Ramiro Prudencio Lizón*

Después del referéndum revocatorio, donde se ha consolidado el poder del presidente Morales en el occidente del país y el de los prefectos autonómicos en la llamada Media Luna, hubo un deseo de ambas partes de buscar un entendimiento que posibilitara la gobernabilidad hasta el término de la actual gestión presidencial.

Pero cabe la pregunta: ¿es posible que las citadas partes puedan llegar a ese anhelado entendimiento? Lamentablemente, la respuesta es negativa. Existen diferencias estructurales que impiden toda posibilidad de diálogo. Por una parte, en el MAS, hay un desesperado anhelo de estatizar los medios de producción y de implantar un sistema socialista en el país, mientras que los prefectos autonómicos desean que se continúe con un régimen neoliberal en la economía nacional.

Cuando finalizó la II Guerra Mundial, con los triunfos de EEUU y de la Unión Soviética, se creyó en el mundo que existían dos corrientes políticas que podían desarrollar económicamente a los estados: la capitalista y la socialista. Como la segunda propugnaba además la igualdad social, fue de más agrado en los países latinoamericanos, más idealistas y sentimentales que los europeos o asiáticos.

Pero en el decenio del 80, se produjo el derrumbe de la Unión Soviética y de todos los países socialistas europeos, demostrando con ello que la política socialista y estatista había resultado un completo fracaso. En Latinoamérica había ocurrido algo semejante. Todos los gobiernos que habían tratado de seguir esas corrientes izquierdistas no sólo provocaron fuertes crisis en la economía de sus naciones, sino que determinaron el surgimiento de gobiernos autoritarios, como pasó con Salvador Allende en Chile y con Alan García en Perú.

En Bolivia ocurrió algo más grave aún. Basta recordar la muy infausta revolución nacional de 1952, que hundió una riqueza minera que databa de más de 400 años y, asimismo, la paralización de la producción agrícola en el altiplano y valles debido a la reforma agraria. Sólo se salvó la agricultura y ganadería cruceña porque el Gobierno de entonces tuvo gran cuidado de no implantar sus ideas revolucionarias en el oriente boliviano.

Actualmente existe en el continente una corriente política de izquierda moderada, que mantiene una posición neoliberal en la economía pero con tendencia a apoyar el desarrollo de las poblaciones anteriormente marginadas. De este modo, revolucionarios como Lula, Michelle Bachelet y Alan García, con su gran experiencia política, comprendieron que no podían

seguir sosteniendo sus juveniles sentimientos izquierdistas y determinaron encauzar a sus países en la actual política neoliberal y globalizadora que reina en los principales países del mundo.

Mientras el presidente Morales, quizás por su poca preparación, ha decidido implantar nuevamente en el país un gobierno socialista y estatista, los prefectos de la Media Luna, conscientes de que dicha política socializadora hundirá cada día más al país, han decidido oponerse férreamente a ella, pues desean un gobierno diferente, que fomente la inversión extranjera, la exportación de los productos nacionales y el respeto a la propiedad privada. Pero el Gobierno hace lo contrario, impide la exportación de nuestros productos y fomenta la importación bajando el precio del dólar. Y lo más grave, se opone a la inversión extranjera y se esmera en resucitar a elefantes blancos que ya estaban muertos, como YPFB y Comibol.

¿Cómo se resolverá la cuestión económica y social del país? Una de las posibilidades sería que el gobierno del MAS implante su política socializante en el occidente y que en el oriente permita gobiernos autonómicos neoliberales. Porque si insiste el presidente Morales en estatizar la economía nacional y mantener los violentos enfrentamientos con los prefectos opositores, sólo logrará una mayor división del país hasta convertir a Bolivia en una nación ingobernable, sujeta a la intervención extranjera como está ocurriendo en Haití.

*Ramiro Prudencio L.
es diplomático e historiador