Cambio democrático

Carlos Alarcón*
Con miras en las elecciones de diciembre del año 2009, el Presidente de la República quiere incluir en una misma bolsa a todos los actores políticos de oposición, calificándolos como pertenecientes a la derecha conservadora del país. Esta falsa simplificación obedece al propósito de convertirse en el líder nacional que en este proceso electoral monopolice las banderas del cambio, congelando la imagen pública de sus contendores en el pasado del sistema político tradicional.
En el proceso electoral del próximo año existirán tres corrientes políticas que disputarán la Presidencia de la República: i) las que promueven un cambio democrático; ii) las que están construyendo un cambio autoritario; y iii) las que quieren retornar al pasado para precautelar los intereses de grupos o sectores privilegiados de la sociedad.
La corriente del cambio democrático que lidera el ex presidente Carlos Mesa asume y promueve la inclusión indígena y las autonomías sobre la base del respeto a: i) los derechos humanos, especialmente los derechos a la vida, seguridad personal y libertad de expresión; ii) las leyes y sentencias judiciales, como cimientos del Estado de Derecho; y iii) los valores democráticos de la tolerancia y el pluralismo como condiciones para una convivencia pacífica y constructiva entre los bolivianos.
La corriente del cambio democrático no pretende imponer al conjunto de la sociedad hegemonías mesiánicas de poder, personales o de grupo, ni preservar intereses económicos de determinados sectores de la sociedad que generen desigualdad e injusticia social. Quiere construir un país con un mínimo de oportunidades de progreso para todos, especialmente para los más necesitados, sin exclusiones por pertenencia étnica o cultural, como una plataforma de realización de proyectos y desafíos personales en los que el único factor de medida de resultados por parte de la sociedad y de distribución de premios y castigos sea el mérito y la virtud individual.
Esta corriente, a diferencia del cambio autoritario que encarna el presidente Evo Morales, no necesita una revolución permanente con violencia y alto costo para los derechos humanos porque no reduce el proceso de cambio a la voluntad y deseos de un caudillo. Para sus seguidores, Evo Morales es el cambio y el cambio es Evo Morales, por eso, para mantenerse como caudillo, Morales necesita la revolución y el conflicto permanente. Apuesta políticamente a la violencia, el odio, el rencor, la intolerancia y el racismo. Si éste fuera el costo inevitable de la política, la corriente del cambio democrático no lo asumiría porque respeta la dignidad de todas las personas, sin que para ello importe su pertenencia étnica o cultural, su pensamiento político y religioso o su posición social o económica.
La corriente del cambio democrático quiere una nueva forma de hacer política, sin guerra sucia ni consignas. Propondrá al país un proyecto alternativo de desarrollo sostenible que garantice inclusión, justicia, paz y libertad.
*Carlos Alarcón
es abogado constitucionalista
Democracia, Equidad y Desarrollo


















