Por: Alberto Bonadona Cossío *

Una evaluación de este tipo suena a trivialidad frente al más grave problema que afronta la sociedad boliviana. Así no se transforma un país.

Las autoevaluaciones son ejercicios en autoindulgencia, más aún si en los hechos lo que se quiere es frenar un proceso. Se puede calificar con muchos y diversos adjetivos al Presidente de la República y a su Vicepresidente. Pero, en vista de las evaluaciones hechas por el Ejecutivo de la gestión 2008, sólo puedo decirles que son conservadores y superficiales al punto de caer en la trivialidad. A favor de ellos se puede decir que me refiero a la economía, un campo que desconocen.

El Gobierno ha sido atrapado por las estructuras heredadas del pasado y, por lo tanto, en la rutina de gobernar al estilo de los viejos partidos. En sus filas no hay convicción ni mística de cambio y el gran caudal político acumulado se encamina a la preservación del poder conseguido sin generar una clara orientación de transformación de la sociedad. De aquí no sólo surge la conducta autoritaria, cuya principal víctima es el gabinete ministerial, también la propaganda que le miente a las masas.

Frente a la ausencia de programa, los gobernantes miran al pasado para encontrar inspiración. Surge entonces un gobierno que, a pesar de autodenominarse revolucionario, empuja hacia atrás las ruedas de la historia. Se gobierna, entonces, para cobrar 500 años de opresión y no para que Bolivia rompa las cadenas de la pobreza. No se ve que es con la modernidad en tecnología, en conocimiento, por tanto en educación y en distintas formas de insertarse en la globalización, que verdaderamente se construirá una sociedad más equitativa e incluyente. Por convivir con rencores y fantasmas del pasado se hace lo contrario.

¿Puede este Gobierno autorregenerarse y encontrar el camino del cambio? Lo dudo. Lo mínimo que requiere para hacerlo es: i) claridad en la formulación de objetivos y en la adecuación de medios en correspondencia con el avance actual que la humanidad coloca a disposición de los bolivianos, ii) dirigentes con conocimientos acerca de lo que las sociedades pobres y atrasadas como la boliviana pueden alcanzar, iii) cuadros políticos con la mística de la imperiosa necesidad de transformar la sociedad boliviana y dispuestos a asumir grandes sacrificios. Tres aspectos de los que los actuales gobernantes y sus sacristanes carecen.

Para ejemplificar: la desnutrición crónica es una condición que afecta a un tercio de la población boliviana y que la acompañará hasta la muerte, o sea, alrededor de 50 años, que, además, por la pobreza se reproduce en las generaciones que nacen de los ya desnutridos. Es la condición menos favorable para superar la pobreza de estos ciudadanos y que, directa e indirectamente, afecta al bienestar de todos los bolivianos. Sin embargo, al hablar de desnutrición, el presidente Morales parece entender que tan sólo se trata de abastecer de alimentos a la población. Una evaluación de este tipo suena a trivialidad frente al más grave problema que afronta la sociedad boliviana. Así no se transforma un país, se lo perpetúa donde está. Para hacerlo se requiere conocimiento, convicción de lo que se quiere lograr y una profunda mística de lucha contra la pobreza.

* Economista

a.bonadona@yahoo.es