La crónica negra de Emilio Martínez

Por: Roberto Ruiz Bass Werner *
Mi indignación es por la campaña de desprestigio desatada en contra de Rodolfo Matarollo, jefe de los investigadores de la masacre en Pando.
Son las 03.11 de la madrugada del jueves 16 de octubre de 2008, me encuentro sentado en la cama luego de haberme despertado una fuerte explosión de dinamita en algún lugar cercano a mi departamento. Por un instante, siento que me encuentro en otro tiempo y en otro lugar: 1976, en mi cuarto de estudiante de la Universidad Nacional de Tucumán sin saber si se trata del bombazo a la seccional segunda de la policía o del asesinato de cinco jóvenes por la AAA en el centro de la ciudad, a quienes se encerró maniatados en el vehículo dinamitado. En la realidad, se trata del atentado dinamitero contra el domicilio del senador disidente Guido Guardia y el sueño obedece a un resto diurno: mi indignación del día anterior por la campaña de desprestigio desatada en contra de Rodolfo Matarollo, jefe de los investigadores de la masacre en Pando y a quien Emilio Martínez descalifica como… el guerrillero de Unasur.
En una fracción de segundo, pasan por mi mente las imágenes del asesinato, el 17 de julio de 1976 en Villa Martellí, de Roby Santucho y Benito Urteaga, fundadores y dirigentes del PRT y de su brazo armado el ERP, instrumentos políticos que habían sido construidos para apoyar la resistencia de los trabajadores azucareros ante la violencia de la dictadura de Onganía. Los otros miembros de la cúpula de esta organización fueron Jorge Carlos Molina y Enrique Gorriarán Merlo, el “Pelao” , quien años más tarde participaría en la ejecución del dictador Somoza.
El PRT se fundó en 1965 a partir de la fusión del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) y Palabra Obrera (PO) de orientación trotskysta y con fuerte influencia en los sindicatos azucareros del norte argentino.
La dura represión desatada sobre estas organizaciones populares y revolucionarias generó miles de detenidos y torturados “confinados” a lo largo y ancho del país. En ese escenario violento hicieron sus primeras armas muchos abogados defensores de los derechos humanos, entre ellos Rodolfo Matarollo, de quien nunca escuchamos que hubiera sido parte de la dirección del PRT.
Cuando en 1976 se da el golpe de Estado, la represión abarcó a toda forma de disidencia interna, siendo particularmente agresiva contra los activistas de derechos humanos, a quienes se obligó a salir del país.
Estos exilados se organizaron alrededor del CADHU. Como afirma Iain Guest, la actividad intensa del CADHU bajo dirección de Matarollo motiva el hecho de que Rodolfo aparece en muchos libros y artículos de autores vinculados a la Junta como un personaje siniestro y subversivo. Lo que es de verdad sorprendente es el hecho de que, en los archivos de la Junta Militar, no existe registro alguno de que este hombre se hallase involucrado en alguna actividad terrorista. Sólo se establece que su ocupación es la de un abogado defensor.
Cuando la Comisión Internacional de Juristas visitó Argentina en 1975 encontró que 26 abogados habían recibido amenazas de muerte. Éstas incluían a Matarollo y a su socio, Roberto Sinigaglia. Mattarollo logró a salir a Francia ese año y Sinigaglia se quedó y fue arrestado el 13 de mayo de 1976 siendo hoy uno de los miles de desaparecidos. Por ello, la campaña en su contra nos obliga a pronunciarnos contra los “Ministerios de Fusilamientos mediáticos” y las "”Oficinas de Asuntos Necrofílicos” en esta Macabra boliviana y a confiar en que el informe de UNASUR establezca la verdad de los hechos y devuelva la paz al pueblo pandino.
* Senador de Podemos
Democracia, Equidad y Desarrollo


















