(El retrazo de Bolivia, producto de los problemas estructurales no resueltos que tiene - pobreza, desigualdad, baja producción/productividad y una precaria inserción al mundo - se puede explicar además, por los idearios obsoletos de sus élites intelectuales)

 Eduardo Campos V. (*)

Hace algunas semanas (a mediados del anterior mes), en ocasión de una reunión del bloque de países denominado Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el presidente Morales se mandó una declaración que define de la manera más franca y clara su ideario político. El dijo lo siguiente: "Quiero decir a los miembros de la OEA que están aquí, que quiero declararme marxista, comunista, leninista y ahora que me expulsen, ahora quiero que me expulsen de la OEA...". Esta su declaración, una de las tantas que ha realizado el presidente en los escenarios internacionales, aparentemente no conmovió a nadie - ni dentro, ni fuera del país - sin embargo, resulta suficientemente clara para entender, cómo piensa y qué quiere hacer de Bolivia.

En realidad, sabemos que el presidente Morales se define como marxista, leninista y comunista, hace mucho tiempo, no es una novedad; lo novedoso es que su declaración, coincida con la decisión de las OEA de reincorporar a Cuba en su seno. Suponemos que lo hizo para decirle al mundo entero, que quiere hacer de Bolivia, lo que su líder y mentor (Fidel Castro) hizo de Cuba, hace ya cerca de 50 años atrás; un estado socialista. En el fondo, esto tampoco es muy novedoso, ya que gran parte de la NCPE, aprobada el 25 de enero pasado, incorpora muchas disposiciones en ese sentido. Podría  argumentarse que un buen porcentaje de la población boliviana no conoce el texto (dicen que más de 70%) o que el gobierno haya desplegado una extraordinaria propaganda para inducir a su aprobación, (incluidos los bonos), de cualquier forma, lo cierto es que ahora, ese es el nuevo marco jurídico que rige la vida de los bolivianos.

En todo caso, estas declaraciones de Morales en el exterior, debieran permitirnos por lo menos preguntarnos: ¿Creerá el Presidente Morales, que declarándose marxista, comunista y leninista a nivel internacional, le hace bien a la imagen de Bolivia? Pero pudiéramos ir más allá y preguntarnos: ¿Por qué, dirigentes, líderes políticos y sindicales, ideólogos, analistas y una gran parte de la intelectualidad boliviana, todavía "beben" de las doctrinas marxistas y leninistas en estos tiempos?

Todos ellos (y no son pocos) coinciden en sostener que para resolver los problemas de la sociedad, los obreros y sus aliados deben derrotar a sus enemigos de clase, única vía por la cual, será posible implementar el  "programa revolucionario de cambio" que permitirá alcanzar niveles de bienestar. La consigna "los obreros al poder", parte de suponer que una vez que ellos (los revolucionarios) triunfen, todo cambiara, para bien. En los últimos años, la versión criolla del marxismo boliviano, ha sustituido al sujeto revolucionario (el obrero) por el "campesino, indígena originario"; esquema que - aún con la variante - tiene el principal propósito de lograr la derrota de sus enemigos de clase y el desmoronamiento de estado burgués. Ellos creen, que una vez que esto suceda, todos los males que sufre la sociedad (pobreza, injusticia, discriminación, baja producción, etc., etc.) serán superados, casi de manera natural. El bienestar, lo dan por descontando, post revolución.

Con esa lógica, en 1917 Lenín instauró la Unión de Republicas Soviéticas Socialistas (URSS) que luego de 70 años se derrumbó como un castillo de naipes en 1989, junto con el muro de Berlín; con las misma que Mao Se Tung, en 1949 instauró la "revolución cultural" en China, hasta que fue inevitable la apertura que se produjo hace 20 años (1989) después de la masacre de Tian'anmen; con la que Fidel Castro, convirtió la isla de Cuba en una prisión desde 1959 hasta nuestros días, momento en el que la comunidad internacional, hoy le brinda al "régimen castrista" la oportunidad de emprender reformar, si no quiere sucumbir ante la realidad. Ese es "el camino revolucionario" (diríamos de ida), del que éstas sociedades, están intentando volver y, al que - de una manera irreflexiva e ingenua - los bolivianos estamos apunto de embarcarnos.

Entonces debiéramos preguntarnos: ¿por qué, estas ideas - claramente anacrónicas e inadecuadas para resolver los problemas de las sociedades - aún son capaces de movilizar a la gente en nuestro medio? En mi criterio, esto se debe a dos factores, que combinados, hacen posible que aún tengan el éxito discursivo que tienen. Por una parte, las evidentes condiciones objetivas de subdesarrollo en las que nos encontramos, mismas que se expresan fundamentalmente en los altos niveles de pobreza y desigualdad, así como en los bajos niveles de producción y productividad que han acabado convirtiéndose en un círculo perverso y; por otra, en una tardía y precaria aproximación a las corrientes de pensamiento que se han generado a nivel mundial en las últimas décadas, provocando que las élites intelectuales locales, aún se muevan con conceptos e idearios obsoletos y superados.

Diríamos que los intelectuales de éste país (no todos, pero una gran mayoría), están queriendo resolver los problemas estructurales de la sociedad boliviana, sobre la base conceptos y doctrinas del siglo XIX; mismas que como hemos visto, parten de suponer que se puede encarar procesos de desarrollo, recurriendo a la violencia.

Sólo a efectos de comparar lo que nos proponen los  "inteligentes" ideólogos marxistas bolivianos, les voy a referir los que en 1995 señalaba un documento firmado por el Secretario General de las ONU de ese entonces, Boutros Ghali. El sostenía en un informe titulado "Una Agenda para el Desarrollo"  que el desarrollo era impensable, si no cumplía los siguientes requisitos: 1) La Paz, como el escenario indispensable  para encarar el desarrollo; 2) La Economía, como el artefacto que debe permitir el progreso y la generación de riqueza; 3) El Medio Ambiente, como la base para la sostenibilidad del desarrollo; 4) La Justicia, como el pilar de la convivencia pacifica entre todos y; 5) La Democracia, como la practica del buen gobierno.

¿Que les puedo decir? Saquen ustedes sus propias conclusiones. Para mí, queda claro que con marxismo, comunismo y leninismo, estamos lejos de construir una sociedad democrática, con equidad y desarrollo que es lo que necesitamos con urgencia, para superar nuestros problemas estructurales.

(*) Director de A. C. Cramer

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