Leopoldo Fernández Ferreira*

Las mentiras se fueron revelando, una a una, en un proceso interminable de engaños que han tenido como víctima al ciudadano.
Cuando el pueblo boliviano eligió presidente a Evo Morales se vivía una profunda transformación en el escenario político nacional. El desgaste de los partidos políticos tradicionales y la poca modernización del sistema democrático, entre otros factores, hicieron que el pueblo boliviano optase en su mayoría por un cambio. Este cambio tendría que ser materializado a través de una nueva Constitución. Para ello se llamó a una Asamblea Constituyente, con el único mandato vinculante de aprobar la autonomía departamental con cualidades legislativas.

La autonomía nacía democráticamente de la voluntad popular y era parte integrante de la reforma del Estado y de la transformación del sistema político. En cuatro departa- mentos el pueblo expresó su voluntad de cambio a través de la desconcentración efectiva del poder político hacia las regiones y así debía ser inscrito en la nueva Carta Magna.

Lamentablemente esta transformación se vio truncada. Primero el Gobierno de Morales se opuso abiertamente a la autonomía a pesar de haberse comprometido a apoyarla en su campaña electoral. Primera mentira. Luego, durante la Asamblea Constituyente el partido de gobierno atropelló cuanto pudo y le dio la espalda a la ley que la convocó y al mandato vinculante del soberano. Evo Morales juró cumplir la Constitución y las leyes, segunda mentira.

No se quedó contento con interrumpir el proceso inevitable de descentralización del poder político, le puso más trabas y confiscó los ingresos departamentales. En Pando redujo el presupuesto del gobierno departamental de 211 a 10 millones y medio de bolivianos. Curiosamente, en La Paz, donde recibe más apoyo el recorte fue superior, incluso a la totalidad del IDH. Habían prometido cooperar en el desarrollo de las regiones, tercera mentira.

Así las mentiras se fueron revelando una a una en un proceso interminable de engaños que lamentablemente han tenido como víctima principal al ciudadano de a pie. No sólo se han destrozado las instituciones del Estado, se ha pulverizado el sistema de derecho y quien disiente o piensa diferente acaba como yo, preso, sin derecho a defensa, y lo peor, sin el menor respeto a la ley.

Si seguimos el razonamiento del Gobierno, el "cambio" justificaría toda acción represiva, supuestamente en el marco de la ley, contra aquellos que atenten contra la voluntad de la mayoría de los bolivianos. Así, la voluntad del ciudadano estaría siendo protegida. Pero esto no es cierto, es otra mentira más.

Hoy, después de más de tres años en el gobierno, podemos constatar de forma contundente que la realidad es otra. Si examinamos lo que sucede en otros países de América, donde ha surgido el "nuevo socialismo" apadrinado por el controversial Presidente de Venezuela, reconocemos un patrón muy similar.

Las nuevas corrientes surgen de conflictos "sociales", grupos que protestan y entorpecen la gestión política de un gobierno democrático. Luego de protestas, generalmente violentas, donde incluso se registran muertes de manifestantes, el sistema político cede paso a la nueva fuerza "democrática". Luego de asumir el mando de cada país, el régimen comienza su tarea de arreglar las cosas para mantenerse de forma indefinida en el poder, arreglando las leyes a su favor y cuando corresponde establece la reelección presidencial.

El segundo paso es relevar el mando militar hasta conseguir un mando servil. Si recuerdan, apenas Morales asumió el control envió al retiro a dos promociones militares. El siguiente paso es el control o descabezamiento del Poder Judicial. En Bolivia se anuló al Tribunal Constitucional y se presionó, amenazó y enjuició a muchos magistrados de la Corte Suprema hasta dejarla, como ahora, sin quórum.

La siguiente etapa es la eliminación de los medios libres de prensa. En nuestro caso particular es conocido que el propio presidente se enfrentó y humilló a periodistas en su esfuerzo por reducir las críticas hacia el Gobierno. Amenazaron cerrar medios, incluyeron en el texto constitucional una subjetiva idea de traición a la patria si los medios no actuaban con "veracidad" y reforzaron la propaganda del Estado a niveles muy superiores del que el propio Morales había criticado como opositor. Como si no bastase rompieron la institucionalización del canal estatal y crearon un periódico oficial.

En la búsqueda del poder total anulan también la fiscalización de los recursos del Estado y así los utilizan libremente como prebenda para sostener a sus "seguidores". En Bolivia hemos sido testigos todos de escandalosos casos de corrupción que ocurrieron bajo las narices de aquellos llamados a luchar contra esa lacra. De forma adicional, como si esto no fuese irregular, suspenden ilegalmente al Contralor de la República y colocan en su lugar a un diputado de ese mismo partido. Es decir, el lobo cuidando a las ovejas.

En pocas palabras éste es el cuadro que se repite en Venezuela, Ecuador y Bolivia y que originó el condenable golpe de Estado en Honduras. Todos estos actos revelan que el "proceso de cambio" que conducen es otra mentira. Eso sin siquiera entrar en la nacionalización de los hidrocarburos, la pérdida de mercados externos para nuestros productos y el eminente proceso de desempleo que comienza a partir de ella.

En un frío cálculo político, Pando ha sido la región más castigada. No sólo en los términos de los números presupuestarios, sino también en el social. La convivencia del departamento fue alterada por los tristes sucesos de septiembre, en una marcha digitada para buscar y encontrar el enfrentamiento, siguiendo el patrón de sus aliados en el resto de América. Ahora, ante la derrota de su Constitución en el departamento intentan llevar votos del resto del país para doblegar y oprimir aún más a nuestra región.

Todo esto me lleva a una reflexión necesaria para cada ciudadano. Si bien es cierto que la reforma política de Bolivia era absolutamente necesaria, éste de hecho no es el camino. La democracia ha sido vulnerada abiertamente por aquellos que la utilizaron para acceder de forma legítima al poder.

Si estuvimos todos de acuerdo de que el anterior sistema político cerró su ciclo por falta de renovación, ¿cuál sería la razón para arriesgarnos a adoptar un sistema que carezca en absoluto de ella? Si lo que debemos defender es la voluntad del pueblo, ¿por qué habríamos de legitimar un gobierno que intenta manipularla acarreando gente como ganado? Si la pluralidad de pensamiento es el motor de la modernización de un Estado, ¿por qué permitir que aquellos que piensen diferente sean perseguidos, apresados y desterrados como en las dictaduras? Si la independencia de poderes es el pilar del control y la fiscalización transparente de la cosa pública, además de la garantía de que todos y cada uno de los bolivianos somos y tenemos derechos iguales ¿por qué permitir la concen- tración del poder absoluto como lo pidió Evo Morales?

Lamentablemente esta gestión de gobierno perdió la oportunidad de unir Bolivia y llevarla al camino del progreso. Estamos enfrentados entre bolivianos y sólo hay dos visiones posibles de Bolivia: la que pretende Evo Morales y la que reivindicamos quienes queremos el retorno de la democracia y la vigencia plena del Estado de Derecho. Todos queremos inclusión social, el fin del racismo y la discriminación, oportunidades iguales, trabajo honesto, un país digno y fuerte. La diferencia está entre el camino de la libertad y el del totalitarismo.

Se acerca el momento de recuperar Bolivia para los bolivianos. La patria precisa de sus hijos. Se acerca el momento de recuperar Bolivia para los bolivianos.
La patria precisa de sus hijos.

* Leopoldo Fernández Ferreira es prefecto suspendido de Pando.

http://www.la-razon.com/versiones/20090727_006801/nota_246_851260.htm