¿Eliminar al capitalismo?

Por: Agustín Saavedra Weise *
La grave crisis financiera que afecta ahora principalmente a los Estados Unidos y Europa —sin negar su gravedad— está lejos de marcar el principio del fin del capitalismo, como anuncian algunos. Lo que ahora más bien se observa es el inicio de un largo proceso de destrucción creativa, tal como lo expresó en su época aquel gran economista austriaco Joseph Alois Schumpeter.
De este proceso —que tomará su tiempo— surgirá un nuevo tipo de capitalismo, mucho más regulado, más humano, más moderno y desde ya mucho menos especulativo. Ésa es la verdad. Lo contrario refleja ideología pura, como en el caso del presidente Evo Morales Ayma, quien ha repetido hasta la saciedad que “debe eliminarse al capitalismo” y lo vuelve a repetir en cuanta oportunidad tiene.
En caso de eliminar al capitalismo, primero habría que encontrar alguna fórmula sustentable que lo reemplace en términos de productividad y capacidad de innovación. Que yo sepa, tal fórmula no está disponible. Por otra parte, ya se hicieron las famosas transiciones del capitalismo al comunismo y éstas resultaron desastrosas.
Ha quedado una receta que podríamos considerarla intermedia, la social-demócrata —que es la que rige a la mayoría de las democracias europeas—, sobre la base de un capitalismo regulado y protector. Esta receta ha tenido bastante éxito, pero debe recordarse que su base esencial sigue siendo netamente capitalista. La experiencia puramente socialista, cuando fue puesta a prueba, se vino abajo estrepitosamente y solamente generó totalitarismos o miserias.
Pero, en fin, hagamos un ejercicio de imaginación. Supongamos que por arte de magia aquellos deseos expresados por Evo Morales se convierten en realidad inmediata para Bolivia y estamos todos los habitantes de nuestro país sin capitalismo. ¿Cuál pasaría a ser el panorama? Tendríamos una Bolivia sin dinero, sin comercio normal y nos basaríamos en el trueque; viviríamos primitivamente, sin comunicaciones, sin industria, autos, aviones y helicópteros (de aquellos que le gustan al presidente Evo Morales); no habría televisión radio, teléfonos ni celulares.
Nuestras ultra capitalistas cholitas
—desde las dueñas de flotas de camiones hasta las vendedoras de tomates— no tendrían qué hacer y estarían protestando contra quien eliminó el capitalismo y las dejó sin actividad. En fin, añada usted lector ingredientes a esta ficción y verá que la eliminación del capitalismo de ninguna manera llevará a Bolivia hacia mejores caminos. Al contrario, será un total retroceso.
Moraleja: hay frases muy bonitas para repetirlas en foros y en discursos, pero que no tienen uso para nada más que eso. En el marco de una adecuada regulación, nadie puede vivir hoy sin capitalismo. Mucho menos una nación pobre como Bolivia, donde es necesario en todo caso estimular ese espíritu emprendedor de nuestras clases populares, para así progresar y vivir bien en serio. Todo lo demás, con mucho respeto a quien lo proponga, es absolutamente irreal.
* Economista y politólogo; Ex Canciller
Democracia, Equidad y Desarrollo


















