Publicado por: La Prensa (La Paz -Bolivia)

Encomio del "Papirri"

Por:Ramón Rocha Monroy *

Mi novela Ladies Night está dedicada a Manuel Monroy Chazarreta, el "Papirri". Es una especie de cóver en prosa de esa su poesía urbana desconcertante; antipoesía humana y pura, que suelo corear con devoción porque sé que el "Papirri" es uno de los narradores musicales más intensos de Latinoamérica.

¿Cómo se puede decir con menos palabras el drama de Margarita, o describir sin apelar a sociologías prestadas el ch'enko total de los Ormachea Villamor? ¿Qué metafísica alcanza para explicar la mentalidad de un pueblo que ironiza con un "yaaa" sus afirmaciones más solemnes? ¿Qué otro artista tiene el oído sensible de Manuel para reconocer la forma de decir el mundo y de nombrar las cosas que tienen los paceños? ¿Cuánta sensibilidad se necesita para recuperar el alma de un pueblo rebelde y bravo, con una autoestima desafiante, pero rico en humor e ironía? ¿Cuánta sintonía khesti hay que tener para entender que ahora que tenemos, bien le cascaremos?

Manuel es un cultor cotidiano del habitus paceño: es hincha del "Tigre", nació y creció en Sopocachi, jugó sus primeras pichangas en el pasaje Jáuregui, detrás del Cine 6 de Agosto; conoce por sus nombres a los lustras de la Pérez Velasco; nada humano y paceño le es indiferente, y eso se refleja en el centenar de canciones que compuso, que corean y reconocen todos, y que ya son parte del alma nacional porque las adoptaron los bronces del Gran Poder y del Carnaval de Oruro.

No hay forma de encasillar al "Papirri" en un género musical o

poético. A ratos es parte del folklore urbano, del bossa nova, de la zamba de sus mayores, del tango de Piazzola para acá, de la cueca nacional, del pop, del hip hop... pero hay algo que es denominador común en sus canciones: su amor y devoción por el hombre urbano y común, y su crítica al poder. En ambos escenarios, el "Papirri" es indeclinable.

Manuel estudió música en México, en Brasil y en Japón. Su música fusiona todos los ritmos contemporáneos, pero particularmente el jazz y la bossa, porque es un innato hacedor de armonías. Por eso es más que un ejecutor brillante, porque los matices de su música vienen de una relación intensa y extensa con las armonías. Pero esto no explica el verdadero ser del "Papirri", pues para eso deberíamos remontarnos a su linaje que proviene, no del apellido, de la fortuna heredada o del privilegio feudal o burgués, sino de una estirpe fundada en la revolución y en el arte. Porque su padre fue un gran revolucionario que jamás claudicó de sus principios, y su madre, una artista extraordinaria, discípula de Andrés Segovia, pero de fina sensibilidad para adherirse al alma popular.

Hablemos de sus mayores

En 1946, Germán Monroy Block, fundador del MNR y ex ministro del Trabajo del Gobierno de Gualberto Villarroel, tuvo que salir al exilio a Buenos Aires. En la pensión donde vivía conoció a una santiagueña bella, ojosa y modosita que tocaba la guitarra repitiendo las lecciones que le daba el maestro español Andrés Segovia.

La había enviado a Buenos Aires su padre, don Andrés Chazarreta, quien fue reconocido como Patriarca del Folklore Argentino. Dicen que la pretendía nada menos que Marianito Mores, también santiagueño y compositor de Cuartito azul, Uno, Cafetín de Buenos Aires, Adiós Pampa mía, Taquito militar, Sin palabras, Cristal, En esta tarde gris, Gricel y otros tangos inmortales.

Santiago del Estero dio al menos tres grandes de la música argentina: Chazarreta, Mariano Mores y Homero Manzi. Pero pudo más el exiliado boliviano y al cabo se casó con Anita y la trajo a Bolivia para siempre. Era Anita Chazarreta Palumbo. Llegó y de inmediato la casa de Monroy Block se convirtió en un cenáculo lleno de personalidades de la política, la literatura, el periodismo y la música, como Víctor Paz Estenssoro, Juan Lechín, Augusto Céspedes, Hugo Cárdenas Mallea y decenas de alumnas de guitarra, entre las cuales sobresalió Jenny Cárdenas.

