¡Denle toda la plata a Jeffrey Sachs!

Por: Raúl Peñaranda U. *
Sachs demuestra en su libro “El fin de la pobreza” que EEUU y los países desarrollados entregan una ayuda mezquina e ineficiente al mundo pobre.
Los gobiernos de EEUU y Europa han tomado rápidas decisiones para salvar de la quiebra a bancos y otras empresas financieras. La crisis internacional se produjo por una mezcla de corrupción de las compañías involucradas y una pasmosa pasividad de las entidades gubernamentales regulatorias. Estados Unidos entregará 700.000 millones de dólares de fondos públicos (es decir del pueblo norteamericano) a las empresas afectadas. Se estima que Europa dará otros 500.000 millones de dólares. Hasta ahora, que se sepa, ningún Gobierno ha iniciado procesos de acusación contra estos pillos empresarios que han hecho perder colosales sumas de dinero. Están tranquilos, seguramente esperando pasar una tranquila Navidad.
En EEUU hay un debate intenso sobre por qué su Gobierno nunca aprobó planes de ayuda, por ejemplo, a quienes perdieron sus casas en la terrible crisis hipotecaria de 2007, por qué se señalaba siempre que no se podía subsidiar a los sistemas de salud y por qué no se podía aumentar los presupuestos de educación, si ahora, de un plumazo y de manera superexpedita, los más ricos (y de paso, inescrupulosos) ejecutivos reciben tamañas ayudas con dinero de la gente.
Las cifras de ayuda son descomunales, quedan fuera casi de nuestra comprensión. Hagamos algunas comparaciones: la ayuda internacional a los países pobres que Europa y EEUU desembolsan cada año asciende a unos 43.000 millones de dólares. O sea que la ayuda a 100 empresas financieras representa 28 veces la cifra destinada a las 1.000 millones de personas más pobres del mundo.
El economista norteamericano Jeffrey Sachs demuestra en su libro El fin de la pobreza que EEUU y otros países desarrollados entregan una ayuda mezquina, cicatera e ineficiente al mundo pobre. Especialmente dirige sus críticas contra el Gobierno norteamericano que, según sus cálculos, es el país desarrollado que menos ayuda desembolsa (de acuerdo con el tamaño de su economía) a los países más necesitados.
Su hipótesis es que para derrotar a la pobreza se deben entregar fondos de manera integral, no desordenada e inconexa, y destinarlos a una comunidad completa. La ayuda, además, tendría que cumplir con los denominados Objetivos del Milenio de NNUU. Pone el ejemplo de la localidad africana de Sauri, Kenia: dice que la cooperación debería colocar allí una posta sanitaria, dotarla de medicamentos y un paramédico; construir una escuela, que haga énfasis en el derecho de las niñas y que entregue desayunos y almuerzos gratuitos; entregar semillas y abonos a quienes se dediquen a la agricultura; donar un vehículo a la comunidad para usos diversos; entregar mosquiteros a cada familia, e instalar un generador de electricidad. De esa forma, dice Sachs, se atacan todos los flancos que causan la pobreza. Al cabo de una década o menos, los ingresos de la comunidad serían suficientes para solventar sus necesidades y ya no necesitarían de más ayudas.
Él cree que la cooperación internacional no debe llegar ya de manera centralizada a los gobiernos, sino directamente a cada localidad. Sus cálculos señalan que para una localidad de 5.000 habitantes, como Sauri, un monto de ayuda de 350.000 dólares al año durante una década es suficiente para salir de la pobreza. Para salvar de la pobreza a todas las aldeas y comunidades “Sauri” del mundo se necesitaría un cuarto de lo que los gobiernos de EEUU y Europa han aprobado para salvar a sus bancos.
Con lo expuesto, mejor que le den a Jeffrey Sachs toda la plata para que la administre él.
* Periodista
Democracia, Equidad y Desarrollo




















david mng dijo
hola!
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1 saludo! y gracias
30 Noviembre 2008 | 10:53 PM