Se trata de decirle no a la violencia

Por: Elba Zeballos *
El poder como forma de actuar enraizada en nuestra sociedad hace que las mujeres deban vivir en pleno siglo XXI situaciones de inequidad.
A propósito del 25 de noviembre, día de la no violencia contra las mujeres, mucho se ha dicho y escrito. Sin embargo, se ratifica que en Bolivia siete de cada diez mujeres son víctimas de alguna forma de violencia, ya sea ésta sexual, psicológica, económica o física.
Estos resultados son vividos por las mujeres en sus cuerpos y en sus vidas, por generaciones; esta forma de agresión y discriminación ha sido naturalizada, tanto en el espacio privado como en el público por los hombres e incluso por las mismas mujeres y poco se hace desde el Estado y la sociedad por prevenirla y erradicarla. La violencia en razón de género no es otra cosa que el ejercicio de poder del llamado sexo “fuerte” sobre el “débil” y encuentra su máxima expresión en el control del cuerpo de las mujeres, sobre el que se asume su papel reproductor y establece a partir de éste su argumento básico para un desigual ejercicio de poder.
En nuestra sociedad, las relaciones de poder están respaldadas en primera instancia por el régimen legal que establece la “patria potestad”, lo que, junto al papel de “proveedor”, sitúa a los hombres en una posición de privilegio. Siguiendo a Marcela Lagarde, la violencia en razón de género establece una política patriarcal que contribuye a “reproducir el dominio, la opresión y la supremacía” de hombres sobre mujeres. Por lo que la tolerancia social a esta vergonzosa violación a los derechos humanos nos constituye en cómplices de los actos de violencia como las aberrantes situaciones por las que atraviesan las niñas, las violaciones, los embarazos no deseados, la prostitución, el estupro, la trata y tráfico de mujeres, el femicidio, etc.
El poder como una forma de actuar enraizada en nuestra sociedad hace que las mujeres deban vivir en pleno siglo XXI situaciones de inequidad con características primitivas, deshumanizadas y humillantes, que las ubica en un papel secundario respecto del ejercicio de sus derechos; las vulnera respecto de su posibilidad de autonomía y, por tanto, en su posibilidad de construirse en sociedad.
Las mujeres en los últimos años hemos trabajado por nuestros derechos, los defendimos, pero es importante también avanzar hacia la afirmación personal, a la identidad y a la capacidad creativa. Es importante el poder liberarse desde el punto de vista emocional y trastocar los imaginarios que naturalizan esa forma de vida de privilegio de unos sobre otras/os. Se trata de decirle NO a situaciones de opresión, de estrés que impiden a las mujeres gozar de una vida libre y digna.
En esta semana, con un enfático No a la violencia, instituciones que trabajan por los derechos de las mujeres realizaron seminarios, encuentros, marchas, foros, etc. En ellos se demandó respeto y garantía para los derechos de las mujeres a una vida sin violencia, se revisaron los avances en legislación y respecto de la atención de la violencia que sufren las mujeres. Se reconoció también que el proyecto de Constitución garantiza a las mujeres el derecho a una vida digna, sin violencia, sin discriminación y en igualdad de condiciones tanto en el espacio público como en el privado (Art. 15). Pero, es importante resaltar que la tarea de erradicar la violencia en razón de género no es responsabilidad exclusiva de las mujeres, lo es de la sociedad en su conjunto, por lo que el desafío está en el cambio de mentalidad y prácticas de todos y todas.
* De la Coordinadora de la Mujer
Democracia, Equidad y Desarrollo


















