Mariella Pereyra Ortiz*

En el ámbito de la ingeniería política se pueden extrapolar los términos aplicados por el célebre matemático y físico alemán Karl F. Gauss, cuando categoriza a los errores como sistémicos o accidentales. Los errores sistémicos serían aquellos que afectan el diseño general de un determinado modelo y los errores accidentales aquellos que conllevan desviaciones que se pueden presentar en su ejecución. Cabe recalcar que la Ciencia Política moderna ha enfocado el tema desde otras perspectivas en los estudios de David Easton, Giovanni Sartori y Robert Dahl, entre algunos autores de mayor renombre.

Los errores accidentales son desviaciones específicas y contingentes, que pueden ser corregidas y además son concebibles en cualquier diseño. La mismísima ingeniería fue definida como la ciencia del error tolerable. Con mayor razón, cualquier modelo político puede ser víctima de las contingencias, con lo cual la fortaleza de su concepción es directamente proporcional a su probabilidad de superar los accidentes.

En el ámbito político, los errores sistémicos afectan el diseño general de un modelo de gobierno, es decir, no tienen solución puesto que su principal característica es que las deficiencias, irregularidades y delitos dejan de ser accidente para convertirse en norma. Y sí, evidentemente hay desubicación en pedirle peras al olmo, como hay necedad en pedirle eficiencia a la incapacidad gubernamental y respeto al Estado de Derecho a una administración política que utiliza con beneficio de inventario a la democracia y que, entre otros, ha profundizado el regionalismo, racismo e intolerancia de los sectores sociales oficialistas en todo el territorio nacional.

En el citado contexto, un Estado nacional administrado bajo el ´modelo de gobierno del Sr. Juan Evo Morales Ayma´ padece de un error sistémico, ya que está errado en su concepción al no dar respuestas a un marco que pueda darle alguna coherencia, por modesta que sea; por lo tanto, todas las referencias históricas, ideológicas o programáticas son poco menos que ociosas en el contexto de su funcionamiento. Librado al azar más pedestre, nuestra Bolivia y sus actuales gobernantes, al intentar confundir las prestigiosas invocaciones anarquistas de Malatesta, Proudhon y Bakunin y en el afán de engancharse a las vías del tan mentado socialismo del siglo XXI, se ha convertido en un vulgar accidente erigido en sistema político.

Si bien es sabido que el hombre y la mujer tienen capacidad para corromper todas las formas de gobierno, inclusive aquella que se proclama como gobierno del pueblo, este venidero histórico domingo 10 de agosto espero y quiero creer que la ciudadanía no vamos a ser cómplices de la prostitución de nuestra democracia. Quiero pensar que no vamos a reincidir en el error.

Y, finalmente, el último consuelo ciudadano posible de un Estado nacional administrado bajo el ´modelo de gobierno del Sr. Juan Evo Morales Ayma´ es la amarga prevención del poeta francés Jean Nicolas Arthur Rimbaud: ´Lo único intolerable es que no hay nada intolerable´.

*Mariella Pereyra O.
es cientista política.