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15 Febrero 2009

El desarrollo se aleja más del área rural

Publicado por: La Prensa - Revista (La Paz - Bolivia)

Por: Erick Ortega Pérez

Un reciente estudio económico revela que la pobreza extrema en el campo ha ido en aumento. Hay más de 380.000 personas que se vieron sumidas bajo esta condición en el nuevo siglo. Charazani y Curva, dos municipios paceños, son ejemplos de este flagelo que se pretende aplacar con el Plan de Erradicación de la Extrema Pobreza

Ramón Supu está casado con Rosenda Caapa y juntos comparten una vida. Cuando la revista los encuentra cerca de Santa Rosa de Caapa, ambos vuelven del chaco a su hogar. La mujer está descalza y conserva una sonrisa que arrastra más allá de la edad; tiene 54 años. También porta un coqueto sombrero adornado por una flor morada de plástico. En la espalda lleva atado un aguayo con plantas que le van a servir para prepararse un jarro de té, alimento que en esta zona es sólo un líquido calentado con leña. Ambos conviven con una habitante más de su región: la pobreza.

En Bolivia hay aproximadamente seis millones de habitantes sumidos en la pobreza. De ellos, más de 3,7 millones son denominados "extremadamente pobres"; de los cuales 2.246.087 se hallan sólo en el área rural. El reciente estudio de la Fundación Jubileo, presentado el pasado diciembre y con datos de 2007, revela que estas cifras han ido en franco aumento durante los primeros siete años de este siglo XXI.

Ramón y Rosenda ya están acostumbrados a la pobreza. Él tiene su aguayo y una hoz artesanal en el cinto. Hace tiempo se tomó la molestia de encorvar la hoja de un cuchillo y unirla a un pedazo de madera para cortar con mayor facilidad la hierba que crece en su terreno. Tras medio siglo de existencia en el lugar, luce cansado al comenzar la tarde del miércoles 29 de enero de 2009.

"Nuestra casa es de paja", cuenta Ramón. Su hogar tiene el techo de dos aguas cubierto con este material, el piso de tierra y las paredes de adobe. La vivienda tiene un par de cuartos donde habitan él, su esposa y cinco de sus 12 hijos. A guisa de colchones usan cueros de oveja sobre el suelo. Y en vez de cocina hay una pequeña habitación donde sólo cabe un par de personas en cuclillas para atizar con leña el fogón.

Por las noches hace frío en Santa Rosa de Caapa, poblado ubicado en el municipio General Juan José Pérez, más conocido como Charazani, en la provincia Bautista Saavedra del altiplano paceño. El sitio vive prácticamente bajo la atenta mirada de los cóndores que merodean estos cielos. En la tierra hay zorros, perros y, sobre todo, auquénidos.

Domingo ingresó en Santa Rosa de Caapa y Wila Cota, en Charazani, y Kalaya y Upinhuaya, en la comuna de Curva, para conocer de cerca estas comunidades que tienen a más del 80 por ciento de sus habitantes sumidos en la extrema pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística. Un problema que se extiende con el pasar de los años por el territorio rural boliviano y que, después de tres años de gestión de Evo Morales, se pretende combatir con un plan gubernamental.

"sólo para la barriga"

Dos niños juegan en Wila Cota, aldea que emerge casi al llegar a Charazani. Están sucios. El pequeño, de unos cinco años, traslada tierra en su carrito de juguete y la niña, un poco menor, usa las manos para dar forma al barro. Ha llovido y, de pronto, ella tiene sed. Ahuecando las manos, se inclina y bebe un sorbo del charco color tierra. Hace el movimiento como si fuera algo normal. Por el sitio no hay vestigios del agua potable.

Un par de horas antes, Lucio Palluca muestra orgulloso su catre de madera. Está orgulloso porque es uno de los privilegiados de Upinhuaya, comarca del municipio de Curva, porque no duerme sobre el piso, sino que extiende los cueros de oveja encima de su cama. El ambiente no tiene cables, interruptores ni focos. No los precisa, porque en la localidad la energía eléctrica es inexistente, y la noche es más oscura en la habitación de paredes de adobe de Lucio.

