Carmen Beatriz Ruiz*

Mañana estrenaremos año, pero parece que las cosas van a seguir igual; lo que en Bolivia quiere decir que, en realidad, no se sabe cómo seguirán. Guardo desde hace años el sabor agridulce de estos días de fiesta. Por una parte, me emociona pensar en el futuro inmediato, en lo que me espera, en lo que quizá puedo lograr que me ocurra y, por la otra, la pena de dar vuelta a la hoja, de lo que se está quedando atrás, irremediablemente. A manera de exorcismo acostumbro hacer cábalas sobre el discurrir del nuevo año, para insertar en esa ruta imaginada mis propios movimientos. Como se ve, es apenas un patético esfuerzo por intentar controlar algo que, ya se sabe, es incontrolable: la coyuntura boliviana. En ese esfuerzo les propongo un guiño de complicidad.

En teoría, comenzaremos y terminaremos el año 2009 votando. En enero, en dos referendos, uno dirimidor sobre el número de hectáreas permitidas para las propiedades de tierras que no sean consideradas latifundio y otro aprobatorio, o no, del proyecto de nueva Constitución… usted decide. En diciembre elecciones generales… generalísimas. La bola de cristal de Madame Frufrú dice que la votación arrojará los resultados que ya sabemos: el país seguirá dividido y la polarización se mantendrá. Pero saldremos ganando si mantenemos la democracia y conseguimos premiar a los buenos y voltear corruptos.

Si el texto del proyecto de nueva Constitución se aprueba, habrá que ponerse a trabajar para ver en qué consiste, con qué se come y cómo suena con guitarra el asunto de las autonomías. El menú es a la carta, y da para escoger: municipal, indígena, regional y departamental. La guerra (jurídica) de competencias y límites será larga y tendida. El gran premio consiste en que este esfuerzo nos permita profundizar relaciones interculturales que ya existen y probar otras, en terreno, como se debe.

Mientras comience lo que se prevé será la larga fanfarria de festejos por el bicentenario de la independencia del imperio español, presumiblemente el país seguirá viviendo en interinato, con aproximadamente 35 cargos de designación acéfalos, pendientes del necesario acuerdo que consiga un mágico dos tercios entre los partidos en el Congreso. Gracias a esa negociación tantas veces interrumpida, el fantasma de la ilegalidad ronda la mayoría de nuestras instituciones, tan necesarias para la democracia y el ejercicio de la ciudadanía.

Dicen los entendidos que más o menos a mitad del año comenzaremos a sentir los coletazos de la crisis financiera y el efecto de la drástica disminución de los precios de los recursos naturales, esos mismos que nos hicieron sentir durante dos años la borrachera de la abundancia, particularmente en Potosí y Oruro. El signo de las vacas flacas va a acentuarse con la disminución de las remesas y, quizá, comenzarán a retornar los emigrantes que se fueron a hacerse la América en el norte. Seguiremos escasos de gasolina y de gas, pero ahítos de discursos, porque los tiempos de campaña funcionan principalmente con ese impulso. Y el poder político seguirá inconforme con los medios (propios y ajenos) empeñado, como es costumbre, en tratar de matar al mensajero.

Nada de lo que parece confuso o amenazador del panorama nos va a quitar lo bailado durante estos 26 años de democracia y haber logrado volver a cambiar, incluyendo, los rostros del poder. Al menos, no nos vamos a aburrir. Así es que ¡salud y buen Año Nuevo!

*Carmen Beatriz Ruiz
es comunicadora social.