El carácter del oficialismo

Por: Marcelo Varnoux Garay *
A raíz de los hechos de corrupción descubiertos en las más altas esferas del gobierno masista y la arremetida energúmena del Presidente/dirigente cocalero contra la prensa nacional, incluida la humillación pública contra un periodista de este matutino, se puede inferir, sin duda alguna, el carácter del oficialismo.
En primer lugar, el gobierno de Evo Morales no es diferente ni mejor que el resto de los denominados “regímenes neoliberales”. La corrupción es moneda común en todos los ámbitos de la administración pública y ha llegado a la oficina de su Ministro de mayor confianza (¿habrá ingresado al despacho presidencial?). Pero esta corrupción se ejercita en el marco de un Gobierno absolutamente incompetente en muchas áreas estratégicas de la gestión pública.
Tal vez la más evidente muestra de esto es el área de hidrocarburos, supuestamente “recuperada” de la “voracidad” de las transnacionales para beneficio de todos los bolivianos. La cabeza del sector es un sujeto inconsciente de que la escasez de carburantes se ha tornado en un problema crónico y sólo atina a declarar que “por el momento debe hacer campaña por la aprobación de la nueva Constitución, para rematar afirmando: Ése es el país que hemos recibido”. Es decir, para este Ministro la cuestión política es más importante que la gestión, y si no hay diésel, gasolina o gas, a llorar al río, porque son otros los que tienen la culpa. Entonces ¿para qué la nacionalización?, ¿para la foto y la parafernalia mediática?, ¿para mayor gloria del “jefazo”?
En segundo lugar, la prepotencia oficialista es lamentablemente una práctica cotidiana. El Vicepresidente, en relación con la protesta del agro cruceño contra la falta de combustible, sólo atina a decir de manera soberbia que para el gobierno del MAS existen dos tipos de burguesía: la una rentista y explotadora, acostumbrada a vivir del favor político, con la que no se negociará nada, y la otra realmente productiva y trabajadora con la cual se dialogará. Siguiendo la “metodología” de clasificación vicepresidencial, bien se podría decir que existen dos tipos de izquierda en Bolivia: una oportunista, ex-foquista y terrorista, profesionalmente mediocre y altamente dañina que se ha encaramado en el Gobierno y hace lo que le viene en gana a nombre del pueblo, y la otra, honrada y realmente luchadora que ha sido marginada del proceso de “cambio” porque no está de acuerdo con las “burreras” gubernamentales.
En tercer lugar, todos los que se alinean tras el discurso oficialista son “buenos”, “patrióticos”, “revolucionarios”, “socialistas”, etc.; en cambio todos los que cuestionan el “proceso de cambio” son “malos”, “fascistas”, “racistas”, etc. En todo caso, las actitudes del gobierno masista muestran que su naturaleza no es democrática y, a su modo, reproduce una visión fascistoide de las cosas. Entonces, tal naturaleza se plasma en el proyecto de Constitución Política, que plantea, sin ningún reparo, que desde enero del próximo año —si se aprueba el documento— en nuestro país habrá ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los unos —por su condición indígena originaria y campesina— dotados de mayores derechos que los otros. Un verdadero retroceso democrático.
La idea es reproducir el poder y perpetuarse al mando del Estado el mayor tiempo posible. Por eso incomodan las voces críticas, el señalamiento de la opinión pública de los hechos irregulares. Por eso mismo se avala la arbitrariedad, el amedrentamiento y la ilegalidad, ya que el oficialismo es incapaz de justificar de forma transparente su deplorable conducta.
* Politólogo y catedrático
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