Gonzalo Chávez A.*

Si frente a esta crisis sigue gastando en chairos y chelas, y no se priva de sus gustitos financiados con sus ahorros... es keynesiano.

Frente a la grave crisis recesiva que vive el mundo, ha resurgido con mucha fuerza el pensamiento keynesiano. De la noche a la mañana, todos se han convertido en seguidores de Lord Keynes, incluso el otrora ultraneoliberal Fondo Monetario Internacional viene haciendo guiños a las ideas de este pensador inglés que vivió entre los años 1883 y 1946.

De una manera muy general y simplificada, el pensamiento económico de Keynes se resume en cuatro pilares. Aquí sigo la excelente introducción a La teoría general del empleo, el interés y el dinero, elaborada por Paul Krugman, último premio Nobel de Economía. La teoría general es un libro más importante escrito por Keynes y contiene las ideas básicas que ayudaron a salir al capitalismo de la gran crisis de los años treinta. El texto de Krugman está en la siguiente página web: http://www.pkarchive.org/economy/GeneralTheoryKeynesIntro.html.

1) Las economías sufren de falta de demanda agregada, lo que lleva a un desempleo involuntario. Máquinas, tierras y personas paradas se explican porque no existe el suficiente nivel de consumo en la economía. Claramente, la oferta no crea, automáticamente, su propia demanda, como sostenía el pensamiento económico dominante en los años treinta. 2) Las economías tienen la tendencia automática a corregir estas deficiencias en la demanda agregada, cuando los mercados funcionan adecuadamente, cosa que en la práctica ocurre en muy pocas oportunidades. Sin embargo, estos mecanismos, cuando funcionan, lo hacen de manera lenta y dolorosa. En la visión neoliberal, las recesiones son como los purgantes, feos y amargos, pero necesarios para corregir las ineficiencias de las empresas y otros agentes económicos. 3) Al contrario de lo anterior, la administración de las políticas macroeconómicas pueden incrementar la demanda agregada y así reducir rápidamente el desempleo, sin que las economías tengan que pasar por el purgatorio de la recesión. 4) En algunas ocasiones, la política monetaria expansiva, vía reducción de la tasa de interés, no es suficiente para persuadir al sector privado a que invierta. En esos casos, el Gobierno debe entrar en cancha a través del aumento tanto de la inversión como del gasto público.

En suma, podemos decir que Keynes creía que cuando la economía se encuentra en el sótano, se debe estimular la demanda agregada, es decir, impulsar políticas anticíclicas. Hasta aquí, suena sencillo y fácil de hacer. Pero si bien la receta es conocida, los problemas están, por un lado, en el mix de instrumentos que se utilizan para implementar los estímulos fiscales y, por otro, en la fuente de financiamiento del gasto.

En un sentido amplio, si alguien se sube a un helicóptero, que puede ser venezolano o no, y desde el aire comienza a lanzar dinero o cheques a la gente, podría ser calificado de keynesiano; incluso, algunos le dirán revolucionario. Si otro gobernante decide bajar los impuestos a las empresas y las personas, también se podría decir que arrastra un ala por Lord Keynes. Asimismo, si el administrador público impulsa la construcción de escuelas, hospitales, carreteras y otra infraestructura, del mismo modo podría estar en la comparsa carnavalera de los keynesianos de gran corazón. Si comienza a gastar recursos aumentando salarios a diestra y siniestra, o crea bonos para los jóvenes, las viudas y los que sufren por amor, también podría ponerse la camiseta del economista inglés. Si el Banco Central bajas sus tasas de interés de manera radical, igualmente podríamos identificarlas como políticas keynesianas. Al final, si frente a esta crisis usted sigue gastando en chairos y chelas, y no se priva de ninguno de sus gustitos financiados con sus ahorros, de la misma manera es un keynesiano. Por lo tanto, ante esta avalancha de posibilidades de estímulos fiscales y acciones keynesianas, un simple mortal se preguntará: ¿Cuál es el conjunto de políticas más efectivas?, ¿qué camino se debe seguir? Un keynesiano electoral, usando el helicóptero; uno más popular, en base a transferencias para los más pobres; otro keynesianismo, de perfil elitista con beneficio a bancos y empresas, pues el secreto de las políticas de estímulos de la demanda agregada está en la combinación adecuada de los instrumentos y en las dosis a ser usadas. Es decir, es aquí donde vive el peligro.

En la práctica, cuando se comienzan a manipular o administrar las políticas que afectan la demanda agregada, se comprende mejor aquella frase que aconseja besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe de la reactivación económica. Por supuesto, en el camino uno lamerá batracios feos y melosos, que pueden llevar a la economía no al paraíso de crecimiento, sino al infierno de la inflación. Así que no se trata de salir atrás de los rococos impulsado por una fiebre electoral y populista. Besar sapos es todo un arte y requiere de serenidad y mucha responsabilidad de parte de los encargados de las políticas públicas.

El otro problema clave es cómo financiar los estímulos fiscales. Ciertamente, la primera tentación puede ser comenzar a imprimir dinero, pero ésta es una pésima idea que acabará produciendo una hiperinflación. El Gobierno tendrá que comer un anfibio enorme. La mejor opción es usar recursos ahorrados justamente para estas ocasiones. Muchos países tienen fondos especiales o han acumulado superávits fiscales. Otro camino es el endeudamiento interno, pero, para los críticos de las políticas keynesianas, esto es simplemente pasarles la factura de la farra de la crisis a nuestros hijos y nietos. En el futuro, el príncipe volverá a ser un sapo, mucho más feo y barbudo inclusive.

*Gonzalo Chávez
es economista.