Los villorios que viven en la extrema pobreza carecen de necesidades básicas satisfechas, es decir, no cuentan con luz artificial, agua potable, salud, educación... En resumen, los más de dos millones de campesinos "extremadamente pobres" no poseen estos servicios básicos dotados por el Estado.

Según Jubileo, la pobreza no implica sólo la falta de ingresos o de desarrollo humano o de servicios básicos, sino que "también es un problema desde el enfoque de la privacidad de los derechos, como la vulnerabilidad e incapacidad de hacerse escuchar, falta de poder, de representación, participación, protección y seguridad social, que debieran ser garantizados a través del Estado".

Otro parámetro que ayuda a comprender quiénes forman parte del grupo de "extremadamente pobres" es la carencia de recursos económicos: los estudios de Jubileo indican que estas personas ganan menos de un dólar diario. Dicho en palabras de Rosenda Caapa, las ganancias de lo que trabaja son "sólo para la barriga". Pero para la extrema pobreza también importa lo que una persona se lleva a "la barriga". Veamos.

Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Unidad de Análisis de Políticas Sociales de Bolivia, la pobreza extrema se define a partir de la construcción de una Canasta Básica de Alimentos, la cual se elabora sobre la base de una suma de productos que son suficientes para proporcionar una adecuada alimentación en calorías, proteínas y otros nutrientes. Es que la cantidad de alimentación está en directa relación con la masa corporal promedio de los individuos y su actividad física.

La especificación de los productos de dicha canasta para la zona urbana está elaborada en relación con el Índice de Precios al Consumidor y tiene un valor promedio de 210,6 bolivianos (casi 30 dólares) mensuales por persona; en tanto que para el área rural el valor es de 167,6 bolivianos (casi 24 dólares) mensuales por persona.

O sea, el costo mínimo de lo que un campesino debe llevarse a "la barriga" bordea los 24 dólares al mes, y los que superan ese gasto salen del grupo de los "extremadamente pobres". Pero esto no sucede en las aldeas circundantes de los centros poblados de los municipios de Curva y Charazani; ahí la alimentación está debajo de la barrera de los 24 dólares, y figuran en el mapa de comarcas bolivianas de Jubileo que padecen este flagelo económico. Como dice Rosendo Caapa, en Santa Rosa se nutren sobre todo gracias a su "cosecha de papa" y a veces "con tunta y chuño". Una constante que se repite en los otros villorios visitados: Wila Cota, Kalaya y Upinhuaya.

A la hora de variar su alimentación, por ejemplo, los de Upinhuaya deben recurrir cada fin de semana al villorio principal de Charazani. El viaje es en burro y dura unas tres horas y media; el transporte público escasea. Allí intercambian sus tubérculos con pobladores de tierras que siembran maíz y otros productos. La sal, el azúcar y el aceite son los artículos de primera necesidad requeridos. El trueque se repite cada siete días.

Víctor Hugo Bacarreza, coordinador del Programa Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, explica que los afectados por la extrema pobreza rural igualmente están obligados a sopesar otras carencias colaterales. "Tienen problemas de integración caminera, sus terrenos no son del todo aptos para el cultivo, viven bajo amenazas de inundaciones o con el peligro de desastres naturales. Además son personas que no tienen otras alternativas económicas para salir de esa situación".

Las cifras rojas

Andrés Challco es oriundo de Kalaya, localidad del municipio de Curva. Él es pesimista respecto del presente y el futuro de su comarca, apta para la crianza de alpacas, llamas y ovejas. Sin embargo, sus expectativas económicas han quedado pospuestas por las plagas que se hallan en el orden del día y, últimamente, por un bicho del tamaño y el grosor de la hoja de coca que se ha incrustado en el corazón de los animales, que mueren al tercer día de agonía.

"El corazón se les empieza a hinchar, están cansados y sólo quieren comer, dormir y tienen sed; ya no caminan ni corren". En un par de meses, más de 40 de los casi dos centenares de auquénidos existentes en Kalaya perdieron la vida a causa de este bicho conocido como t'allpalaqo, el que ocasiona la fasciola hepática. O sea, aparte de no contar con apoyo de planes productivos por parte de su municipio y del Estado, los kalayeños están condenados a la pobreza por culpa de lo que Andrés denomina "una maldición".

