Millonarios presidenciables
el 27 jul En: POLITICA Y DEMOCRACIA NUEVA CONSTITUCION - sin comentarios
Cecilia Lanza Lobo *
Bueno, dedicarse a la política es en principio un acto generoso. No cualquiera es dirigente del barrio, presidente de la junta de vecinos o representante de algo.
Algunas historias se repiten. Como aquella que cuenta los orígenes de algún hombre hoy millonario que comenzó vendiendo dulces en las calles. Luego tuvo un gran almacén y ahora es propietario de un sinfín de empresas exitosas. Bravo. Yo tengo la impresión de que los millonarios son tacaños como condición primera porque sin ahorro (ni trabajo) no hay fortuna. Efectivamente hay una sutil diferencia entre ahorrar y tacañear(se). Los millonarios "escatiman excesivamente en el gasto" (definición de mezquindad), excepto consigo mismos, claro. Lo suyo es acumular. Antes, el esfuerzo fue físico (llevaban, traían, cargaban ellos mismos); ahora, el trabajo es sobre todo mental, pero además político.
Entre estos hombres debe haber matices. Conozco pocos, entre ellos un gran tipo, ilustre desconocido. Pero como estamos en tiempos preelectorales, escojo dos sujetos públicos a quienes conozco de oídas y por la tele. Entre ambos, creo, hay una diferencia radical.
A uno de ellos, a pesar de la fortuna que como digo suele ser muy egoísta, el asunto político le interesó temprano. Es más, fue militante de un partido "de izquierda" y Ministro de Gobierno. Digamos que entre los sujetos millonarios hay inteligencias distintas: esa que viene... por ejemplo de Harvard o algo parecido (en cuyo caso se trata de un millonario con pedigrí, no de un millonario de lotería ni de sacrificio); otra inteligencia más o menos innata, fresca, rápida, etc.; y el talento para los negocios que es la inteligencia que -supongo-unos y otros comparten. Como supongo también que algunos de estos sujetos cultivan única y exclusivamente ese talento.
Bueno, dedicarse a la política es en principio un acto generoso. No cualquiera es dirigente del barrio, presidente de la junta de vecinos o representante de algo. El que lo hace defiende intereses comunes y generalmente carga con todo el trabajo, encima, malagradecido. Un funcionario público es algo parecido, aunque remunerado. Y he ahí la diferencia. Porque la función pública implica, al parecer, buen dinero. En el caso de los millonarios metidos en política, podría haber una salvedad. Como tienen dinero suficiente, no necesitan robar. Uy. Eso supondría que son buenos tipos y lo suyo es puro compromiso. ¿Les creemos? Porque se piensa más bien que el poder de la función pública está en miles de movidas millonarias. Como tener una tarjeta de crédito triple A platino. Finalmente la cuenta la pagan otros.
Pero como yo difícilmente separo a la persona (lo que es) de sus actos (lo que hace) públicos o privados, de ese primer millonario presidenciable rescato su compromiso genuino -y concreto- con el desarrollo de este país aun si es monotemático -empresa, producción, empleo, bis, bis, bis- y su desprendimiento poco conocido con gentes necesitadas (eso que llaman filantropía).
El último millonario mediático con aspiraciones presidenciales apareció en un canal de televisión al que está de alguna manera vinculado. De él sólo conozco una anécdota, divertido para el machismo que ostenta la virilidad en números estadísticos de funcionarias de la empresa sometidas a sus encantos, pero que, creo, expresa la prolongación del fenómeno mismo de la televisión: 100% cuero, audiencia y mayor rentabilidad. Un millonario de espectáculo que espero no deje de practicar exclusivamente su talento para los negocios. En todo caso, nuestra democracia es también generosa. Lo que pasa es que nuestro último millonario nos dejó un trauma cuyas consecuencias son ahora graves. Y como alguna vez dijo Carlos Menem (miembro ad honorem de este grupo): "Si alguna vez alguien se quemó con leche, cuando ve a la vaca, llora".
* Comunicadora
Democracia, Equidad y Desarrollo



















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