(Oruro, productos de varios factores, entre ellos principalmente los político – ideológicos, ha renunciado inexplicablemente a debatir sus propios problemas y expectativas, dejándose llevar por la inercia de los acontecimientos)

Por: Eduardo Campos V. *

Los grandes proyectos de desarrollo que se han encarado en la región, casi siempre han acabado en “frustraciones”. El ejemplo del camino Oruro – Pisiga es muy ilustrativo. Esta carretera que se comenzó a gestar hace más de 50 años - cuando aún no se había producido la revolución del 52 y el país no estaba en condiciones de entender la importancia económica de una salida al mar, superando su histórico derecho de una salida soberana – hoy, en pleno siglo XXI (2008) aún no está concluida y a ciencia cierta, sería una aventura señalar una fecha definitiva de su entrega.

En el ínterin (en esos más de 50 años) todo ha cambiado y claro – por el tiempo y otros factores – hemos acabado dándonos cuenta que esa vía, no es ya precisamente la mejor (sobre todo corta y útil) para conectarnos con el océano pacífico. Claro, el contexto y la realidad de mediados del siglo pasado, eran muy distintos a los de estos tiempos. En esos 50 años, ha cambiado el comercio, las relaciones internacionales, los modelos económicos, la producción, la misma región, el país, el mundo entero ha cambiado. Digo todo esto, porque es evidente que mientras esperábamos por la conclusión de esta vía, también ha cambiado su relevancia y su utilidad práctica. Es paradójico, ahora que nos disponemos a concluir ese tramo, todo indica que la vía más idónea para vincularnos con el pacífico (el mundo) es la variante Oruro – Ancaravi – Turco – Tambo Quemado, con salida al puerto de Arica. Este puerto, hace ya mucho tiempo que se ha consolidado como la principal terminal de embarque y desembarque de bienes y mercancías del área, situación que determina que se convierta en la inevitable salida y entrada del país para mejorar nuestra incorporación a comercio mundial.

En los últimos tiempos, producto de distintas iniciativas, han surgido varias ideas para aprovechar la situación geográfica que tiene Oruro, de manera que finalmente podamos constituirnos en la puerta al pacifico que hace más de 50 años habíamos avizorado. Sin embargo, muchas de estas iniciativas que sus impulsores pretendieron convertirlas en el “nuevo sueño colectivo de los orureños”, no responden efectivamente a las reales expectativas de la región y pueden acabar en nuevas frustraciones.

Luego de la experiencia del Oruro – Pisiga, la región centro su atención en lo que se denomino la Zona Franca, experiencia que claramente no resolvió la necesidad de mejorar y elevar los flujos comerciales con el resto del país y el mundo y, menos impulsar el desarrollo económico de área; entre otras causas, por la proliferación de zonas francas en varios lugares del país, que han ocasionado que la zona franca de Oruro (ZOFRO) acabe reducida a lo que actualmente es. Un destino aduanero de poca relevancia.

Esta nueva frustración regional, abrió una vez más el debate sobre el tema central que indudablemente se plantea: ¿cual puede ser el proyecto que aproveche efectivamente la extraordinaria situación geográfica de Oruro, para impulsar su desarrollo? Así fue como se comenzó a hablar del Puerto Seco, la Zona Económica Especial y otras iniciativas. Infelizmente – por apresurados – no fuimos capaces de aprovechar el debate para encontrar respuestas adecuadas a nuestro requerimiento y sobre todo, no entender que cualquier solución que pretendamos implementar, debe tomar en cuenta que se trata de un proyecto que supera el mero ámbito local-regional y se inscribe en el contexto nacional e internacional. Probablemente las secuelas que nos ha dejado las frustrantes experiencias del Oruro – Pisiga (más de 50 años de espera) y las limitaciones de la Zona Franca Oruro, hayan influido para que hayamos perdido la doble perspectiva de resolver nuestro desarrollo como región, a la vez que consolidar el rol de Oruro en el país.

Actualmente, superando las frustraciones y con mucho entusiasmo – como todos sabemos - se encara la iniciativa del puerto seco, como la alternativa definitiva para hacer posible ese sueño añejo que no podemos cumplir. Es así que sobre la base de la Ley Nº 3316 del Puerto Seco promulgada a fines del 2006 y su decreto reglamentario Nº 29328 de noviembre del 2007, la Prefectura del Departamento encara la elaboración del diseño final de dicho establecimiento. Sin embargo, pese a que todo parece indica que vamos por buen camino, existen argumentos suficientes para preguntarnos si esa es, en verdad la mejor solución a nuestros problemas y expectativas. Veamos.

Debiéramos comenzar preguntándonos colectivamente: ¿Qué es un puerto seco? Y un puerto seco, no es sino, una terminal de cargas con aduana que se instala en determinado punto geográfico al interior de un continente. Se tratan de instalaciones (terminales de carga y descarga, servicios, controles aduaneros, depósitos, almacenes y otras) que son subsidiarias a las instalaciones portuarias principales; en este caso, la relación es inevitable al puerto de Arica. Generalmente los puestos secos se instalan entre los grandes centros de consumo y/o producción y los puertos marítimos que facilitan el comercio mundial. Son instalaciones que liberan a los puertos principales de las actividades de embarque y desembarque y sobre todo de almacenamiento, transferencia de cargas por otros medios de transporte y espacio físico. Los grandes puertos marítimos, en general se colmatan de mercancías de ingreso y salida, perjudicando sus actividades, lo que lleva a instalar puertos secos al interior del continente, en las vías de sus ejes naturales de flujo comercial.

Si eso es así, entonces la segunda pregunta inevitable es: ¿El puerto seco que se pretende implementar en Oruro, resolverá la necesidad de aprovechar nuestra situación geográfica para desarrollar la economía de la región? Y la respuesta es contundente: de ninguna manera. En todo caso lo que Oruro requiere impulsar es una Zona Económica Especial que sea capaz no sólo de controlar y organizar el tráfico de mercancías (que es lo único que hace un puerto seco) sino y sobre todo, generar condiciones para que se consoliden las actividades comerciales existentes y se impuse el desarrollo industrial. La ventaja de nuestra situación geográfica (cercanía al pacífico) debemos aprovecharla para convertirnos a futuro en la principal zona industrial y comercial del país y no sólo para ser una región de paso de mercancías. Oruro - no se si serán concientes todos los orureños - tiene en las extraordinarias condiciones del comercio mundial que se están produciendo, su mejor aliado para constituirse en la región articuladora de la económica nacional con el mundo y, esa extraordinaria ventaja comparativa que tenemos no debiéramos desaprovecharla.

En fin, es mucho lo que aún se debe debatir y esclarecer al respecto. Simplemente como corolario a lo expuesto me animo a decir lo siguiente: Oruro, productos de varios factores, entre ellos principalmente los político – ideológicos, ha renunciado inexplicablemente a debatir sus propios problemas y expectativas, dejándose llevar por la inercia de los acontecimientos. Por una parte, esperamos tanto para que se hagan realidad los proyectos de desarrollo – que al final – aceptamos cualquier cosa y; por otra, dejamos que otros tomen las decisiones mas importantes a nuestro nombre. Mientras el país – aún con sus problemas actuales – se dispone a construir una nueva Bolivia desde las regiones, Oruro pareciera que continúa esperando que las soluciones lleguen de la Plaza Murillo.

Director de A. C. Cramer

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