Estoy contigo, Homero Carvalho
el 21 sep En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Por: Fernando Salazar Paredes *
Es hora de serenarse y empezar a construir un país para que la sangre de nuestros muertos sea la savia que nutra el árbol.
Acabo de leer un brevísimo y sencillo ensayo digital de mí amigo Homero Carvalho que lleva el título de Separatistas y separadores en el que, con su inigualable pluma y talento, describe quiénes, en este país, son los separatistas y los separadores.
Resumiendo, los primeros “hablan de una nación, sueñan con nuevo país, fingen ser autonomistas, son de extrema derecha, se creen blancos arios, pululan en la crisis, violan las leyes, son violentos y cínicos, convocan a la guerra y aparentan que quieren paz, son soberbios y petulantes, están en la ‘media luna’ e incrustados en la oposición y, creyéndose los más, son unos cuantos”.
Y ¿los separadores? “Son los que hablan de varias naciones, sueñan con un antiguo país, fingen ser socialistas, son de extrema izquierda, se dicen indigenistas, pululan en las crisis, violan las leyes, son cínicos y violentos, anuncian la guerra y dicen ser de la cultura de la paz, son petulantes y soberbios, están en el occidente, incrustados en el Gobierno y creyéndose los más, son unos cuantos”.
Luego de esta delineación, Carvalho sintetiza lo que muchos sentimos en estos tiempos de fundamentalistas que pregonan la confrontación, porque no creen en la unidad nacional: “Los países, cuando nacen, se sueñan a sí mismos como grandes naciones. En algún momento despiertan y construyen su sueño; parece que tuvimos un sueño muy prolongado que devino en pesadilla y nos hemos despertado desasosegados y confundidos. Es hora de serenarse y empezar a construir un país para que la sangre de nuestros muertos, de uno y otro lado, sea la savia que nutra el árbol de la nueva Nación que nos merecemos”.
Y cuando esos fundamentalistas nos tratan de imponer un alineamiento o con los separatistas o los separadores, Homero nos ubica: “Nosotros, que no somos ni separatistas ni separadores, que somos país, que somos pueblo, que somos la Nación, que somos el fruto del mestizaje; que no nos enoja que nos digan camba e’mierda, ni colla e’mierda, ni chapaco e’mierda; ni nos humilla que nos digan indios, ni mulatos, ni cholos, nosotros que somos Bolivia, alcemos nuestras voces desde nuestros corazones y digamos que no los queremos, ni a los separatistas ni a los separadores. Digámosles que ya basta, que se calmen antes que los relocalizemos de nuestras vidas y se queden solos, rumiando sus odios y sus rencores. Hagámoslo por nosotros y por nuestros hijos que se merecen una sociedad mejor, un país mejor, una Bolivia mejor. Usted, ¿está con nosotros o con ellos?”
Salvando algunas descripciones, estoy contigo, Homero, y con tu mensaje claro y contundente. Bolivia es una sola, mestiza, producto de 173 años de derrotas y aciertos, de predestinados y mártires, donde cantamos “morir antes que esclavos vivir” y no tenemos el menor reparo de extender la mano, cipayamente, hacia la potencia de turno que, bajo cualquier pretexto o eslogan barato, pisotea nuestra soberanía. El poder, que todos parecen buscar, es efímero. Todos hablan del pueblo y a nombre del pueblo. La historia, inclusive la más reciente, nos demuestra que éste es tan veleidoso que, apoyando a Belzu, apoyó a Melgarejo, y así sucesivamente.
Claro que queremos cambio. El cambio era y es necesario para superar la exclusión de tantos y por tanto tiempo. Eso sí, cambio para un bienestar e inclusión de todos, acá y acullá. Esa es, ideologías aparte, nuestra responsabilidad y nuestra utopía porque, como diría el poeta cubano Fernández Retamar, “después de todo, compañeros, quién sabe, si sólo los muertos no son hombres de transición”.
* Abogado internacionalista
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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