No más inestabilidad política irresuelta

Mariella Pereyra Ortiz*
En su ensayo ´Dimensiones de la Conciencia Histórica´, el pensador francés Raymond Aron sostiene que: ´Los acontecimientos que incitan el conocimiento histórico son los que se relacionan con valores: valores afirmados por los actores o por los espectadores de la historia. La selección histórica está dirigida por las preguntas que el presente hace al pasado´.
En base al contexto citado por el filósofo, sociólogo y comentarista político francés, se puede afirmar que los valores de la Bolivia del presente siglo son democráticos y reivindican transparencia, concertación, participación, tolerancia, pluralismo, apertura y sobre todo respeto a la diversidad en todas sus facetas nacionales.
Y si bien la mediatización y masificación sobre la viabilidad de un régimen autonómico de gobierno departamental en las territorialidades denominadas como ´Media Luna´ ha estado signada —de uno y otro lado— por intereses, entusiasmos, imprecisiones y prejuicios, es irrefutable que el establecimiento de autonomías departamentales conlleva una legítima prioridad política y por ende está cargada de valores históricos.
El tiempo de continuar en la polémica de si las autonomías departamentales son inquietudes académicas, preocupaciones de cierta élite departamental, de un movimiento regional cívico y/o empresarial que sólo están para satisfacer a sus intereses de grupo, y más aún si l@s cruceñ@s somos separatistas, racistas, despóticos y oligarcas, ya no puede seguir.
Definitivamente, ya es tiempo de que la Bolivia andina vea que es incuestionable que la autonomía departamental conlleva prioridad en la agenda política nacional y además que acepte que la instauración de un régimen autonómico en los departamentos de Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija es una realidad ineludible que está más allá de afectos, desafectos, adhesiones, oposiciones, convicciones políticas, ideológicas, intereses de clases socioeconómicas y otros.
Fehacientemente el proceso autonómico en la Media Luna se ha vuelto a cimentar con la última manifestación ciudadana vertida días atrás, evidenciando una unión de la clase media con otros sectores sociales, que incluso transgreden la partidocracia, las vinculaciones gremiales, sectoriales, cívicas y las fisonomías corpóreas, nunca vista en tal magnitud. Evidenciando que las autonomías son un factor que ha permitido aglutinar el sentimiento de una región más allá de las diferencias.
La otra Bolivia tiene y debe acatar los dictámenes vertidos en democracia y aceptar que cuatro de las nueve regiones departamentales bolivianas requieren gobiernos autónomos y precisan que su legítima voluntad —democráticamente expresada en las urnas— sea considerada y por sobre todo respetada, y no persistan en dejarnos en el limbo coyuntural de inestabilidad irresuelto de los últimos tiempos.
No se puede hacer caso omiso a que el 10 de agosto la ciudadanía acudió disciplinadamente a los recintos electorales y cumplió con su deber buscando y/o ratificando una alternativa que nos permita acceder a un sistema político que sea capaz de superar las polaridades regionales y dé respuestas a los desafíos autonómicos, facultando la edificación de una Bolivia viable y productiva.
*Mariella Pereyra O.
es cientista política.
Democracia, Equidad y Desarrollo




















domovilu dijo
Siempre lo leo a Ud.
Un saludo fraterno.
21 Agosto 2008 | 09:45 AM