El auto del Presidente
el 11 abr En: POLITICA Y DEMOCRACIA NUEVA CONSTITUCION - sin comentarios
José Antonio Aruquipa Z.*
El Presidente quiere ganar la carrera diciembre sin correr. No es por flojera. Es porque el vehículo electoral que lo llevó hasta Palacio Quemado tiene las cuatro llantas pinchadas.
La rueda delantera derecha, la que representaba la "nacionalización", quedó hecha flecos por el desgaste de la corrupción. A esta altura del partido nadie duda que quienes eligieron a Santos, escogieron en realidad al Barrabás del cohecho, el engaño y la traición a la patria, como establece la nueva Constitución.
Los hechos han demostrado que quienes enarbolaron la bandera de la "recuperación" de los hidrocarburos ocultaban detrás de ese símbolo las uñas mugres que perpetraron la usurpación de los recursos de los bolivianos.
Con el hombre emblema de la "nacionalización" encarcelado, el Gobierno se debate ahora en la disyuntiva de proseguir con la investigación o socapar a los responsables con tal de frenar la condena popular.
Sancionar es peligroso (pueden rodar más cabezas o revelarse más santos-vínculos); socapar es costoso (la gente ya cree menos en la "revolución moral" del MAS).
La rueda delantera de la izquierda que sostenía la denominada "refundación" de Bolivia a través de la Asamblea Constituyente terminó más perforada que arco argentino. Las injerencias, cercos de Surcos y circos de levantamanos redujeron la esperanza de un pacto social a la evacuación de un texto ilegal que finalmente tuvo que ser desinfectado en el Congreso.
En otras palabras, la promesa de la "refundación" de Bolivia se restringió a la aprobación de una Constitución Política cuestionada en su legitimidad por sus detractores y paradójicamente violada desde su promulgación por sus progenitores.
Tenemos nueva Constitución, pero persisten la exclusión, la discriminación y la desigualdad. Los indígenas que reclamaban inclusión, ahora son segregados por el entorno Palaciego involucrado en la corrupción.
La rueda trasera derecha del vehículo electoral presidencial tenía la marca de la garantía de la paz social. "Controlamos a los movimientos sociales", aseguraba el Vicepresidente. Pero los que usaron el bloqueo para llegar al Gobierno terminaron bloqueados por la incapacidad para resolver los mismos problemas sociales que usaron como pliego de demandas.
Las protestas, las marchas y los bloqueos de los genuinos movimientos sociales han vuelto a las calles; Bolivia ni La Paz tienen paz y las críticas crecen como alud que no escucha el "Gobierno incapaz".
La cuarta ruedita trasera izquierda reflejaba la promesa de "cambio"; cambio en la forma de administrar el país. "Los neoliberales saquearon este país", decían los prometedores del cambio. Algunos, más imaginativos, aseguraban que Bolivia ingresaba en un nuevo rumbo revolucionario porque "la reserva moral" de la patria había tomado las riendas del Estado.
Pero esa llanta también quedó destrozada. El nepotismo, el tráfico de avales, el abuso de poder y el prebendalismo masista hicieron jirones de la fibra de credibilidad que la gente depositó en la promesa de cambio.
El Gobierno no se ruboriza por los hijos, hermanos, convivientes, concubinos y tías y sobrinas que comparten los privilegios del poder en oficinas jerárquicas de la administración pública.
Con un vehículo en esas condiciones, se entiende que el piloto tenga miedo de competir sin hacer trampa.
*José Antonio Aruquipa Z.
es periodista y ex constituyente por Podemos.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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