Por: Carlos Cordero Carrafa *

La elección del Presidente en el Congreso, un mecanismo muy a la boliviana, evitaba la segunda vuelta electoral y obligaba a los partidos a establecer acuerdos.

Es un mecanismo al que recurren los sistemas democráticos para resolver una situación de virtual empate entre candidatos o cuando dichas candidaturas no alcanzan la mayoría de votos requerida en la norma electoral. La mayoría que se exige suele ser la mitad de sufragios válidos más un voto (50% más uno) o como corresponde al caso boliviano del presente, el 40% de la votación y una diferencia con los votos de la organización política siguiente de por lo menos 10% de sufragios (40%-10%). Si los resultados electorales no arrojan un ganador con cualquiera de estas alternativas, se recurre a la segunda vuelta electoral. Una segunda competencia electoral entre los dos candidatos más votados.

La segunda vuelta electoral se incorporó en nuestro ordenamiento jurídico con la aprobación del nuevo texto constitucional (25 de enero de 2009). Antes de la vigencia de la segunda vuelta regía en nuestro país la segunda vuelta en el Congreso de la República, esto es, la elección del Presidente con los votos de los parlamentarios electos. Esto era posible en el marco del polémico artículo 90 de la antigua CPE, norma que se instituyó en el siglo XIX y en la Constitución de 1868 (Art. 63).

La práctica de la segunda vuelta congresal para la elección presidencial dio lugar al aforismo "el ciudadano vota pero no elige", el cual fue utilizado para descalificar la democracia y la política de pactos, así como para la construcción de la precaria teoría del presidencialismo parlamentarizado o del presidencialismo híbrido, que tantos libros y consultorías generó en las décadas de los 80 y 90.

La elección del Presidente en el Congreso, un mecanismo muy a la boliviana, evitaba la segunda vuelta electoral y obligaba a los partidos a establecer acuerdos políticos. Estos pactos permitieron en 1989 elegir a la candidatura que ocupaba el tercer lugar en la votación ciudadana (Jaime Paz con el MIR y el 21,8% de los votos). Elección perfectamente legal, pues la CPE establecía que se podía seleccionar al Presidente de entre las tres candidaturas más votadas. La crítica fue descalificadora y provocó que en la reforma constitucional de 1994 se conservara el artículo 90 y la segunda vuelta congresal, pero sólo para elegir entre las dos candidaturas más votadas.

Con la eliminación de la segunda vuelta congresal, el sistema de gobierno ha perdido el matiz parlamentario que tenía y ha girado hacia un presidencialismo más puro o rígido. Otro elemento que refuerza el presidencialismo es la paulatina disminución de diputados plurinominales, pues el incremento de diputados uninominales conduce a un sistema de partidos políticos de rasgos bipartidistas que se sustenta electoralmente en la mayoría simple de votos. Hoy existen 60 diputados plurinominales, pero por la creación de siete circunscripciones especiales indígenas los diputados plurinominales han disminuido a 53. Entonces son 77 "unis" y 53 "pluris".

Según la votación de 2005, el MAS y Podemos concentran el 82% del total de votos válidos. La característica de los resultados electorales entre los años 1979 y 2002 fue la fragmentación político-partidaria. A partir de 2005 es la concentración bipolar. La aplicación del modelo 40%-10% inhibe la aplicación de la segunda vuelta electoral y refuerza tanto el presidencialismo como el bipartidismo.

* Politólogo y catedrático

ccordero@estudiosdemocraticos.org

http://www.laprensa.com.bo/noticias/13-05-09/13_05_09_opin1.php