La lucha contra la pobreza extrema es una pendiente que cuesta escalar a los estantes de los villorios aledaños de Charazani y Curva. Más aún, esta escalada es difícil para más de dos millones de habitantes rurales en Bolivia. Así lo demuestra el más reciente informe de Jubileo, que toma como base los datos de los estudios de la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (UDAPE) y el Instituto Nacional de Estadística durante cuatro gestiones.

En 2001 había 8.274.325 personas en territorio boliviano, de las cuales 3.051.571 eran consideradas "no pobres", 5.222.754 estaban catalogadas como "pobres" y, de esta última cifra, 3.213.748 eran "extremadamente pobres". Específicamente en el área rural existían 3.109.095 campesinos, de los cuales 693.639 eran "no pobres"; 2.415.456, "pobres" y entre estos últimos, 1.856.441 eran "extremadamente pobres". Estos guarismos fueron en ascenso cuatro años después.

En Bolivia vivían 9.427.219 personas en 2005, de las que 3.715.575 eran denominadas "no pobres"; 5.711.644, "pobres" y, de éstos, 3.597.804 eran "extremadamente pobres". En el campo había ese año 3.371.827 comunarios: eran "no pobres" 755.438, estaban considerados "pobres" 2.616.389, y de éstos, 2.120.770, "extremadamente pobres".

En 2006, año de la asunción al poder de Evo Morales, los estantes en Bolivia ascendieron a 9.627.269. Del total, 3.858.512 eran "no pobres"; 5.768.757, eran "pobres" y, del último número, 3.627.333 pertenecían al grupo de "extremadamente pobres". En la zona rural vivían 3.443.379 personas; 810.099 eran "no pobres"; 2.633.279 eran "pobres" y de éstos, eran "extremadamente pobres" 2.143.349. Según lo expuesto, la tendencia de los indicadores también apuntó hacia arriba.

Los más recientes guarismos son del 2007. En esa gestión, la población boliviana aumentó a 9.827.522 habitantes (200.000 más que el año pasado): 3.921.181 eran "no pobres" (62.699 más que en 2006); 5.906.341 eran "pobres" (137.584 más que una gestión antes) y, de éstos, 3.704.976 eran "extremadamente pobres", o sea, este último índice ascendió en 77.642 personas.

¿Y qué pasaba en el campo? En el área rural, en 2007, los pobladores ascendieron a 3.515.003 (o sea, hubo un aumento nacional de 71.624 habitantes): 797.906 eran "no pobres" (llama la atención que esta cifra es la única que descendió en 12.193 con relación al año 2006); 2.717.097 eran "pobres" (83.818 más que una gestión antes) y, de éstos, 2.246.087 eran denominados "extremadamente pobres"; en este último dato, el guarismo subió en 102.738.

Para Jubileo, uno de los factores más relevantes de estos números es la subida de la extrema pobreza en la zona rural de 2001 a 2007. En total hay 389.646 nuevos "extremadamente pobres" durante ese periodo.

Más aún, entre 2006 y 2007 hubo un ascenso del 62,25 al 63,90 por ciento, respectivamente, en el mismo rubro: hay 102.738 nuevos "extremadamente pobres" (más datos en infografías de esta página).

Las limitaciones municipales

De acuerdo con datos del Ministerio de Planificación del Desarrollo, la lucha contra la pobreza es alimentada con recursos provenientes del alivio de la deuda externa HIPC I y II, los que suman 2.680 millones de dólares hasta 2045. Cada año, parte de este dinero va a parar a las billeteras de los 327 municipios de la nación, bajo condición de que se aminore la brecha económica entre "no pobres" y "pobres". Y las arcas de estas comunas se engrosan igual con los billetes que provienen de la Participación Popular y el Impuesto Directo a los Hidrocarburos.

