¿FRACASO TOTAL?

Hernán Zeballos H.
El título de esta semana corresponde a una afirmación realizada por el destacado filósofo e intelectual H.C.F. Mansilla, en una entrevista realizada para una edición dominical del día 23 de noviembre, en torno a como consideraba su realización personal, su vida, a sus 68 años de existencia. La respuesta categórica fue: “es una vida fracasada, totalmente, sin reconocimiento público”. El motivo de la entrevista, el homenaje del que será objeto al otorgársele el Premio a la Cultura del Club de La Paz , a sugerencia de las Academias Nacionales de la Lengua , de Ciencias y de la Historia , de las cuales es miembro.
Tengo el privilegio de conocer a H.C.F. y me atrevo a escribir estas líneas, para desmentirlo. Para comenzar, el hecho de que sea objeto de distinción por varias instituciones de mucho prestigio que reúnen gentes que han dedicado su vida al estudio, a la investigación es, sin lugar a dudas, un merecido reconocimiento a su trayectoria.
Cómo puede tener alguien la sensación de fracaso, cuando proviniendo de una estirpe distinguida, ha tenido el privilegio de haberse educado en la Universidad Libre de Berlín, donde realizó sus estudios universitarios y de Maestría, graduándose “magna cum laude”. De ser catedrático, periódicamente, de varias universidades europeas. De ser el autor de innumerables obras en su campo: Política y Filosofía, columnas periodísticas que han sido muy leídas y apreciadas por la profundidad de sus análisis y su opinión siempre directa, sincera sobre el comportamiento de nuestra sociedad, la evolución de sus instituciones y el carácter de su conglomerado humano. Como él mismo lo afirma: “ser franco y directo no es algo que en el campo político ni cultural ni intelectual brinde alguna ventaja al que tiene esta cualidad en este medio”.
Para muestra, una breve referencia a sus dos últimos libros: “Evitando los extremos sin claudicar en la intención crítica” (Auspicio: FUNDEMOS, UMSA, Hanns Seidel Stiftung, enero 2008) y “Problemas de la Autonomía en el Oriente Boliviano”, (Edit. El País, Santa Cruz, 2007).
En el primero, con la mente analítica forjada en la escuela alemana, parte de lo conceptual. Después de comparar posibles alternativas para la “explicación coherente” de los problemas, plantea la hipótesis: “un sentido común guiado críticamente nos sugiere evitar dos extremos: por un lado postular sólo la vigencia universal irrestricta de normas racionalistas” y, “por otro, suponer que existe una variedad tan inmensa de valores axiológicos y modelos de organización social, que resulta imposible hacer comparaciones y menos aun establecer jerarquías y gradaciones entre ellos”. Su conclusión una respuesta “ecléctica” que invito a mis lectores a repasarla por sí mismo.
En cuanto al segundo, H.C.F. parte de una sinopsis histórica, a partir del hecho mismo de la conquista, lo cual deriva en “un modelo civilizatorio con una élite muy fuerte de blancos, terratenientes y militares, y una masa laboral de indígenas, a veces en condiciones cercanas a la esclavitud”. “Hechos que son hasta hoy muy importantes para la conformación específica de la consciencia colectiva cruceña y para el contenido ideológico de la llamada “nación camba”.
A lo anterior, según infiere, “se añaden otros factores: Los grupos étnicos tupí-guaraní tenían idiomas, estructuras de organización, visiones cosmológicas, valores culturales y hasta formas de interrelación con los conquistadores muy diferentes a las predominantes en los Andes”.
Su conclusión, la “nación camba” mezclada con fuertes señales de identidad étnica, cultural y regional, acaba convirtiéndose en una estrategia política domesticada por las reglas y ritmos del proceso democrático. Lo que seguramente no satisface a este grupo regional que, parece tener mucha fuerza, pero no logra finalmente “convertirse en una identidad política plena”. Como siempre, H.C.F., científico serio pero duro, que no busca contentar a nadie en particular.
Para concluir un viejo adagio chino expresa que para realizarse en la vida, se requiere haber tenido un hijo, escrito un libro y plantado un árbol. Los dos primeros cumplidos plenamente, el tercer complemento seguramente lo ha realizado plantando cuando menos rosas que tienen aroma y espinas.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















