Pechito de bronce
el 24 nov En: POLITICA Y DEMOCRACIA ECONOMIA Y SOCIEDAD - sin comentarios

Gonzalo Chávez A.*
La crisis internacional ya ha llegado a Bolivia, aunque muchos se empeñen en negarlo. La primera víctima del maremoto financiero mundial, sin duda, es el sector minero. En cuestión de días esta actividad ha visto derrumbarse los precios internacionales de los minerales que exportaban. Para muestra, un botón: Hace algunos meses la libra fina de estaño tocaba el cielo de los 12 dólares, hoy camina a paso apresurado al infierno de 5,5 dólares. Ciertamente, miles de trabajadores del sector están viendo repetirse la pesadilla de la relocalización de mediados de los años 80. El choque externo negativo también llegará a la industria de los hidrocarburos, aunque con algunos meses de retraso. Cabe recordar que hace algunos meses el precio del petróleo, que sirve de base para el cálculo del precio del gas natural, llegaba coquetamente a los 147 dólares el barril; en pocas semanas, el precio se ha desplomado a menos de 50 dólares. Y las malas lenguas dicen que puede llegar a 30. A partir de abril del 2009, los ingresos del Estado provenientes de la exportación del energético habrán caído de manera importante.
En el año 2007, los bolivianos expatriados al resto del mundo por falta de empleo mandaron aproximadamente 1.000 millones de dólares, lo que equivale a 2,7 millones de verdes, en promedio diarios. La crisis recesiva mundial ya tocó a EEUU, Alemania, Japón y España. Los sectores más afectados son la construcción civil y los servicios, donde trabajan miles de bolivianos. El resultado será menos remesas internacionales, es decir, menos demanda interna en Punata o Cotoca, dos regiones del país que han exportado bolivianos valiosos. A partir de estos hechos es fácil concluir que hablar de que la economía boliviana está blindada es una ficción demagógica de aquellos que creen tener pechitos de bronce. Evidentemente, la economía boliviana, gracias a sus elevadas reservas internacionales depositadas en el Banco Central, tienen una grasita para pasar el invierno económico que se avecina, pero está lejos de ser una coraza. Lo que sí tiene el Gobierno es un blindaje político y electoral, por la hiperinflación de promesas y expectativas que se ha creado en la población con las reformas sobrepolitizadas y sobreideologizadas en curso, cuya expresión máxima es el proyecto de nueva Constitución. Pero, más allá de la propaganda, de los discursos revolucionarios y del desborde de voluntarismo, el día a día de la gente sigue en el pantano de la pobreza y el desempleo, y ahora tendrá que enfrentar una crisis internacional cuyas dimensiones asustan a todos. Como antecedente cabe mencionar un hecho estructural que muestra que, aunque la economía boliviana crezca más del 4%, el país incrementa en 120 mil el número de pobres. Imagínese si la economía nacional se desacelera, los niveles de pobreza serán los más elevados. Además, si la inflación aumenta como hasta el 2008, los sectores sociales más vulnerables podrían enfrentar un fenómeno muy temido que se conoce como estagflación, una combinación entre inflación alta y recesión. En efecto, aunque la inflación anual en Bolivia termine en torno al 13% este año, la inflación de alimentos bordea el 35%. Un ejemplo sencillo muestra cómo este descontrol de precios del morfe de cada día está carcomiendo los salarios de la gente más necesitada y, encima, ésta corre el riesgo de perder el laburo o llevar menos ingresos para la casa. Supongamos que una persona gana 500 bolivianos por mes (éste puede ser un pobre urbano) y destina cerca del 70% de su ingreso a la compra de alimentos; con una inflación cercana al 35%, significa que en el año 2008 este ciudadano(a) perdió 122,5 bolivianos de su ingreso, lo que equivale a 245 panes y unos ocho kilos de carne. Quiere decir que a esta persona, con la profundización de la crisis, va a ser más difícil convencerla de que está en un proceso de cambio; cambio simbólico, político. Y en algún momento se preguntará: ¿Qué es del cambio? Pues alguien tendrá que explicarle que se lo comió la inflación y la recesión. En perspectiva, ante la gravedad de la crisis, lo que se necesita es menos fuegos artificiales gubernamentales y más resultados concretos. El Plan Nacional de Desarrollo, que pretendía ser un viagra económico y social, terminó siendo una pobre y rala sopita cardán de toro pura pinta, dizque pechito blindado. Los ciclos recesivos en una economía son tan viejos como el capitalismo, y las soluciones de política económica también son antiguas. En los años 30, Lord Keynes nos enseñó que para recuperar una economía se debe activar la inversión y el gasto público o rebajar impuestos. En los albores del siglo XXI, se debe fomentar un keynesianismo popular y un impulso productivo solidario. Se debe hacer una innovación significativa en las políticas contracíclicas inspirada en Keynes. El próximo domingo desarrollaré una propuesta para enfrentar la crisis desde la base de la pirámide social.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















Escribe un comentario