Pueblos indígenas y Estado

María Teresa Zegada*
Los procesos que acontecen en el país en este momento histórico están más allá de las confrontaciones, los referendos e inclusive del gobierno de Evo Morales. Con mayor precisión, son las expresiones de un profundo proceso de transformaciones que están sucediendo en las estructuras societales, en un momento de transición hacia un nuevo Estado que aún no está definido.
Uno de los temas que tiene que ver con la remoción de las estructuras sociales es la irrupción de la diversidad sociocultural, particularmente a partir de la década de los noventa. En su trayecto ha asumido diversas estrategias, como marchas, congresos, declaraciones, y ha logrado algunos avances como la ratificación del Convenio 169 de la OIT, la incorporación de una Bolivia multiétnica y pluricultural en la reforma constitucional de 1994, la creación de instancias gubernamentales específicas, así como su incorporación en normas como las leyes INRA, de Reforma Educativa, de Participación Popular o Forestal, pero cuyos alcances estuvieron limitados a una visión multicultural y meramente formal. El año 2000 la CIDOB formaliza la demanda de una Asamblea Constituyente y luego plasma, junto con otras organizaciones, una propuesta de transformación estatal en el Pacto de Unidad. Estas demandas fueron articuladas por el MAS de cara a las elecciones del 2005, plasmadas simbólicamente en la figura del primer ´presidente indígena´.
En todo caso, la demanda de un reconocimiento a la diversidad se ha instalado en el escenario político boliviano y ninguna propuesta política futura ni proceso de reforma estatal podrán prescindir de esta realidad. El asunto es buscar mecanismos institucionales apropiados, incorporarlos en una nueva configuración estatal sin pretender sustituir o menoscabar los procesos históricos de construcción de otras identidades que habitan en los ámbitos urbanos producto de desplazamientos, sincretismos culturales y combinaciones diversas.
Una mirada acuciosa a los datos del Conniob permite constatar que, de los 36 pueblos indígenas en Bolivia, mientras los quechuas y aymaras —que son los grupos mayoritarios— cuentan con alrededor de 2,3 millones y 1,5 millones de habitantes, respectivamente, tres pueblos indígenas se sitúan entre diez mil y cien mil habitantes, 18 entre mil y diez mil, y finalmente 12 tienen menos de mil habitantes. Existen pueblos indígenas con 15 ó 17 habitantes, como los Nahua o Pacahuara.
Esta situación complejiza bastante la creación de mecanismos institucionales/estatales y representativos —por ejemplo, por la vía de circunscripciones especiales—; por una parte, porque las etnias más grandes se encuentran repartidas prácticamente en todo el territorio nacional, y, por otra, por la existencia de pueblos que no cuentan con condiciones para convertirse en ´naciones´ con una estructura autogubernativa propia.
De la misma manera, su presencia es heterogénea en los departamentos: mientras en el Beni hay dieciocho pueblos indígenas, en Potosí se identifican sólo dos.
El tema, como se puede ver, es por demás complejo.
*María Teresa Zegada
es socióloga.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