Pero a pesar de esto, según Jubileo, los números rojos van en ascenso en cuanto a los "pobres" y "extremadamente pobres", sobre todo en las comunas rurales. Casi nada se ha caminado; más bien se va a paso de cangrejo. El director de esta fundación, Juan Carlos Núñez, tiene su explicación sobre el poco avance en la erradicación de este tema: "Es un problema de gestión, no existe capacitación para que los municipios le otorguen un buen uso a sus recursos".

Un indicador de que las gestiones económicas ediles no tienen un nivel óptimo involucra a la ejecución presupuestaria. En el estudio En qué gastan los municipios, de la Federación de Asociaciones Municipales, por ejemplo, se muestra que las alcaldías no cubren por completo sus metas de inversión. Tomando informes de 2007, concluye que 90 por ciento de las comunas no llegó al 100 por ciento de su ejecución.

Los números que importan a la familia Supu Caapa, Lucio Palluca y Andrés Chalca señalan que, en dicha gestión, en el municipio de Charazani se ejecutó el 79,17 por ciento de lo presupuestado; entonces, el 20,83 por ciento de su presupuesto fue revertido al Estado. Y en la Alcaldía de Curva se ejecutó el 89,6 por ciento, y por ello resultó revertido el 11,4 por ciento de su presupuesto.

Además, sostienen Núñez y Bacarreza, existe la dificultad de que lo invertido por los municipios del campo no tiene buen destino porque los alcaldes prefieren subvencionar canchas de fútbol o infraestructura municipal en vez de proyectos productivos que puedan dar respuestas integrales a las limitaciones económicas. Esto, dice Núñez, lleva a "malas gestiones". Mientras, Bacarreza usa la siguiente metáfora para solucionar este asunto: "Es preferible enseñar a pescar que dar directamente el pescado".

En el caso de Charazani y Curva, sus representantes ediles se quejan porque el dinero que reciben del Estado no les alcanza para cubrir las necesidades primarias de las comarcas. Luis Yanahuaya, concejal charazaneño, subraya que la plata que llega a las arcas del municipio es dividida entre sus 48 comunidades "por igual" y no hay mucho para aprovechar; y aparte la Alcaldía no genera ingresos suficientes para engordar las inversiones locales. Un déficit recurrente.

Por ejemplo, según la Federación de Asociaciones Municipales, en 2007 el Tesoro General de la Nación entregó a Charazani 6.129.094 bolivianos, y en contrapartida su Gobierno local "generó" 14.000 bolivianos por la venta de bienes y servicios, cobró 9.600 en impuestos y recibió 5.600 bolivianos en tasas de derechos y patentes. En total recaudó apenas 29.200 bolivianos.

En Curva, los guarismos son más franciscanos. El alcalde Mario Callampa dice que el dinero percibido dista mucho para cubrir las necesidades de los casi mil habitantes y las 11 comunidades bajo su jurisdicción. Este municipio recibió 1.829.993 bolivianos en 2007, pero logró cobrar 35 bolivianos en impuestos y 4,90 bolivianos en tasas de derechos de patentes. O sea, por su cuenta logró 39,90 bolivianos en un año.

No obstante, en el acápite de gastos, ambos municipios destinaron el mayor porcentaje de sus presupuestos a los rubros de salud y educación; los gastos más comunes involucran la construcción de aulas escolares, la entrega del Bono Juancito Pinto y el Seguro Universal Materno Infantil (SUMI). Pero igual la pobreza sube con el pasar de los años, especialmente en los poblados periféricos.

"No tenemos proyectos (productivos o económicos) para llevar adelante; además necesitamos financiadores y somos un municipio muy pequeño; por eso no podemos llegar como quisiéramos hasta las comunidades alejadas. Apenas estamos con el programa Nutribebé y el SUMI", opina Callampa. Por su parte, el concejal de Charazani indica que su comuna recién ha empezado a invertir en electricidad para los más de 1.800 pobladores. La aldea central de este municipio sí goza del servicio; no así los villorios aledaños que pertenecen a su circunscripción.

