¿Muertes para dialogar?

Carlos Toranzo Roca*
No se necesita una guerra civil para tener muertos. Sin necesidad de ella, hubo cerca de 70 en el régimen de Sánchez de Lozada. Durante el presente gobierno han muerto cerca de 40 bolivianos, todos en medio de una violencia política descontrolada. ¿Ya no nos conduele la muerte para entrar en razón y solucionar los problemas por medio del diálogo? En otros países, por ejemplo en Colombia, la muerte es un hecho cotidiano, pero hay quienes reaccionan contra la violencia paridora de luto. En México han salido a la calle miles de personas para clamar que no haya muertes causadas por cualquier tipo de violencia, han salido para lanzar un grito de valoración de la vida. Pero, en Bolivia no deja de haber quienes dicen con mucha facilidad que es necesaria la guerra civil para lograr la victoria de sus ideas. ¿Conocen lo que es una guerra civil, tienen idea de qué pasó en España y cuántos muertos y cuánta violencia hubo en su guerra civil? Pero, es fácil proclamar la guerra civil o azuzarla cuando los muertos son otros y no quienes agitan la guerra con la palabra. Otros dicen que la violencia es la partera de las revoluciones, que sin ella no se logran cambios sustantivos en la política y la sociedad, por tanto, usan lenguaje confrontacional para arrinconar a los enemigos, usan violencia para derrotar a los enemigos. ¿Pero, se han puesto en el cuerpo de los deudos, de los dolientes, de los huérfanos; se han puesto en el cuerpo de todos quienes han perdido a un ser querido por acción de la violencia, por acción de las palabras guerreras y de odio?
No sólo preocupa que haya muerto mucha gente, sino lo que asombra es cómo se usa la palabra para generar más violencia, cuyo resultado serán muchos más muertos. Se está instalando peligrosamente en el país un discurso de odio; se habla cotidianamente que al enemigo hay que aplastarlo, derrotarlo y hasta eliminarlo. ¿No eran esas palabras las que escuchábamos en los 60 y en los 70 en épocas en que gobernaban dictaduras? En el pasado claro que había racismo, pero existía en la vida privada, lo cual es profundamente censurable e intolerable, pero hoy el racismo es más grave, pues se ha convertido en discurso estatal, con lo cual la violencia crece exponencialmente. Los odios que se cultivan y avivan hoy generan heridas que no cerrarán en décadas ¿Se han percatado de eso quienes promueven el odio y el enfrentamiento?
¿Dónde está el interés común y la búsqueda de un futuro compartido entre todos los bolivianos? ¿Dónde está el respeto por el otro? ¿Dónde está la tolerancia? Nos han ganado los intolerantes, ésos que creen que el futuro es negando al otro. ¿Porqué se habla tanto de diversidad, de pluriculturalidad, de interculturalidad, si no se respeta al de otra cultura, si no se respeta al de otra región? Entonces, las palabras y los conceptos se vuelven huecos, falsos, pues con el uso de ellos se oculta la monoculturalidad.
Debemos esperar a que haya muertos para que se abra el diálogo. ¿Será justo jugar con la vida humana por el interés de imponer las ideas propias?
*Carlos Toranzo R.
es economista y
analista político.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















