Pensamiento complejo y nueva CPE

Por: Roberto Ruiz Bass Werner *
Si la política es el campo de la libertad, forzar las simplificaciones es atentar contra ella. Un pensamiento mutilante lleva a acciones mutilantes.
Para Edgar Morin “es complejo aquello que no puede resumirse en una palabra maestra, aquello que no puede retrotraerse a una ley, aquello que no puede reducirse a una idea simple”.
Refiriéndose a la “inteligencia ciega”, establece que el pensamiento simplificador no puede dar cabida a la conjunción de lo uno y lo múltiple (unitas multiplex). O bien unifica en lo abstracto anulando la diversidad, o bien yuxtapone lo diverso sin poder concebir la unidad, destruye de esa manera los conjuntos y las totalidades, aísla los objetos de sus ambientes y al observador de la cosa observada. Para el pensador francés, de origen judeo-español: “Mientras los medios producen la cretinización vulgar, la universidad produce la cretinización de alto nivel”.
Como bien observa Lucía Solís-Caro, “…este retroceso del saber ha dejado los problemas humanos a merced de un nuevo oscurantismo científico, productor de especialistas ignorantes y de doctrinas abstrusas que pretenden controlar la cientificidad...”
Estas reflexiones son pertinentes en el actual debate nacional sobre la propuesta de nueva Constitución Política del Estado (CPE). Una mirada mutilante, por ejemplo, al capítulo de las autonomías, sin enmarcarlo en el concepto de Estado plurinacional, lleva a la desesperación a todo un ejército de “doctorcitos” apegados machaconamente a la doctrina y a sus bastones, cual auqui-auquis de carnaval.
En criterio de Edgar Morin, “la enfermedad de la teoría está en el doctrinarismo y en el dogmatismo, que la cierran sobre sí misma y la petrifican. La patología de la razón es la racionalización, que encierra a lo real en un sistema de ideas coherente, pero parcial y unilateral, y que no sabe que una parte de lo real es irracionalizable, ni que la racionalidad tiene por misión dialogar con lo irracionalizable”. La racionalización, entonces, es una suerte de patología de la razón, donde todo aquello que la contradice es puesto al margen, olvidado, tratado como ilusión o apariencia.
Pareciera que, para los intentos de racionalizar el No a la nueva CPE, la política “debe” ser simplificante y maniquea, cuando en realidad la estrategia política tiene que operar con el pensamiento complejo, porque tiene que trabajar con y contra lo incierto, lo aleatorio, la diversidad de interacciones y retroacciones. Si, como dice Edgar Morin, la política es el campo de la libertad, forzar las simplificaciones es atentar contra ella. Un pensamiento mutilante conduce a acciones mutilantes, las acciones políticas a partir de pensamientos políticos de esa naturaleza no pueden sino tener consecuencias trágicas.
Siguiendo su lógica, para ser autónomos —incluso como seres humanos— tenemos que tener la posibilidad de reflexionar y elegir entre un conjunto de ideas que una sociedad puede ofrecernos si previamente hemos aprendido un lenguaje, un saber que nos vincule a ella. Por lo tanto, esa autonomía se nutre de dependencia. Dependemos de todo eso que nos permite decidir con autonomía: un lenguaje, una educación, una cultura, una sociedad plurinacional.
Qué mejor ejemplo para comprender la belleza y necesidad del pensamiento complejo, que esta idea del sabio francés: “Vivimos de la muerte de nuestras células, así como la sociedad vive de la muerte de sus individuos, lo que le permite rejuvenecer. Pero a fuerza de rejuvenecer, envejecemos, y el proceso de rejuvenecimiento se entorpece, se desorganiza y, efectivamente, si se vive de muerte, se muere de vida.”
* Senador de Podemos
Democracia, Equidad y Desarrollo


