En resumen, estos sitios sobreviven casi exclusivamente con la plata que les otorga anualmente el Poder Ejecutivo, en total casi ocho millones de bolivianos. A la par, Yanahuaya y Callampa coinciden en que sólo les queda pedir más ayuda económica al Tesoro General porque la pobreza en la que están sumidas sus aldeas les impide acceder a más ingresos para sus alcaldías. "Estamos a la espera de que el Estado nos apoye con proyectos de desarrollo", culmina la autoridad de Charazani. Pero ¿hay algún plan para paliar esto?

Políticas "antipobreza"

El domingo 22 de enero de 2006, Evo Morales Ayma juró a la Presidencia de Bolivia y en la parte final de su discurso expresó: "Por eso, un desafío, un deseo, una propuesta: todos, sean militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) o no sean militantes del MAS, si sentimos de esta tierra, de nuestra patria, de nuestra Bolivia, tenemos la obligación de industrializar todos nuestros recursos naturales para salir de la pobreza". A los tres años de ello, los números de la pobreza han ido en aumento y la industrialización es un proyecto que sólo figura en los papeles.

Para esta gestión, el Gobierno, a través del Ministerio de Planificación del Desarrollo, que estuvo hace poco a cargo de Carlos Villegas, delineó el Plan de Erradicación de la Extrema Pobreza, que consta de cinco ejes: mejora de los niveles nutricionales a través de transferencias monetarias; servicios sociales; vivienda y servicios básicos; desarrollo productivo; y gestión integral comunitaria. El programa apunta principalmente a reducir las cifras rojas en el área rural.

El primer eje establece como metas el mejoramiento de los niveles nutricionales de los menores y sus familias a través del incremento de los ingresos económicos de los hogares, "revitalizando las formas sociales y culturales de consumo de alimentos". Para ello se creará el Bono Familia, que transferirá 100 bolivianos a las parentelas que tengan un hijo menor de seis años; y aparte se otorgará un bono de 25 bolivianos por cada niño adicional, hasta el cuarto descendiente.

Respecto del acápite de servicios sociales: educación, salud y justicia, el Gobierno plantea la entrega de material escolar para niños que cursen de primero a octavo de primaria; un sistema de transporte escolar para los menores que habitan zonas alejadas; desayuno y alimentación suplementaria escolar en los niveles inicial y secundaria; la implementación de una red de ciudadelas estudiantiles, de huertos escolares y talleres artesanales, de institutos técnicos articulados a la matriz productiva, y el mejoramiento y estímulo a la formación docente.

Sobre el tercer eje, el Estado propone "mejorar las condiciones de vivienda y habitabilidad de las comunidades rurales pobres, en función de sus capacidades y potencialidades, reduciendo la incidencia de afecciones relacionadas con el hacinamiento y la carencia de servicios básicos dignos y el cambio climático". A la par, el mejoramiento de "los pisos, paredes y techos de las viviendas rústicas preexistentes ampliando dormitorios adicionales si fuera necesario", lo mismo pasaría con las cocinas; y dotarlas de agua potable, saneamiento básico, electrificación y telecomunicaciones.

En cuanto al rubro del desarrollo productivo, el objetivo general es lograr que las aldeas pobres extremas del ámbito rural mejoren su alimentación y nutrición y que incrementen sus ingresos económicos. Asimismo, se postula el fortalecimiento de la producción tradicional local de autoconsumo y su diversificación para lograr una "dieta alimenticia sana, nutritiva y adecuada a la realidad cultural de las comunidades".

El último pilar del plan, la gestión comunaria integral, busca el desarrollo de las capacidades públicas, gerenciales, técnicas y operativas de las organizaciones comunitarias y sociales con identidad cultural. Tiene prevista la creación de "bancos comunales, estrategias de comunicación comunitaria (donde también se plantea crear una red de radios contra la pobreza, entre otras innovaciones) y laboratorios fitoterapéuticos con organizaciones de médicos tradicionales", y para lograr esta misión se plantea la construcción y el equipamiento de laboratorios, y la producción y la comercialización de derivados de plantas medicinales y aromáticas.

 http://www.laprensa.com.bo

Tags: pobreza

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