Diálogo, inflación y pobreza
Por: Jorge E. Torres Obleas *
La afectación de los hogares que se encuentran en un nivel de pobreza extrema es muchísimo mayor.
La inflación tiene múltiples facetas negativas, pero aquella que golpea con fuerza a las familias más pobres es seguramente la peor. El anterior boletín Jubileo expone las cifras asociadas al impacto de la inflación en nuestro país sobre los más pobres; se informa que entre enero y julio, mientras la variación en el índice de precios al consumidor (IPC) fue en promedio general de 9,3%, en el caso de los hogares con menor nivel de ingreso fue de 11,3%. Esta situación también se presentó en la pasada gestión, cuando el nivel de afectación de la inflación respecto de las familias pobres alcanzó a 13.4%, casi dos puntos porcentuales por encima del nivel general.
Esta afectación se explica a partir de la estructura de gasto de los hogares de menor nivel de ingreso económico, en los que el gasto en alimentos y bebidas tiene una mayor incidencia.
En efecto, para pesar de los hogares más pobres que destinan la mitad de su ingreso en alimentación —frente a sólo una cuarta parte que es destinada por hogares de mayores ingresos—, la inflación de los productos alimenticios se situó muy por encima del nivel promedio, impulsada por factores tanto de carácter endógeno como exógeno.
La afectación de los hogares que se encuentran en la pobreza extrema —que lamentablemente se ven obligados a destinar casi la totalidad de su ingreso para cubrir sus necesidades de alimentación— es mucho mayor y llega a duplicar el nivel general del IPC.
Desde esa perspectiva, y considerando que la crisis alimentaria instalada a nivel global está directamente relacionada con variables de carácter estructural —en otras palabras, no tiene un carácter estrictamente coyuntural—, no cabe duda que la problemática de la inflación de los productos alimenticios debiera merecer una atención prioritaria.
En el mundo, y particularmente en nuestro país, la crisis alimentaria global y su efecto directo sobre el costo de la canasta básica de alimentos ya se ha convertido en la causa de mayor empobrecimiento de los estratos más vulnerables de la sociedad. Este panorama, como informa la Fundación Jubileo, plantea una serie de retos para las autoridades competentes, los empresarios y otros sectores.
Para que dichos desafíos puedan ser encarados de manera eficiente se requiere un accionar coordinado entre todos los actores involucrados y, en ningún caso, a partir de acciones aisladas o simplemente bienintencionadas; en otras palabras, se deberían encararlos mediante alianzas entre el Estado y los agentes económicos privados.
Lamentablemente, el actual estado de conflictividad política y social que agobia al país constituye una barrera difícil de superar y que, como se desprende de lo explicado, son los hogares más pobres sus principales víctimas.
Prácticamente todos los análisis sobre las más diversas problemáticas conducen a la necesidad de un entendimiento entre las partes en conflicto; tratándose del hambre y de las carencias que azotan a los bolivianos más pobres —supuestos destinatarios de las propuestas de dichas partes— ¿no se trata de una razón poderosa para la construcción de puentes de entendimiento y acercamiento?
* Economista y docente universitario
Democracia, Equidad y Desarrollo


















