(Qué dialogo puede ser posible, si se amenaza con la violencia descontrolada)

Por: Eduardo Campos V. *

Una vez más, somos testigos de cómo se tergiversan las cosas. Ahora que se ha instalado un nuevo escenario de dialogo para pacificar el país, se vuelve a ponerle trabas. El dialogo actual – hay que decirlo sin reparos – no es producto de la voluntad concertador del gobierno, no se trata de un reconocimiento de los errores cometidos (un mea culpa), no es porque se hayan dado cuenta que la violencia no conduce a nada; el dialogo, es producto de la intervención de la comunidad internacional, que ha visto con mucha preocupación lo que esta sucediendo en nuestro país.


Como todos conocemos, la reunión del UNASUR de hace algunos días, entre sus conclusiones ha señalado la urgencia de sentar en una mesa a las partes en conflicto (el gobierno y las regiones autonomistas) para que puedan alcanzar mínimos acuerdos que superen los escenarios de violencia descontrolada que se han producido. Son ellos que le han presionado al gobierno, para que deponga su estrategia confrontacionista. Los trascendidos del evento internacional, han llegado a develar que fue la posición firme y decidida de Ignación Lula Da Silva (presidente del Brasil) la que finalmente se impuso, ante la pretensión temeraria y desaprensiva de Hugo Chávez de intervenir armadamente Bolivia, en su interés de convulsionar aún más la región. Claro, al presidente del Brasil, no sólo le interesa la tranquilidad y paz en la región, sino y sobre todo, le preocupa el riesgo que supone para la economía de su país que Bolivia – producto de la violencia descontrolada - deje de enviar gas natural al suyo. Esa es la principal causa para que estemos nuevamente en la mesa de negociaciones y no en las calles.

Sin embargo, ésta historia que todos esperamos tenga un final feliz, aún depende de varios escollos, aparentemente insalvables. El gobierno, mientras declara ante la comunidad internacional que es víctima de una conspiración cívico regional que pretende derrocarle, moviliza a sus grupos de choque para sitiar la ciudad de Santa Cruz; mientras por todos los medios que controla, su propaganda sostiene que “Evo quiere una patria grande, unidad y para todos”, sus principales jerarcas azuzan al odio y el enfrentamiento; mientras hablan del interés nacional y la defensa de la patria, no hacen nada para evitar los bloqueos que están provocando desabastecimiento de alimentos y el colapso de la actividad productiva.

Claramente el gobierno no tiene ningún interés de aprovechar la oportunidad para reponer los errores cometidos. No se nota una predisposición para consensuar un nuevo texto constitucional que exprese el interés de todos los bolivianos; no se ve, ninguna voluntad de contribuir a la pacificación efectiva de la sociedad boliviana. Lo que hacen nuevamente, es llevar el escenario de dialogo al rompimiento, pretendiendo de esa manera justificar sus acciones.

No es la primera vez que lo hacen, ya son varias, las veces que lo han hecho. Los anteriores escenarios de dialogo, fracasaron precisamente por lo mismo. Cada vez que se acercaban las negociaciones a una posibilidad real de concertación, los fundamentalistas sobreideologizados que controlan el gobierno, se encargaron de romperlo. Solo hay que recordar las maniobras que llevaron la Asamblea Constituyente a La Glorieta o la burda aprobación del texto constitucional en Oruro (en 12 horas y sin leer el contenido). Esas son pruebas concretas, de la que todos hemos sido testigos. Ahora, todo indica que se pretende hacer al parecido, sino díganme ¿qué sentido tendría el cerco a la ciudad de Santa Cruz, que no sea provocar el rompimiento?


Felizmente, de nuevo la presión internacional ha jugado un papel fundamental. Esta vez, para exigirle a Evo Morales que “ordene” a sus huestes, detener su intento de ingresar violentamente en la ciudad cruceña. Sin embargo, uno se pregunta: ¿Por cuánto tiempo se podrá detener esas acciones?, ¿qué otros argumentos utilizarán para volver a provocar el enfrentamiento?, ¿será posible que finalmente el gobierno acepte el dialogo como la única posibilidad para resolver los problemas del país? No sabemos. Lo que si es evidente es que mientras no tengan argumentos convincentes para justificar su proyecto de constitución, la violencia siempre será su mejor recurso.

Ellos bien lo saben; para el presidente Morales, su “inteligente” vicepresidente, sus ministros y sobre todo, sus asesores venezolanos, lo primordial es aprobar a como de lugar el texto de su nueva constitución, misma que entre otras cosas, niega la nación boliviana, privilegia los derechos de los aymaras respecto a los demás habitantes del país, reorganiza el territorio en 36 nacionalidades, pone en riesgosa propiedad privada, ahuyenta las inversiones extranjeras y sobre todo – esto es lo que más les interesa - garantiza la reelección indefinida de su líder.

Así, no se va ha construir una nueva Bolivia; así – por más que la aprueben a la fuerza – no será posible resolver los graves problemas estructurales que tenemos; así, antes que vincularnos con el mundo, para aprovechar las extraordinarias condiciones que nos brinda la presente coyuntura, nos enclaustramos en el pasado. Estamos ante una paradoja de la historia del país. Los miles de votos que apoyaron a Evo Morales para cambiar Bolivia, ahora se utilizan para destruirla.

Director de A. C. Cramer

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