Juan L. Cariaga*

Las autoridades financieras de Bolivia han declarado que gracias a la promulgación de una nueva ley que mataría a la Ley del Banco Central de Bolivia (BCB), esta entidad podría efectuar un préstamo a YPFB que no implicaría el uso de las reservas internacionales en “poder” del Banco Central. ¡Qué ingenuidad!

Si esto fuera así, ¿de dónde sacaría el BCB los recursos para prestar a YPFB? Lastimosamente, con la falta de seguridad jurídica que existe en el país, no creo que esa entidad o cualquier otra pueda lograr un crédito internacional para cumplir con ese propósito. Por lo tanto, si no es posible conseguir estos recursos externos, el préstamo para YPFB seguramente tendría que provenir de un crédito al sector público no financiero que, al ser desembolsado por el BCB, se convertiría automáticamente en una mayor emisión monetaria y la consecuente caída en las reservas internacionales en “poder” del Banco Central. Es incomprensible que las autoridades financieras de Bolivia no entiendan el mecanismo mediante el cual funciona el BCB, que, a decir verdad, lo han explicado una y mil veces los varios ex presidentes de esa entidad y que lo entiende perfectamente cualquier alumno de primer año de estudios de las varias facultades de Economía. Pero lo más asombroso de todo esto es que dichas autoridades siguen creyendo que las reservas internacionales son los “ahorritos del Gobierno”, a los que se les puede echar mano en cualquier instante y, lamentablemente, esto no es así. Las reservas internacionales no son los “ahorritos” de los gobiernos ni de los bancos centrales, y están ahí para garantizar la libre convertibilidad. ¿Qué quiere decir la libre convertibilidad? Quiere decir que si en algún momento los bolivianos optamos por convertir nuestra moneda nacional en dólares, estos recursos deben estar disponibles y líquidos, como reservas en “poder” del Banco Central. Y reitero el hecho de que son reservas en “poder” del Banco Central porque —otra vez— no son del Gobierno ni del BCB, sino que pertenecen al público por si algún día éste decide cambiar sus preferencias de convertibilidad y, a pesar de esta importante decisión, el Gobierno está en condiciones de asegurar la estabilidad de la economía. Es por esta razón que las leyes en todos los países garantizan la independencia de sus bancos centrales, a fin de que los gobiernos no se acostumbren a echar mano de las reservas haciéndose préstamos de esa entidad que, eventualmente, terminan por disminuir las reservas internacionales que, otra vez, sólo se encuentran en “poder” del Banco Central. Por otro lado, dichas autoridades siguen creyendo, además, que el BCB está literalmente nadando en reservas y esto no es así. ¿Por qué no es así? Porque lo sano sería que las reservas internacionales sean iguales a la liquidez de la economía. Y, en este momento, ese equilibrio no existe. Las reservas alcanzan aproximadamente a 7.500 millones de dólares, mientras que la liquidez de la economía es de alrededor de 9.000 millones. Sin embargo, si a estos 7.500 millones se les disminuyen los 2.139 millones de operaciones de mercado abierto (que son préstamos a corto plazo del BCB para aminorar los efectos de la inflación), los 800 millones del oro no monetario, los 1.250 millones que corresponden a los tres meses de importaciones proyectadas para el 2009 (medida prudencial que se requiere para el manejo de la balanza de pagos) y los 1.500 millones netos que perderemos el 2009 por la caída de los precios del gas y las remesas, entonces lo que quedaría de estos “inmensos” ahorros, que supuestamente blindan la economía, tal vez no se encuentra en el nivel más adecuado para “regalarle” recursos a YPFB, que todavía no sabe en qué los va a gastar. Creo que a estas alturas sería importante echarle una miradita a la Teoría de Balanza de Pagos y efectuar un par de sumas y restas. El no hacerlo es poner en riesgo la estabilidad de la economía.