Puka Reyesvilla*

Revisando mi frondoso archivo documental, me encontré con la edición del sábado 17 de septiembre de 1994 del ya desaparecido matutino Hoy, cuyo titular de apertura reza “Mientras haya pobreza, habrá coca”, que fue la conclusión del debate nacional sobre la estrategia antidrogas que el Estado comenzaría a aplicar a partir del mismo. ¿Qué lodos traen aquellos polvos?, me pregunté.

No menos sugerente resulta la fotografía de tapa (no acreditada) que testimonia el hecho. Es, en principio, la clásica toma de un grupo de gente posando en la escalinata principal del Palacio Quemado. Hasta aquí, todo bastante obvio; 14 años después, sin embargo, la imagen no tiene desperdicio pues en primera línea —la de los actores centrales— se encuentran el entonces vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas (folder en mano y chalina al cuello); el presidente de ese tiempo, Gonzalo Sánchez de Lozada, sosteniendo el documento de marras; el ex secretario General de la COB, Óscar Salas, y un dirigente cocalero de la época, hoy —¡voilá! — Presidente de la República: un treintañero Evo Morales quien también sostiene el dichoso papel del acuerdo. Si bien el texto que acompaña a la foto asegura que todos se encuentran satisfechos, los rostros dicen lo contrario, a juzgar por su adusta expresión (si usted desea verla, la he publicado en www.pukacosa.blogspot.com). ¡Santo Domingo de La Calzada, donde cantó la gallina después de asada!

Pasando de lo descriptivo a lo interpretativo, la frase que resalta el titular como conclusión del señalado debate cobra una actualidad insospechada a la luz de lo que ha estado sucediendo los últimos tres años en materia de expansión de los cultivos de coca. Tomando en cuenta su descontrolado crecimiento, querría decir, asumiendo la relación coca-pobreza, que ésta última ha aumentado en proporción equivalente a la de aquellos. Una verdadera calamidad.

No obstante el PNUD reporta que hay 220.000 nuevos pobres en el país, hay algo que no encaja.

En estos tres años no he escuchado de parte del Gobierno mencionar que el crecimiento de las plantaciones de coca —y, por ende, la producción de droga— se deba al aumento de la pobreza. Encuentro dos posibilidades: hacerlo sería admitir que está perdiendo, por goleada, la lucha contra la pobreza o, sencillamente, porque la pobreza habría sido sólo un argumento conmovedor —típico de ONG— para justificar un negocio ligado a la droga. La razón parece inclinarse por ésta; con el agravante de tener, hoy por hoy, la bendición gubernamental.

Como para ponernos más suspicaces, el proyecto de nueva CPE contiene un artículo —384— específicamente vinculado a la coca (“El Estado protege a la coca…”). Si nos atenemos a la conclusión del debate de 1994 se estaría constitucionalizando la pobreza; si seguimos la otra línea de razonamiento, se estaría constitucionalizando la producción de la droga. ¿Acabará el boliviano siendo un narco-Estado?

El cardenal Julio Terrazas tiene motivos para expresar preocupación.

*Puka Reyesvilla
es docente universitario.