Ocaso del nacionalismo revolucionario
el 18 ene En: POLITICA Y DEMOCRACIA NUEVA CONSTITUCION - sin comentarios

Armando Méndez Morales
Se equivocan quienes sostienen que la ideología del “nacionalismo revolucionario” llegó a su fin con el famoso D.S. 21060 de agosto del año 1985, o antes, con el advenimiento de los regímenes militares. Esta ideología ya estuvo presente en el país desde la primera mitad del siglo XX, pero adquirió preeminencia con la denominada revolución nacional de 1952. Los 18 años de gobiernos militares, que siguieron a los 12 de gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), continuaron con la vigencia de esta visión. El juvenil Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) se distinguió, en algún momento, por el postulado del “entronque histórico” con la ideología del MNR, por lo que participó activamente en la conformación de un frente liderado por el llamado Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI). Acción Democrática Nacionalista (ADN) es otra expresión de la misma ideología.
Hay que tener presente la respuesta que Víctor Paz Estenssoro dio a una periodista ante una pregunta sobre la pertinencia del DS. 21060. Él respondió que sería “una coyuntura” que duraría 20 años. Nunca sostuvo que se trataba de un cambio que fuese más allá del nacionalismo revolucionario. Se debe recordar que la dramática reducción de la gran empresa minera estatal, Comibol, no se debió al 21060 sino al gran desplome del precio del estaño, a nivel mundial, acaecido a fines de 1985.
Gonzalo Sánchez de Lozada, quien podría ser calificado como un presidente alejado del nacionalismo revolucionario, nunca renegó de su partido ni de su ideología. Él se autoproclamaba seguidor de Paz Estenssoro y creía en el “liberalismo social”. Eso sí, le tocó gobernar en los tiempos del denominado “Consenso de Washington”, después de la “década perdida” en desarrollo económico en América Latina de los años ochenta, por lo que se generalizaron ciertas ideas económicas prácticas, como: la liberalización de los mercados, los déficits fiscales bajos, la privatización de empresas públicas y la estabilidad macroeconómica.
El propósito del nacionalismo es la construcción del Estado nacional y el desarrollo económico basado en el “capitalismo de Estado”, también conocido como la “economía mixta”. Las ideas que se asocian a esta visión son: Dirección planificada del desarrollo productivo y políticas de desarrollo; promoción de la producción; compensación de las desigualdades por la vía legal; estado democrático y social de derecho; políticas de ocupación, tenencia y utilización de la tierra de acuerdo a “las necesidades productivas y de desarrollo armónico del país”; respeto y protección a la propiedad privada “en el marco del servicio social y económico del país”.
El MNR planteó que para conseguir el desarrollo económico también se requería la construcción del Estado nacional, ausente hasta entonces. Por esta razón, en lugar de plantear la clásica tesis marxista de “lucha de clases” se sustituyó por la alianza de clases, que en propiedad debía haberse denominado “alianza de culturas”, “alianza de pueblos indígenas” o “alianza de comunidades de pastores”. Pero esto no fue así, precisamente, por la influencia del marxismo, que ve como lo substancial en la historia de toda sociedad no lo cultural sino lo económico clasista. Sin embargo, hay que destacar que el nacionalismo revolucionario es una aplicación del marxismo que busca adaptarse a la realidad nacional, que entiende que se debe lograr la armonía social y no el conflicto “tribal”, para alcanzar el desarrollo económico, de ahí la consigna de “alianza de clases”.
Hay que destacar que el nacionalismo revolucionario se concibió como la antesala a la construcción del socialismo para sociedades atrasadas, feudales o de “pastores” lo cual exigía que reine la armonía social y no el conflicto. Siguiendo a la ortodoxia marxista, lo que se esperaba era que el nacionalismo revolucionario produjera el desarrollo de “las fuerzas productivas” mediante la construcción de un “capitalismo de Estado” y de una burguesía nacional industrial. Por esta razón, se mantuvieron los principios liberales de garantía a la propiedad privada, pero condicionada a que cumpla una función social, con el propósito de incentivar la acumulación de capital, única manera de desarrollar el capitalismo y la modernidad. Luego de esto, según los ideólogos del nacionalismo, vendría el socialismo y, como consecuencia de la inevitable contradicción de las dos clases antagónicas de la sociedad capitalista avanzada, “burgueses y proletarios”.
Lo que no pudieron hacer dos décadas de “gobiernos neoliberales”, el 25 de enero del 2009 se dará por finiquitada la Constitución Política del nacionalismo revolucionario que hasta ahora rige los destinos del país, pero no para construir la sociedad socialista añorada por Marx, sino para fundar un conflictivo “Estado plurinacional comunitario” y un vago modelo económico denominado “plural”, que en el fondo será un remedio peor que la enfermedad.
A esta altura de la historia, es posible concluir que el nacionalismo revolucionario fracasó en Bolivia en la construcción del Estado nacional. Sin embargo, el nacionalismo se inscribe en una época donde esas ideas y las socialistas eran dominantes en el mundo, lo que no es ahora. Lo trágico es que en lugar de pasar de una Constitución “nacionalista y socialista” a una liberal moderna, que mantenga el objetivo de construir el Estado nación, lo haremos a “un bodrio constitucional”.
*Armando Méndez M.
es ex presidente del Banco
Central de Bolivia.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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