La gobernanza de lo desconocido

Por: Róger Cortés Hurtado *
Si en los centros mundiales la crisis ha sacudido las certezas inexpugnables, en Bolivia ha sido el trastrocamiento de las estructuras jerárquicas.
¿Qué privilegio ha perdido el poder? La prerrogativa de no tener que aprender y dedicarse simplemente a mandar. ¿Y cuál ha perdido el saber? Aquella seguridad que le permitía prescindir de toda exigencia de legitimación; ahora es más visible su inexactitud social. La cita, igual que todas las que siguen, es de Daniel Innerarity (El retorno de la incertidumbre. volemipodem.word-press.com/), quien no razona en estos términos después de haber analizado la situación política de Bolivia, sino al examinar lo que nos está dejando la progresión de la crisis financiera mundial. Para este joven filósofo vasco, la principal víctima del cataclismo económico es la certeza, que simplemente ha sucumbido. Si su percepción suena tan próxima a nuestra realidad, se debe a que pese a estar envueltos por un atronador murmullo de afirmaciones categóricas, todas ellas están preñadas de interrogantes, más angustiadas, cuanto más aparentan inalterable convicción.
Eso sucede en todos lados. La sociedad del conocimiento ha efectuado una radical transformación de la idea de saber, hasta el punto de que (..) es (..) cada vez más consciente de su no-saber y que progresa, (..) aprendiendo a gestionar el desconocimiento en sus diversas manifestaciones: inseguridad, riesgo(..) incertidumbre. Si en los centros mundiales la crisis ha sacudido y desnudado las certezas inexpugnables, en Bolivia ha sido el trastrocamiento de las estructuras jerárquicas y de los roles conocidos y aceptados de ejercicio del poder, que ha puesto a tambalear las convicciones más arraigadas y dadas por obvias. Pero como resulta tan embarazoso reconocerlo, se suele preferir disimular y simplificar. Bien vistas las cosas, esa actitud tampoco es nada exclusiva y viene a ser el reflejo más universal frente a la extensión de las preguntas y las dudas. No en vano, dice este profesor de la universidad de Zaragoza: Las confrontaciones políticas más importantes son valoraciones distintas del no-saber o de la inseguridad del saber, tal como lo hemos apreciado en el largo debate sobre una nueva Constitución y la reforma estatal, donde se ha disputado intensamente sobre quiénes son los auténticos portadores y representantes del conocimiento, como punto clave de la acumulación de fuerzas y de la legitimación de los contrapuestos proyectos de poder.
Pasa, más o menos, lo mismo cuando se comparan modelos para conjurar los conflictos económicos o descubrir la ruta que conduce a “vivir bien”, donde disputan tener la última palabra quienes se asumen como los únicos y verdaderos “técnicos”, impolutos de contenido o inclinaciones políticas e ideológicas. De ahí, que problemas tan disímiles como los que ocupan nuestra atención y la de los habitantes de los países del Grupo 7 (G7) se anudan y confunden, recordándonos que: (..) cuando se trata de pensar las relaciones entre saber y poder, conviene tener en cuenta que ni uno sabe tanto ni otro puede tanto. El problema ya no (es) cómo compaginar un saber seguro con un poder soberano, sino cómo articularlos para compensar las debilidades de uno y de otro. La ansiedad que nos produce transitar por caminos desconocidos, probablemente no desaparecerá, pero lucirá menos amenazante si tenemos en cuenta que lo que intenta dilucidarse en el nuevo campo de batalla social no sólo cuenta la disputa de excedente y poder político, sino quién sabe y quién no, cómo se reconoce o impugna el saber y el no saber.
* Analista político y catedrático
Democracia, Equidad y Desarrollo


















