Por: Fernando Mirabal *

Un comercio libre y abierto ayuda a disminuir los costos de producción y a reducir los precios de los bienes y servicios en beneficio de todos.

La Cooperación Económica Asia Pacífico o APEC, por sus siglas en inglés, es el mayor espacio para facilitar el crecimiento económico. Es un mecanismo de concertación regional creado en Australia en 1989, a través del cual las 21 economías que lo conforman estrechan lazos comerciales, beneficiándose con tratados de libre comercio, convenios de intercambio tecnológico e iniciativas que promueven el desarrollo de la región Asia-Pacífico.

Sus miembros son: Australia, Brunei, Canadá, Chile, China, Estados Unidos, Hong Kong, Indonesia, Japón, República de Corea, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Perú, Filipinas, Rusia, Singapur, Tailandia, Taipei y Vietnam. Estas economías concentran el 55% del Producto Interno Bruto del mundo, con casi 20 trillones de dólares, y el 49% del comercio global. Representa la región económica más dinámica del mundo al generar cerca del 70 por ciento del crecimiento económico global en sus primeros diez años de actividad. El bloque reúne más de 2.600 millones de personas, aproximadamente el 41 por ciento de la población mundial.

Todos tienen voz y voto por igual, las decisiones se adoptan por consenso y los compromisos se asumen de modo voluntario. Sus miembros decidieron en 1994 establecer las Metas de Bogor (Indonesia) cuando se propusieron apoyar un sistema de comercio multilateral abierto, lograr la eliminación de barreras al comercio, a la inversión y al flujo de capitales, a más tardar en el año 2010 para las economías desarrolladas y en 2020 para las economías en vía de desarrollo, sostener el crecimiento de la región y aumentar los beneficios de la interdependencia económica en el ámbito regional y global. Estos objetivos se están implementando a través del intercambio de información sobre políticas y experiencias de crecimiento económico, el desarrollo de estrategias para reducir los impedimentos al flujo de bienes, servicios e inversiones, la promoción de inversiones, el comercio y flujos financieros, el desarrollo de la infraestructura de la región, y la cooperación en sectores clave como energía, medio ambiente, pesca, turismo, transporte y telecomunicaciones.

La filosofía de la APEC se sustenta en la firme creencia de que el comercio y las inversiones ayudan a las economías a crecer, a crear empleos y proveer mejores oportunidades, en contraste con el proteccionismo o el aislacionismo, que mantiene los precios altos y sostiene ineficiencias en sus industrias. Un comercio libre y abierto ayuda a disminuir los costos de producción y a reducir los precios de los bienes y servicios en beneficio directo de todos los ciudadanos.

Los líderes de la APEC, reunidos el último fin de semana en Lima, apostaron por el libre comercio para mitigar la crisis financiera, se comprometieron a respaldar a los países emergentes como impulsores de la economía mundial y a adoptar las acciones necesarias para ofrecer esperanzas a los que tienen más necesidades. En su discurso de clausura, el presidente Alan García agradeció a los países vecinos (Bolivia y Ecuador) que ahuyentan las inversiones en sus territorios puesto que terminan instalándose en Perú.

En la Bolivia “post Evo Morales” deberíamos hacer todos los esfuerzos para tratar de ingresar en este foro, puesto que nacimos con acceso soberano al Pacífico, situación que acarrearía una serie de ventajas y beneficios que nos permitan recuperarnos de la sequía de inversiones y el cierre de los mercados internacionales que ahora venimos padeciendo.