Armando Méndez Morales

De estas cuatro contradicciones, de temer son las dos primeras, porque son espaciales y étnicas... llevan gérmenes secesionistas...
Si algo se puede sacar en limpio, luego del referéndum revocatorio de mandato para el Presidente y los prefectos en fecha 10 de agosto del 2008, y del referéndum constituyente llevado a cabo este domingo, es el hecho de que las contradicciones en la sociedad se han agudizado y una indeseada probable segmentación del país en el futuro no se la puede descartar.

Cuatro son las contradicciones que, consciente e inconscientemente, el gobierno del MAS ha ido acentuando desde que es gobierno, a título de "revolución democrática", entendida como la imposición de una mayoría sobre las minorías. La primera es la contradicción oriente y occidente del país; la segunda, entre indígenas y no indígenas: la tercera, entre campo y ciudad y, finalmente, la última, que está presente en toda sociedad atrasada, es entre gente pobre y no pobre.

La expresión de estas cuatro contradicciones es la polarización que está viviendo el país entre quienes son parte o comparten la visión ideológica del presidente Morales y del MAS, y de quienes no. Si partimos de los departamentos donde el MAS es abrumadoramente dominante, que son los de La Paz, Potosí, Oruro y Cochabamba, que constituyen la parte occidental con un 57% de la población y que posee el 32% del territorio nacional, frente a los demás departamentos donde no lo es, que se puede calificar como la parte oriental y que abarca el 43% de la población (incluida Chuquisaca) asentada en un territorio que significa el 68% del total, se tiene la primera y más peligrosa contradicción, porque de acentuarse lleva en su seno el germen de secesión del país, en el futuro, y en estos dos bloques.

La segunda contradicción, menos nítida que la anterior, se daría entre indígenas y quienes no se consideran tales, y viene alimentada por aquella pregunta que hiciera, a la población mayor de 15 años, el Censo del año 2001, sobre la identificación de los bolivianos con sus ancestros, de lo cual se ha deducido, para el 2001, que una mitad de la población total se identificaba como población indígena y la otra mitad no. Sobre esto se ha escrito bastante y las posiciones están divididas, desde quienes sostienen que el 62% es población indígena hasta aquella que dice sólo el 20% lo es, porque la gran mayoría de los bolivianos son mestizos.

Considerando la información oficial, se concluye que los departamentos occidentales del país son los que tienen la mayor población de origen indígena, con un 66% de su total. En cambio, si consideramos sólo a los cuatro departamentos del oriente se concluye que, en esa región, la población con ancestro indígena es de sólo 20 por ciento. Esto lleva a la conclusión de que el occidente sería dominantemente indígena y el oriente no. Esto explicaría el éxito que tiene el discurso indigenista en el occidente y no así en el oriente. Por tanto, la contradicción entre el oriente y el occidente también reflejaría la contradicción entre indígenas y no.

Los datos oficiales señalan que el 66% de la población total boliviana es urbana frente a un 36% que es rural. Si agrupamos en términos de los dos bloques se concluye que el oriente es más urbano que el occidente y en una relación de 72% contra 62.

Finalmente, si hacemos referencia al indicador de pobreza, sobre la base del Censo de Población y Vivienda del 2001, se tiene el siguiente resultado: En términos nacionales el 58% sería pobre y el resto no. Si esta información se desglosa entre oriente y occidente, se concluye que la pobreza es mayor en los cuatro departamentos del occidente y con un 65% de su población. En cambio, para los otros cuatro departamentos la pobreza sería del 45%. Y la pobreza está concentrada mayoritariamente en el área rural.

Por todo lo expuesto, se puede concluir que los resultados electorales que se están observando en el último tiempo (referéndum revocatorio y luego constituyente) reflejan estas contradicciones. Por un lado, los resultados electorales de ratificación al presidente Morales y de apoyo a la nueva Constitución representan al occidente del país, a los indígenas, a los del campo y a los pobres. En cambio, el rechazo a Morales y a la nueva Constitución refleja al oriente, a los no indígenas, a las ciudades y a los no pobres.

De estas cuatro contradicciones, de temer son las dos primeras, porque son espaciales y étnicas. Ambas llevan gérmenes secesionistas que impiden la consolidación de un Estado, agravado porque la nueva Constitución rompe el pacto social anterior al querer imponer, a título de revolución democrática, la creación de un "Estado Plurinacional Comunitario" y mediante la imposición de una ocasional constituida mayoría sobre las minorías. Las otras dos están presentes en toda sociedad en su camino de modernización. La contradicción ciudad-campo se resuelve siempre a favor de la ciudad, y la contradicción pobre y no pobre se puede resolver paulatinamente mediante el desarrollo económico, complementada por políticas públicas de lucha contra la pobreza.

*Armando Méndez M.
es ex presidente del
Banco Central de Bolivia