¿Crisis de confianza?

Por: Alberto Bonadona Cossío *
Pero ¿qué se hace con este producto si no se lo consume? Por eso cada capitalista naturalmente sueña con que su “mercado se vacíe”.
Enrique Iglesias —por supuesto no el cantante, sino el ex presidente del BID— afirmaba hace pocos días en una entrevista con Alberto Padilla de CNN: “No habíamos visto nunca una crisis tan profunda”. Efectivamente, profunda es la actual crisis por la que atraviesa el mundo y todos sus síntomas lo reflejan así. Los precios de las acciones de importantes empresas, por ejemplo, han caído espectacularmente; la General Motors (GM), de 29,95 dólares a 1,70; la General Electric, de 38,67 a 12,58. Las acciones de la gigante financiera Citigroup, no obstante el anuncio del millonario rescate gubernamental de 20.000 millones, sólo han logrado recuperarse de 3,05 a 6,08 de lo que se valoraron en 35,29 dólares hace un año.
El capitalismo tiene la particular característica de hacer crecer la producción indefinidamente. Impulsa la innovación que aumenta la productividad, fuerza que mantiene vigoroso el crecimiento de cada vez mayor producto. Pero ¿qué se hace con este producto si no se lo consume? Por eso cada capitalista naturalmente sueña con que su “mercado se vacíe”, esto es, en el equilibrio de mercado. Marx afirmaba que el capitalismo “crea mucha civilización”, tanta que inunda la economía de productos que salen incesantemente de las fauces de sus industrias hasta que éstas se atragantan. Para ello busca que todos consuman al máximo, si no, como observaba Keynes, los inventarios se acumulan, la producción se frena, también la inversión y, por supuesto, se genera un creciente desempleo. Esta secuencia se repite periódicamente y se hace necesario que parte de esa “mucha civilización” sea destruida para reanudar un nuevo ciclo de acumulación.
El consumo ha sido pródigamente alentado en las economías industrializadas aumentando el crédito en todas las formas posibles. Los norteamericanos, particularmente, han vivido una prolongada luna de miel con el plástico de sus tarjetas al punto de ostentar las tasas más bajas de ahorro y las más altas de crédito. Se ha llegado al punto que mejor refleja estas afirmaciones con la crisis subprime, o sea la concesión de crédito inmobiliario al sujeto insolvente. Lo cierto es que la sociedad estadounidense ha consumido más de lo que puede pagar.
¡Qué soberanía del consumidor ni ocho cuartos! Se trata de generar ganancias y más ganancias. Si el consumo privado cae será el del Gobierno que lo aumente. Por eso, si la industria automotriz americana no puede sostenerse, el Gobierno intervendrá, con plena certeza, no sólo con dinero como en el caso Citigroup, sino en la gerencia. No permitirá que se pierdan tres millones de empleos. Exigirá a los interventores buen gobierno corporativo, el que brilló por su ausencia en esta industria. No es que la confianza se perdió en Wall Street, es el capitalismo que permanentemente impulsa fuerzas que se convierten en irracionalmente incontrolables. El estadounidense puede preferir autos europeos, pero después de la intervención lo obligarán a consumir made in USA. De ahí a la guerra comercial tan sólo hay un paso y luego la historia se repite como tragedia.
* Economista
Democracia, Equidad y Desarrollo


















