¡Ancladísimos!

Gary Antonio Rodríguez A.*
Recientemente informé sobre la preocupante carta que S.E. mandó, sentenciando que la Ronda de Doha de la OMC estaba "anclada en el pasado" y que el mercado interno contaba más que las exportaciones. ¡Qué contrariedad!
Según una publicación del Instituto Nacional de Estadística (INE), el sector exportador boliviano generaba más de 370.000 empleos hace cuatro años. Si de esos trabajadores tan sólo un 70% hubieran sido jefes de hogar con apenas tres dependientes, las exportaciones habrían estado beneficiando entonces al menos a 1.300.000 bolivianos y bolivianas. ¡Hermoso dato! Ahora que nuestras ventas externas casi se han duplicado al llegar a 4.800 millones de dólares el año 2007, con toda seguridad su importancia ha crecido mucho más. Imposible pensar en lograr esto sólo con el mercado interno…
Lo cierto es que cerca de 1.500 exportadores aportan con denuedo al desarrollo de Bolivia, comercializando cada año 1.000 productos a más de 100 países. ¡No habían sido seis empresarios que vendían sólo seis productitos a seis mercados!
Beneficiarse de las exportaciones significa para cualquier país, en lo macroeconómico: la posibilidad de atraer inversiones, tecnología, generar más empleo y crecer a las altas tasas que no permite el mercado interno. Por ejemplo, gran parte del 6% de crecimiento del PIB este año se debe a la venta del gas y minerales. La Minera "San Cristóbal" —inversión estadounidense, por si acaso— contribuyó a ello y ¡ojo que el mineral no es para el mercado interno!
Pero más importante aún, en lo microeconómico: ¿cómo beneficia la exportación a la gente? Los trabajadores de este sector reciben en Bo- livia más del doble del salario-promedio privado, y ni qué decir respecto al promedio en la administración pública; además, tienen cobertura social garantizada para sus familias, y mayor capacidad de gasto en alimentos, salud y educación.
¿Cómo se entiende, entonces, que desde el mismísimo Poder Ejecutivo boliviano se denigre la exportación —asociándola a la codicia— sentenciando que "…el 20% de la producción destinada a la economía externa es ya de por si un indicador alto"? (ver: "Promoción de Exportaciones: Enfoque de Demanda – 2008" - Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos).
Bajo esa perversa lógica ¡Brasil y Argentina se quedarían sin nuestro gas, así como Chile! ¡Pobres de los trabajadores, pues las exportaciones caerían a menos de la quinta parte! Centenares de empresas cerrarían; la inversión externa desaparecería y más de un millón de personas serían afectadas. No habría dinero para pagar la Renta Dignidad ni el Bono Juancito Pinto; y, el crecimiento del PIB seguramente pasaría a depender más de las remesas de nuestros migrantes en el exterior y del efecto multiplicador del narcotráfico, a cuya exportación ilegal —por cierto— ¿quién pone coto?
Democracia, Equidad y Desarrollo


















