Bloqueos y Woodstock

Gonzalo Chávez A.*
Apenas estábamos disfrutando del ch'aki del referéndum revocatorio, ahora se viene un combo de referendos y elecciones, y, seis meses después, para cerrar esta maratón de votos, elección de Presidente. “¡Ahora que tenemos, bien le cascaremos!”.
Mientras nos alistamos para este Woodstock del poder, volvemos a mirarnos frente a un espejo roto que muestra una sociedad angustiada que sabiamente dijo su verdad y dibujó un mapa del poder apto para el pacto, en tanto la élite política, cada vez más polarizada, apuesta al enfrentamiento. Es un escenario donde todos estrangulan a la aritmética del voto, a su manera, para declarar victorias pírricas y anuncios de más batallas.
La victoria innegable del presidente Morales no fue suficiente para generar gobernabilidad; todo lo contrario, aumentó la inestabilidad. La ratificación, a través también del voto, de los prefectos opositores tampoco es suficiente para avanzar en las autonomías. La gente cumplió con su país, apostó a la democracia; son nuestros políticos los que no hacen su trabajo, no son capaces de pactar, vuelven a su antiguo oficio: bloquear. “Con victorias como éstas, estamos perdidos”.
Por enésima vez vivimos el síndrome del país bloqueado desde múltiples perspectivas: económica, política e ideológica. Hace cinco años, la oposición, ahora en el árbol del poder, bloqueaba y esta acción era digna y revolucionaria. En aquella época, el noble fin justificaba el bloqueo. Ahora la tortilla se vuelca. Los antiguos dueños del Gobierno bloquean en su papel de oposición. La magia del pasado se vuelve contra el mago. Los que antes condenaban con vehemencia los bloqueos, son ahora sus apologistas; el medio justifica el fin. Mi bloqueo es (fue) justo, el tuyo es (fue) pagado, se gritan desde las orillas de la intolerancia. Son los homos bloquis en acción. Cualquiera que sea la aproximación que hagamos, esta dinámica política sólo produce desorientación y desesperanza en la población. Ésta, en su mayoría, mira atónita desde las graderías a unos leones p'allpas (sin dientes) que quieren comerse a unos cristianos desnutridos y viceversa. Dejo a su imaginación la conclusión de quién es quién en nuestro caso.
Este parece ser no un país de ganadores, como alguna vez se dijo, sino de empatadores. Independientemente del resultado de las urnas, aquí no se gana en la cancha sino en el grito y la propaganda.
En estos días de ira e incertidumbre, los bloqueos de caminos son mortales para el cuerpo económico del país. Atentar contra la libre circulación de personas y bienes, además de ilegal, es un crimen contra la productividad y el desarrollo. ¡Sorpresa!, quienes los promueven son los que antaño denunciaban el estrangulamiento del aparato productivo de los bloqueos cocaleros. Ojo por ojo, diente por diente.
Tú me bloqueaste, ahora yo bloqueo, ellos continuarán bloqueando. El verbo preferido de la élite política es bloquear. Tú me bloqueas en el Senado, yo te bloqueo en la calle, ellos bloquean la Constituyente, yo bloqueo tu revolución. ¡Ah!, yo bloqueo tu autonomía. Todos bloqueamos el Estado de Derecho.
Este es un camino sin salida que recorremos rumbo a un norte que no existe y que, además, está lleno de ramas y troncos. Unos queriendo socializar la pobreza, buscando generar una distribución del ingreso sin crecimiento, y los otros buscando crear un sistema de mercado sin consumidores, un crecimiento sin generación de riqueza. Los Carlos Marx y Adam Smith criollos se dan las espaldas. Bloquean ruinas de caminos circulares.
Vivimos también un bloqueo conceptual. Las reformas de corte neoliberal se han agotado, pero somos incapaces de hacer un análisis sereno de las cosas buenas que hemos hecho en estos años, que pueden ayudarnos en el futuro. El bloqueo mental nos ciega la razón y algunos quieren tirar al niño, la bañera y el jabón por la ventana. El pasado enterito al tacho. Es hora del neopopulismo económico que apuesta nuevamente al espejismo de los recursos naturales.
Del otro lado del espectro político están aquellos que se agarran de privilegios de aracas, no quieren soltar la mamadera y defienden un modelo económico y político que ya hizo aguas por todas partes. La acumulación y las rentas concentradas en manos de pocos, no construye nación, también bloquea el desarrollo. Las neuronas de la creatividad también están bloqueadas por aquellas que administran los discursos llenos de adjetivos y consignas, de un lado y del otro.
¿Cómo romper, de manera estructural, el síndrome de la sociedad bloqueada? ¿Cómo superar el círculo vicioso entre excluidos e incluidos para desbloquear los múltiples candados con los que nos encerramos, cada vez con más frecuencia, en el fondo del pozo? ¿Los referendos dirimitorio y de aprobación de la nueva Constitución desbloquearán el país? Este domingo no tengo la menor idea, se me bloquearon las ideas, y lo que es peor, se me bloqueó la esperanza.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















