La crisis y otras calamidades

Por: Pedro Shimose *
Tal como están las cosas, el muro viene a ser un símbolo de nuestro tiempo. Un arquetipo, diría Jung, discípulo de Freud. El comunismo cayó con el muro de Berlín, el conflicto palestino-israelí fermenta en el Muro de las Lamentaciones y el capitalismo se desmorona en la Calle del Muro (Wall Street) de Nueva York. Ahora estoy releyendo De la construcción de la muralla china, relato de mi amigo Kafka, por si se viene abajo el muro de los rollitos primavera, pues nadie está libre de pecado.
En verdad, la crisis no debiera preocuparnos, porque los bolivianos vivimos instalados en ella desde hace 183 años, así que nos da igual que sobre nuestro cielo se ciernan nubes amenazadoras de inflación, recesión y depresión. En primer lugar, resulta difícil imaginar una mayor inflación que la de los 80, después del decretazo de desdolarización del MIR, durante el gobierno de Hernán Siles Zuazo.
¿Recesión? La recesión se define como una fase de declive del ciclo económico, no tan grave ni duradera como la “depresión”, la que se manifiesta por la debilidad de la demanda, la contracción del comercio internacional, el aumento del paro (desempleo) y el estancamiento o incluso la caída del Producto Interno Bruto, lo que es una mentira entre muchas otras mentiras del lenguaje económico, porque el PIB de un país se establece como si todos ganáramos lo mismo y tuviésemos iguales ingresos.
¿Depresión? Depresivos estamos, sobre todo después de la ocupación militar de Pando y el apresamiento por milicianos encapuchados de dirigentes autonomistas y periodistas pandinos, benianos y tarijeños, muchos de ellos exiliados actualmente en Brasil y Argentina. La psicosis maniacodepresiva nos convierte en carne de referéndumes y componendas “podemistas”, “moviunistas” y demás fauna de una zoología fantástica en vías de extinción.
La gran depresión boliviana será en enero, cuando el voto “étnicocalero” y las listas electorales fantasmas den por aprobada la nueva Constituta. La matemática de la realidad cotidiana derrotará al matemático García Linera y sus discursos triunfalistas. Nos daremos cuenta de que todo ha sido una tomadura de pelo del ínclito Hugo Chávez con la bendición de Unasur. Del proyecto bolivariano sólo interesa la idea de una presidencia vitalicia para un caudillo autoritario. (Podemos y MNR están divididos y la UN desaparecerá como las nubes cuando las bate el cemento. Estos sobrevivientes de un pasado poco democrático se equivocaron al apostar por el centralismo. No comprendieron que el centralismo es el MAS. Por lo tanto, ellos sobran porque son menos). Por ahora, sólo se habla de reelección, pero ¿quién garantiza que el Gobierno no modificará dicho artículo por el de la reelección indefinida?
La palabra “crisis” tiene orígenes médicos. En griego (krísis: decisión, deriva de krinó: yo juzgo y decido). De “crisis” provienen las palabras “criterio”, “crítica” y “crítico”, o sea, el que juzga, el que decide. Volviendo a nuestro tema, el capitalismo está enfermo y Pueblo enfermo sigue siendo la obra clásica por antonomasia de la Historia de la Psiquiatría altoperuana.
Hay, sin embargo, un problema. Aunque los médicos diagnostican la enfermedad, no tienen receta para combatirla. Quienes opinan parecen brujos, teólogos, moralistas o predicadores. Hablan de codicia, avaricia, deshonestidad, corrupción. Como saben mis lectores, no soy licenciado en economía y, por lo tanto, no soy experto en crisis financieras. La única que entiende de crisis es mi mujer. Cuando vuelve del mercado, me dice: “El dinero no me alcanza”.
* Escritor
Democracia, Equidad y Desarrollo


















