Carlos D. Mesa Gisbert*

El gobierno del presidente Morales parece seguir al pie de la letra el libreto de todos los mesías políticos que en las historia han habido que, como todos sabemos, no tienen en la democracia su mejor aliada. El camino del autoritarismo necesita una historia oficial. Tras ella está ahora la nomenklatura del poder en el país.

El más reciente motivo de mal humor presidencial ha sido la letra del himno del departamento de Santa Cruz. Es evidente que aquello de "La España grandiosa..." no puede ser del agrado de quien pretende la imposición de la hegemonía de una cultura, una lengua y una cosmovisión sobre las demás. Por mucho que el texto constitucional edulcore esa intención, queda claro que lo que estamos viviendo es la búsqueda de la utopía arcaica traducida en el monólogo andino, cuya expresión histórica es la cultura aymara y sus variantes, aún por encima de la quechua que, como ya recordamos en otra columna, fue la imposición inca sobre el espacio geográfico del actual territorio de Bolivia. Podremos ciertamente debatir sobre el contenido e intención de los versos cuestionados, pero lo que no podemos aceptar del Presidente y su gobierno son dos cosas: Primero la negación de un pasado colonial español cuya impronta -suena aburrido repetirlo- es de tal magnitud que sin ella ni existiría Bolivia, ni existiría la articulación occidente-oriente de la República (sí, República), ni existiría más de la mitad de la población boliviana. Segundo, por si el Presidente no lo sabe, el himno cruceño es la expresión libre de una sociedad que ha asumido su letra como parte de su pertenencia y su tradición. En todo caso, será la propia sociedad cruceña la que decida si quiere mantener su himno o no. Por lo pronto, así lo han afirmado categóricamente.

El asunto no pasaría de una triste anécdota, de no ser porque el comentario del Mandatario no fue casual. No, fue parte de una arremetida mucho más grave y peligrosa, la imposición de nuevos textos escolares y la petición por parte del Ministro de Defensa (no del Ministro de Cultura, anótese para analizar la lógica autoritaria a la que estamos sometidos) de que se escriba una nueva historia de Bolivia, porque hasta ahora "la historia la han escrito los criollos". El toque racista queda a juicio del lector.

Convengamos en que la historia la pueden escribir quienes quieran escribirla, blancos, mestizos e indígenas indistintamente, aunque es de esperar que quienes la escriban sean profesionales en la materia. Muy mal hace el Gobierno en cuestionar la "historia oficial", muletilla que se ha usado hasta la náusea a lo largo de nuestra vida republicana. Esta vez sí para justificar una "historia oficial" impuesta por el gobierno. Tiene sentido. Nueva Constitución, nueva bandera, nuevos símbolos, nueva historia...Hay que borrar el pasado, sobre todo aquel que disgusta, aquel que recuerda nuestra diversidad, aquel que reafirma quienes somos desde todas las conquistas (las indígenas incluidas) y todas las rebeliones (las indígenas incluidas) y todos los periodos (colonial incluido) y todas las lenguas (castellano incluido) y todas las culturas (mestiza incluida).

Nadie puede borrar el pasado a su gusto, ningún mesías político lo pudo hacer, los hechos testarudos acaban imponiéndose siempre, más temprano que tarde. Pero lo más penoso de la afirmación del Ministro de Defensa es su evidente desconocimiento del desarrollo de la historiografía boliviana. Puedo comenzar por Tamayo (de origen indio como todos sabemos) y su ensayo vinculado a la historia y al tema indígena, o por Reynaga, pero aquí lo que vale, subrayémoslo, no es el color del historiador, sino la fuerza, la seriedad, el rigor y el sentido de lo que escribe. ¿Puede reputarse de historia oficial y favorable a las élites la escrita por Zavaleta, o la escrita por Lora? ¿Se olvida el ministro de la obra de Rivera, de Albó y Barnadas específicamente referidas al pasado indígena, del monumental estudio sobre el cerco de La Paz de 1781 de Del Valle de Siles? ¿Sabe de la existencia de Choque y sus contribuciones centrales al tema? Por si no lo ha tomado en cuenta, el historiador Choque es viceministro de este Gobierno en la curiosa cartera de "descolonización" (estoy tentado de preguntarle a mi ilustre colega cómo hago para descolonizarme de Aristóteles y de Platón). ¿Se ha enterado de que hay un libro monumental de Condarco que se llama "Zárate el temible Willka"? ¿Está al tanto de que la historiadora Soux ha hecho importantes contribuciones al estudio del tema indígena en la etapa colonial y republicana? ¿Sabe que ella es ahora ejecutiva de la Fundación Cultural del Banco Central? ¿Está al tanto de la existencia del Taller de Historia Oral Andina? ¿Sabe de la obra de Ticona? ¿Tiene idea siquiera de que una buena parte de los alumnos de historia de la UMSA son de origen aymara? ¿Conoce de la existencia de los alegatos histórico políticos escritos por Felipe Quispe, Untoja y el ex diputado Choquehuanca? ¿Sabe de la escritura del tema de la retaguardia y los indígenas en la Guerra del Chaco de Arze? ¿Habrá leído la obra monumental Qaraqara-Charka de Platt, Bousse y Harris? ¿Está en autos de la colección que dirige Corzón sobre estudios andinos? ¿Y de la obra monumental de Ponce sobre Tiwanaku? ¿Le suenan los apellidos Barragán, Medinaceli, Parejas, Jiménez, Saignes, Murra, Wachtel (una mirada magistral de los vencidos en la colonia y del regreso al pasado), que han desvelado partes esenciales de las culturas indígenas del ande y los llanos? Finalmente. ¿Tiene idea de la dimensión de los trabajos de Teresa Gisbert, que ha hecho la más importante contribución al estudio de la iconografía y los mitos indígenas en el arte, de repercusión continental? Podría seguir y seguir, porque los aportes son tantos y de tal magnitud, que abruman.

La "historia oficial" sólo existe en las mentes de quienes quieren hacernos creer que fundaron la historia de nuestra República. No, presidente Morales, no se gaste. Bolivia se fundó una sola vez, y haga lo que haga, diga lo que diga, imponga lo que imponga, múltiples voces estaremos y estarán siempre para recordárselo.

*Carlos D. Mesa Gisbert
es ex presidente de Bolivia, periodista, historiador y político.

http://www.la-razon.com/versiones/20090621_006765/nota_246_832349.htm