La cuestión nacional y la lucha de clases

Por: Roberto Ruiz Bass Werner *
Ber Borojov, nacido en 1881 en Ucrania, hijo de un maestro de hebreo, contribuyó al pensamiento socialdemócrata de la época con la tesis de que los motivos nacionalistas y étnicos juegan un rol en la historia tan importante como la lucha de clases. Esta tesis se demostró trágicamente, no sólo para el caso del pueblo judío que fuera —luego de la muerte de Lenin— excluido de las políticas centrales del estado soviético, sino también para los socialdemócratas alemanes, checos, eslovacos, yugoeslavos, ucranianos, georgianos, finlandeses, etc, etc, que sufrieron luego las genocidas políticas stalinistas en el tema de las nacionalidades. También nos sirve para explicar el hecho de que, a pesar de que el pensamiento marxista convocaba a la unión de todos los proletarios del mundo, en la práctica los obreros se alistaron entusiastas en sus respectivos ejércitos nacionales en las dos sucesivas guerras mundiales del siglo pasado que, en conjunto, provocaron la muerte a casi 70 millones de seres humanos de todas las condiciones sociales y grupos étnico-culturales (¡!). Sabemos cómo y porqué los hombres, para producir y reproducir su vida en comunidad, aparecen como “naturalmente” organizados y divididos en clases sociales. Sabemos porqué no todos los miembros de una sociedad humana ocupan la misma posición en las relaciones de producción. Sin embargo, nos dice Borojov, lo que está todavía por explicarse son las razones responsables de la diferencia entre las varias sociedades humanas, razones que dan lugar al concepto mismo de la “cuestión nacional” y sus conflictos concomitantes. Mutatis mutandis, es la misma pregunta que nos debe llevar a buscar la explicación no sólo de por qué hablamos de un proletariado ruso o de una burguesía inglesa, sino también a preguntarnos porqué mientras los trabajadores tarijeños respaldan la autonomía departamental, los obreros alteños se manifiestan contrarios a ella; o a explicarnos las diferencias entre el Estatuto Autonómico cruceño y el tarijeño. La respuesta, continúa Borojov, parece encontrarse en el concepto de “condiciones de producción”, las mismas que son geográficas, antropológicas e históricas. Dependen tanto del medio ambiente natural y de la “raza” como de las influencias externas que moldean eso que, finalmente, se transforma de una “comunidad de carácter, en una comunidad de destino”. ¿Cuándo, entonces, se generan las condiciones para la emergencia de los conflictos nacionales? ¡Cuando el desarrollo de las fuerzas de producción de una nacionalidad específica entra en conflicto con el estado de sus condiciones de producción! ¿No es éste el caso del Estado centralista y monocultural que, tanto desde los gobiernos de izquierda como de derecha, actúa sobre los departamentos de la periferia como una suerte de chaleco de fuerza que impide el desarrollo regional, concentrando el poder y confiscando sus recursos? Los conflictos que tiene hoy el Estado boliviano con los departamentos, en relación con el IDH, son de la misma naturaleza de aquellos conflictos por el control de las posesiones materiales o de los activos que estos cuerpos sociales agrupados, bajo las denominaciones de chechenos, osetos, eslovenios, chapacos, cambas, chaqueños, guaraníes, aymaras, etc, reclaman como suyos. El éxito del diálogo en curso depende de la correcta interpretación de estas demandas y de un diseño de Estado que facilite el desarrollo armónico de todos los bolivianos. * Senador de Podemos
Democracia, Equidad y Desarrollo


