Monroy Block era una institución. Cierto día me encontré con don Juan Lechín ya anciano y lo acompañé a dar su consabido paseo por El Prado de La Paz. Nos lamentamos de los avatares políticos y económicos que habían restado poder a la COB y le dije: "Es que ya no hay Lechines"; se detuvo y me contestó: "Ni Monroy Block".

Monroy Block era hincha del "Tigre" y llegó a dirigente de la Federación Boliviana de Fútbol. Era hombre de humor fino y popular. Sus tenidas con Augusto Céspedes, quien le decía Bismarck, eran memorables por el buen decir y la sagacidad de los juicios de ambos; un dueto formidable. Recuerdo que en una whiskería, cierto señor muy elegante y de tener le pidió que invitara una ronda; Monroy Block le contestó: "¿Desde cuándo el trabajo invita al capital?".

Esa frase revelaba la conducta de un hombre que pudo haber hecho fortuna como ministro, diplomático y magistrado, y sin embargo al morir no tenía ningún bien, pues vivió de alquiler hasta su muerte. Un hombre que fue amigo de Jacobo Arbenz, de Juan Domingo Perón, de Mario Benedetti y, por supuesto, de Carlos Montenegro, el fundador del pensamiento descolonizador, que hoy está en boga.

Anita, por su parte, era una mujer excepcional por doble motivo: por sus raíces afincadas en lo criollo y lo popular, pero también por la maestría y los matices con que tocaba la guitarra. Poseía una técnica depurada que cultivó con el maestro Andrés Segovia; pero era hija de Andrés Chazarreta, compositor de cientos de zambas, chacareras y otras canciones emblemáticas del folklore argentino, como Criollita santiagueña, La Telesita, Zamba de Vargas, La siete de abril o La López Pereira. Por eso Anita hacía llorar al auditorio cuando tocaba vidalitas con un sentimiento profundo que venía de adentro, de nuestras raíces comunes, de esas raíces que dieron tres frutos: Cristina, Germán y Manuel Monroy Chazarreta.

Unas líneas para el abuelo Monroy.

El abuelo Manuel Monroy Villagra era chileno y ferroviario. Por entonces los ferroviarios serían como hoy los pilotos. Él fue nombrado jefe de estación de Viacha y allí fundó el linaje de los Monroy Block.

El abuelo ferroviario murió joven por una mala inyección, y la abuela tuvo que tomar una decisión heroica: educar a uno de sus hijos en el Colegio San Calixto para que remontara a sus hermanos. Muchas peripecias, incluida la Guerra del Chaco, ocurrieron desde ese momento hasta 1941, año en el cual se fundó el MNR y Germán, a quien llamaban Monroy Block, salió electo diputado por la provincia Ingavi. Había terratenientes que le disputaban el curul, pero pudo más la organización de los ferroviarios, que apoyaron al hijo de su antiguo jefe de estación. De ese modo, Germán propició los festejos del centenario de la Batalla de Ingavi.

Dos años después, Germán fue ministro de Trabajo del Gobierno de Villarroel, cayó con él y pasó seis años de exilio en Buenos Aires. Se casó con Anita en Santiago del Estero, en la vieja casona de Mitre 127, y allí conoció a su concuñado, Dardo Molina, desaparecido por la dictadura militar. Era el tiempo en que la generación del Chaco arrastró el carro de la historia como una poderosa locomotora que hizo posible la Revolución del 52.

Consciente de ese legado, el "Papirri" apoyó con decisión el proceso de cambio que vivimos. Él no es político, es artista, pero no podía estar ausente de una revolución democrática y cultural que está cambiando tan profundamente las estructuras simbólicas de los bolivianos. Su modo de sentir es también su modo de pensar; en eso es inclaudicable.

Escritor

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