¡Volver a empezar!
Por: Roxana Pinelo *
Que se imponga el diálogo y el debate honesto. Porque para saber si quiero o no quiero tengo que contar con información.
Parece cierto que una gran afición del género humano había sido suspirar por los “y si hubiera” hecho esto en vez de lo otro, a lo mejor aún estaría gozando de aquellos brazos firmes que tanto desdeñé, o disfrutando de aquel trabajo con pinta de carcelero que me daba tantas satisfacciones siempre inadvertidas, o de vivir en mi tierra en vez de estar viviendo de segunda o de tercera en cualquier país amigo o enemigo, que más da, donde ser “boliviano” resultó ser el peor de los insultos… ¡Ah necios, los burros hablando de orejas!
La lista es larga e interminable como seres humanos habemos. Si ese día me hubiera callado. Si aquella tarde me hubiese aguantado. O si, más bien alguien me hubiera aconsejado que renuncie y eche a volar. Hoy no estaría peor que letra de tango o de bolero, roto y contrahecho. Y es que no hay nada más liberador que el efecto de decisiones claras y contundentes tomadas de manera individual y concienzudamente, muchas veces contra corriente, desoyendo la mar de consejos que apuran el paso de la vendetta o el trago amargo de aguantar y resistir estoicamente. Tampoco, ¿no?
Y viene a cuento porque nuestro país, ese suyo y mío tan querido, hoy tiene la maravillosa oportunidad de volver a empezar. ¡De que se tomen “decisiones” cuyos resultados nos acompañarán por mucho tiempo! De echar a andar de nuevo los motores todavía sin las alas rotas. Para ello se necesita, aparte de paciencia infinita, ganas de seguir volando juntos. Así, con nuestras altas y más bajas. Con toda la lista de agravios y desagravios. Contrarrestando la fuerza de mensajes y discursos que generalmente muestran excesos, disensos y exabruptos, Que exacerban los odios y apuntan a la violencia. Que engordan los miedos y los rumores. Pero que pasan por alto el reencuentro cotidiano. Que omiten las miles de historias y ejemplos que dan cuenta de convivencia pacífica y armónica. ¿Quién cuenta aquello? ¡Nadie!
Y que sea con cambio e inclusión para todos y para todos. Porque quién quiera mantener índices de pobreza y exclusión y seguir medrando, que se abstenga y se calle. Y que no se infiltre y actúe a nombre de todas y de todos. Que prevalezca el respeto a la ley por muy estrecha que sea. ¡Porque despreciarla es tan peligroso como irresponsable! Que nadie se haga al k"asa ni al opa y asuma sus responsabilidades desde donde corresponde. Para que Poncio Pilatos no aparezca y desaparezca muerto de la risa y del orgullo de ser imitado a diestra y siniestra.
Que prevalezca el respeto a la vida. A la opinión. Al disenso. Al “otro” y a la “otra” desde todas las canchas y todas las latitudes. Que se imponga el diálogo y el debate honesto. Porque para saber si quiero o no quiero tengo que contar con información. No con rumores ni con mentiras. Ni con documentos ni contra documentos que lo único que intentan es confundir, perjudicar y desinformar.
Y adiós a los dimes y diretes. A los estigmas y a los abusos. A los insultos y a las bajezas. A los atropellos y a las infamias. A los empujones y a las amenazas. Para no asfixiarnos y enfermarnos del alma y morir antes de tiempo. ¡Incluso como país! Para no arrepentirnos cuando ya no haya nada que hacer. Para que quede bien claro que “boliviano” no es un insulto. Es sinónimo de grandeza, de trabajo, de humildad, de alegría, de amor por la vida y por la familia. ¡Y de tantas otras cosas positivas que no vale omitir ni arriesgar!
* Comunicadora
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