LA EXPULSIÓN DE LA DEA: UNA FACTURA POLITICA
el 18 nov En: POBREZA Y DESIGUALDAD POLITICA Y DEMOCRACIA ECONOMIA Y SOCIEDAD SOCIEDAD Y CULTURA POLITICA Y DESARROLLO NUEVA CONSTITUCION articulos de EDUARDO CAMPOS VELASCO - sin comentarios
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(Ahora los ratones cuidaran el queso)
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Por: Eduardo Campos V. (*)
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Cuando se conoció que
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El control antidrogas en el país - por varios factores - entre ellos principalmente los recursos económicos y tecnológicos, nunca estuvo en condiciones de luchar efectivamente contra el crimen organizado. De no ser el apoyo del gobierno de los EE UU, ya hace mucho tiempo Bolivia se hubiera convertido en su paraíso. Sin embargo pese a ella (la ayuda) el narcotráfico, siempre se dio modos para transformar la coca excedentaria en cocaína.
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Al respecto las estadísticas de los últimos años, claramente muestran cómo la dinámica en torno a la coca y su principal derivados (la cocaína) ha ido en incremento. Los datos son contundentes, no se trata de especulaciones. La información proporcionada por la propia FELCN, señala que en la presente gestión (de enero a octubre), se han destruido cerca de 4 mil fábricas de cocaína (3.975 para ser exactos), 6 laboratorios de cristalización y, 6.234 pozas de maceración. ¿Qué les parece? El reporte de
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Pero además hay otros aspectos preocupantes. Por ejemplo, en la región de Qaqachaca (Norte Potosí), una de las zonas más pobre y deprimidas de país, se han destruido 30 fábricas de cocaína. Uno se pregunta: ¿qué esta pasando para que en el altiplano y las cordilleras se fabrique droga?, ¿cómo es que estos comunarios – la mayoría de ellos militantes del partido de gobierno - ahora se dediquen a esta peligrosa actividad?
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Fíjense, lo que pasa en la zona de Qaqachaca. Los narcotraficantes – muchos de ellos extranjeros – introducen vehículos “chutos” hasta la localidad de Challapata, aprovechando por supuesto el deficiente o nulo control aduanero de las fronteras (otra de las actividades delictivas que se ha potenciado en los últimos tiempos). Allí (en Challapata), en un mercado informal de compra/venta de movilidades que se ha establecido, se cambian los vehículos por la “pasta base”, que producen los comunarios en las serranías. Luego, estos vehículos son vendidos a compradores que llegan de todas partes del país, motivados por los interesantes precios (bajos), cerrándose así el circuito de “lavado de dólares”. Como verán, muchos de esos modernos “carros” que circulan en las principales ciudades de Bolivia, primero son la mercancía que se paga por la fabricación de droga.
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En todo caso, esta situación, no sólo es una particularidad del país. En el mundo entero, la lucha contra este flagelo, tiene grandes dificultades, principalmente porque se trata de una lucha desigual. El narcotráfico es una de las actividades más lucrativas del mundo y no hay recursos públicos suficientes - en ningún país - que puedan enfrentar en igualdad de condiciones. Esa disponibilidad extraordinaria de recursos, les permite comprar conciencias, organizar grupos armados, tumbar gobiernos, corromper jueces y autoridades y, por supuesto, proteger y cuidar su fuente de abastecimiento de materia prima (la coca). Esa es la historia y cualquier otra explicación, no pasa de ser una excusa.
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En Bolivia esta situación, se ha tornado particularmente compleja. Fíjense, fueron los cocaleros del Chapare, adoctrinados con tácticas y estrategias del sindicalismo minero (por dirigentes como Filemon Escobar y otros) las que permitieron que a mediados de la década de los noventa y principios del 2000, conviertan a éstos (los cocaleros) en la vanguardia de las luchas contra los gobiernos neoliberales. Pudiéramos decir que ante la ausencia de un proyecto político que represente las demandas y expectativas de los grupos sociales subalternos, producto del deterioro de las fuerzas sociales sindicalizadas del país y la debacle de las estrategias políticas de la izquierda tradicional, una nueva base social organizada en torno a los cultivos de coca, tomó la vanguardia de las luchas sociales.
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Paralelamente, como el sistema político de pactos se fue desmoronando, principalmente por la corrupción, el nepotismo, la incompetencia y la falta de políticas que solucionen los principales problemas del país, la nueva emergencia social en torno a la coca se fue apropiando del imaginario colectivo hasta convertirse en la alternativa que hizo posible el triunfo contundente de Evo Morales.
Hoy la coca, está consagrada en la nueva constitución política del estado como “patrimonio cultural y factor de cohesión social” y, el principal dirigente histórico de este sector (Evo Morales) es presidente y tiene las mejores posibilidades se ser reelecto por un nuevo periodo. Esa es la realidad y es en ese contexto que debemos entender la expulsión de
*) Director A. C. Cramer
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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