Cuba, la OEA y Bolivia

Por: Fernando Salazar Paredes *
Habría que preguntarse, en estos tiempos de cambio, para qué sirve la OEA. Si sólo es para respaldar a los diferentes gobiernos de turno.
En 1962, la Octava Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, celebrada en Punta del Este, aprobó una resolución sobre Cuba: 1. Que la adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo es incompatible con el sistema y el alineamiento de tal Gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y solidaridad del hemisferio. 2. Que el Gobierno de Cuba, que se ha identificado como marxista-leninista, es incompatible con los principios y propósitos del sistema interamericano. 3. Que esta incompatibilidad excluye al actual Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano.
Esta resolución fue adoptada por 14 votos a favor, uno en contra (Cuba) y seis abstenciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México). Así se excluyó a Cuba de participar en la OEA. Posteriormente, en 1964, la Novena Reunión de Consulta condenó a Cuba por “sus actos de agresión hacia Venezuela” y recomendó sanciones a todos sus miembros. Sólo cuatro países votaron en contra: Bolivia, Chile, México y Uruguay. Sin embargo, Bolivia rompió relaciones el 23 de agosto de 1964 y sólo las restableció el 11 de enero de 1983.
En 1984, el representante de Bolivia ante la OEA denunció lo anacrónico de la ausencia impuesta a Cuba argumentando que la medida atentaba contra los propósitos y principios de la Carta e imposibilitaba el diálogo directo entre países comprometidos con el futuro del hemisferio.
Ahora, el presidente Evo Morales ha pedido públicamente el reingreso de Cuba a la OEA y, si esto no es posible, propiciaría una organización paralela con Cuba y sin los EEUU. Habría que preguntarse, en estos tiempos de cambio, para qué sirve la OEA. Si sólo es para respaldar a los diferentes gobiernos de turno —respaldó con facundia a Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y hace poco también lo hizo con Evo Morales— o para alimentar a una burocracia insensible, financiada, en gran medida, por el llamado “imperialismo”.
Si el Gobierno boliviano quiere que Cuba vuelva a la OEA, es preciso convocar a una Reunión de Consulta de cancilleres y, si se tiene 18 votos a favor, se podría presentar una resolución dejando sin efecto la del 31 de enero de 1962 y el asunto estaría cerrado. Cuba automáticamente dejaría de estar excluida. ¿Tendrá Bolivia la capacidad de conseguir esos 18 votos? Nuestra eficiente Cancillería, seguramente, previas consultas de rigor, ya habrá hecho el recuento, de ahí que el presidente Morales se lanzó al ruedo… Pero el discurso no es suficiente. Para ser serios y tener credibilidad internacional, se requiere, en este caso, solicitar la convocatoria a la Reunión de Consulta.
El pueblo cubano tenía razón cuando cantaba: con la OEA o sin la OEA, ganaremos la pelea. En casi medio siglo, la OEA no ha podido doblegar a Cuba. ¿Le interesará a Cuba volver a la OEA? Habría que saber qué opina el comandante Fidel Castro de retornar a lo que él mismo denominó como “el ministerio de las colonias del imperialismo”. Pero, en fin, nuestro Presidente ya lanzó la primera piedra.
Como no creo en aparecidos, y porque la OEA, hoy por hoy, no tiene ningún significado para los pueblos del hemisferio, ante la situación planteada por nuestro Presidente, prefiero rememorar aquella canción de Carlos Puebla que se hizo popular en toda América Latina a inicios de la década de los 60 y cuya estrofa final dice:
Para acabar le diré / en medio de tanta prisa, / la OEA es cosa de risa / y yo riendo seguiré...
* Abogado internacionalista
Democracia, Equidad y Desarrollo


















