la íntima y justo el "pasanaku" de rigor. Que si la suegra de cumpleaños y la "fiestonga" en la oficina. Que si ubiquen la torta de cumpleaños o a la mariachi despistada. Salvó vidas, atendió emergencias y hasta celebró la vida, en plena carrera. Los desplazamientos incluían saludos y agradecimientos enviados por la radio de cada empresa. Que si "gentil dama", que si se le agradece su gentil preferencia...

Porque ahora una gran mayoría ofrece un pésimo y peligroso servicio. Chofer y operadores mediante, cobran lo que quieren, corren cuánto pueden, son agresivos, absolutamente torpes y muchas veces tropa de delincuentes. Con honrosas y gratísimas excepciones, como el chófer "culto" que pregunta los nombres de cada capital del mundo sólo para amenizar tu estadía en su "vehículo" y no para ahorcarte a la vuelta de la esquina. Un gran "resto" actúa impunemente, amenaza, ofende, agrede y finalmente inscribe en la lista negra a quienes se atrevieron a pedir el precio justo.

¿Quién los controla? ¿Quién nos protege? ¿Quién nos devuelve el ajayu?

* Comunicadora

tintachin@gmail.com

http://www.laprensa.com.bo/noticias/03-08-09/noticias.php?nota=03_08_09_opin1.php