Santa Cruz de la Sierra
el 24 sep En: POLITICA Y DEMOCRACIA - 1 comentario

Mariella Pereyra Ortiz*
El desenlace de la Guerra del Chaco trasciende los resultados del enfrentamiento fratricida y constituye —dentro del marco del constitucionalismo social— el desarrollo moderno un Estado boliviano que revisa geopolíticamente las posibilidades del oriente.
En ese contexto, la creación de YPFB y la confiscación de la Standard Oil iniciaron un proceso de recomposición económica que proyectaba a la capital oriental como bastión del desarrollo nacional. Esta circunstancia se vio fortalecida por la ley del 15 de julio de 1938 que estableció el derecho de los departamentos productores a percibir el 11% como regalía por producción bruta de hidrocarburos en boca de pozo.
Por esos años, Santa Cruz era un pueblo pequeño, no había agua potable ni alcantarillado, la electricidad era insuficiente y pensar en instalar teléfonos o pavimentar sus arenosas calles resultaba desproporcionado. La precaria situación habría de prolongarse hasta cuando las potencialidades cruceñas empezaron vía el ´Plan Bohan´ en 1942. En ese marco, la construcción de los tramos ferroviarios a Brasil y Argentina contribuyeron a dinamizar la economía regional, y la construcción de la carretera asfaltada a Cochabamba permitió que los productos orientales inicien la conquista del mercado andino.
A su vez, la citada diversificación avasalló a la propia Santa Cruz, que vio cambiar el ritmo de sus días bajo el remodelamiento urbano urgido por el Plan Ivanissevich. Por ende, la tierra de Ñuflo de Chávez duplicó a fines de 1950 su población, llegando a 50.000 habitantes. Era sólo el principio de un acelerado proceso migratorio destinado a cambiar la fisonomía de una ciudad que, cincuenta años después, cuenta con más de un millón de habitantes.
No se puede dejar de mencionar la iniciativa de cruceñ@s que forjaron instituciones llamadas a desempeñar un rol igualmente decisivo que el estatal, a saber: Comité pro-Santa Cruz, Unión Juvenil Cruceñista, Comité Cívico Femenino, Comité de Obras Públicas de Santa Cruz, CRE, Cotas, Saguapac y otras.
Así, ora por presiones externas e internas, en 1960 Santa Cruz comenzaba a gestar un desarrollo que, en pocos años, la llevaría a liderar el sector agroindustrial, ganadero y forestal. Éste, si bien empezó a crecer de forma sostenida y modesta al comenzar la década de los 90, hoy, en los albores del siglo XXI, es innegable que apuntala el aparato productivo y exportador boliviano.
Por otro lado, Santa Cruz muestra las peculiaridades previsibles de toda sociedad en formación; pero, a pesar de los esfuerzos de la demagogia chauvinista, es una región que se opone a las prácticas majaderas de grupos racistas, secretos y prebendales, que echan mano de un supuesto civismo y que tienen por razón el tráfico de influencias para beneficiar a sus miembros.
Y por encima de afectos, desafectos, adhesiones, oposiciones, convicciones ideológicas, intereses de clases socioeconómicas y otros, impera tener presente que la inmensa mayoría de cruceñ@s se identifica con valores democráticos. Como también es importante reconocer que la denominada tierra de oportunidades está siendo rebasada por un sinfín de necesidades básicas insatisfechas.
Y es que a veces parece olvidarse que Santa Cruz de la Sierra también es parte de Bolivia en la pobreza.
*Mariella Pereyra O.
es cientista política.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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