Cecilia Lanza Lobo *

Qué vergüenza. Pero no, no es vergüenza, es miedo. Y como la mancha no sale, Gutiérrez no tuvo mejor idea que (mandar a) arrestar a estas personas durante ocho horas...

Pedro Lemebel lo dice mejor cuando, valiéndose de la ficción, cuenta cómo al dictador Augusto Pinochet le chorreaba por la pierna esa pasta blanda de mierda expulsada por el miedo el día en que casi lo matan. El día en que atentaron contra su vida. Él, que tantas vidas se había pasado por el forro.

La revancha ficcional no ha debido estar tan lejos. Porque a la hora de la hora, los cobardes se mueren de miedo y apestan. La violencia es un modo de expresión/expulsión del miedo que se esconde. De allí que cuando se sienten amenazados, golpean.

Hace algunos días escribí acerca de aquellas mujeres que habían entrado en huelga de hambre reclamando a sus muertos y desaparecidos durante las dictaduras, doblemente ultrajados en ellas mismas cuya búsqueda no sólo es olvidada sino ninguneada. Es más -dije- es el propio Gobierno socialista del Movimiento Al Socialismo (MAS) el que las engaña como se hace con los perros mostrándoles el hueso que deben correr a buscar haciendo sólo el ademán de lanzarlo cuando en realidad se lo esconde tras la espalda. Pero dije también algo que ellas mismas contaron como parte de su cotidianidad ya asumida y es que debido a su presencia mediática a raíz de esa huelga, o debido a sus voces cansadas de ser desoídas, los allegados de aquellas dictaduras las perseguirían con más saña. Dicho y hecho.

Porque el pasado miércoles 24 el fiscal Jorge Gutiérrez Roque, nada menos que ex miembro del Servicio de Investigación Criminal y la Dirección de Orden Político durante la dictadura de Luis García Meza, ordenó aprehender a Olga Flores Bedregal, Martha Montiel y al periodista Rogelio Peláez, que pasaba por ahí. Y así se hizo, con la brutalidad del caso. Estas mujeres, una vez más en 30 años de gimnasia de carteles y plantones frente a los estrados judiciales y militares, demandaban a sus muertos ocultos en los agujeros de la burocracia leguleya, que esta vez reaccionó asustada/miedosa porque los carteles denunciaban los vínculos de Gutiérrez con la dictadura. Ha debido ser como exhibir los calzoncillos manchados. Qué vergüenza. Pero no, no es vergüenza, es miedo. Y como la mancha no sale, Gutiérrez no tuvo mejor idea que (mandar a) arrestar a estas personas durante ocho horas sin acusación alguna.

¿Qué poder tendría que tener alguien para ordenar reprimir y arrestar a otro porque le da la gana? En Bolivia no es necesario demasiado porque las instituciones se confunden con las personas. ¿Se acuerdan de las épocas de las dictaduras? Pues eso mismo. Si al tirano se le antojaba, ordenaba y listo. Eso mismo sucede ahora. En este caso con Gutiérrez que obra como los policías mafiosos que roban vistiendo el uniforme.

Basta de tanta impunidad. Dejemos ya de dar de comer al espectáculo político que se hace al buen tipo para mantenerse en el poder. Que yo recuerde, el único momento en que efectivamente se cavó la tierra para buscar a los muertos y desaparecidos fue en aquellos gobiernos satanizados hoy como neoliberales. La cosa es poniendo, compañeros. Y que yo sepa aquí hay simplemente farsa.

* Comunicadora

cingalesa@hotmail.com

http://www.laprensa.com.bo/noticias/29-06-09/noticias.php?nota=29_06_09_opin2.php